Cadenas, siempre Cadenas

publicado el 18/10/15 por Ana Forero en También Sucede Etiquetas:, , ,

Rafael-Cadenas-Madrid-Mundo-Espana_NACIMA20151013_0001_6Esta semana tuvimos una noticia maravillosa. Una noticia de esas que no llegan con frecuencia, que más bien son esporádicas, pasan años de años para que pueda llegar algo así.

Nuestro más importante poeta, nuestro gran poeta vivo Rafael Cadenas, obtuvo el Premio de poesía Federico García Lorca. Luego del premio obtenido en Guadalajara, este es el premio más importante para la poesía en nuestro idioma, y ambos se lo ha llevado este gran poeta de Barquisimeto.

Ese día lo llamamos al enterarnos de la noticia, conversamos con él. Esa conversación la pueden escuchar acá en nuestra página. Nos conmovió como siempre su humildad, su sencillez. Lo primero, hizo caso al margen de mis felicitaciones para decir que era solidario conmigo frente a las últimas afrentas, en fin. Uno estaba llamándolo para ensalzarlo, y él siempre se pone como de segundo, como de tercero. Para  él lo más importante son los demás, sobre todo los amigos.

¿Qué mejor manera de homenajear a Cadenas? Pues leyendo su poesía. Quizá su poema más emblemático es “Derrota” de 1963. Un poema que ya tiene 52 años encima.

 

Derrota (1963)

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que perdí los mejores títulos para la vida

que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo que creí

que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido

que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición

que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada en cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable

que no puedo salir de mi prisión

que he sido dado de baja en todas partes por inútil

que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno

que me niego a reconocer los hechos

que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable

que no soy lo que soy ni lo que no soy

que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras

que he vivido quince años en el mismo círculo

que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado

que nunca usaré corbata

que no encuentro mi cuerpo

que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi

flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

Otro de sus libros más impecables, antes de la publicación de Derrota, fueron Los Cuadernos del destierro.

Los cuadernos del destierro (1960)

  1. Yo visité la tierra de luz blanda.

Anduve entre melones y hierbas marinas, comí frutas traídas por sacerdotisas adolescentes, palpé árboles de savia roja como ladrillo que moraban junto a la tumba de un príncipe, vi viejos catafalcos de gobernadores guardados por lentas palmas. Por los contornos había raíces en forma de tazones donde los monos mitigaban la sed.

Pasé un día cerca del lugar donde duermen los ahorcados.

Era la época en que los brujos habían partido a los campos de arroz destruyendo todos los talismanes.

En las calles vistosas doncellas oscuras danzaban.

Entonces los capitanes bajaban de los ojos para explorar la ciudad.

De este viaje más allá de los presuntos límites sólo conservo alguna que otra estrella de mar, varios retratos -ella y yo- y un peregrino cofre que encontré en el barco durante la travesía.

De aquel idioma y de mis pasos por la tierra dicha no existe imagen que esté hoy extinguida. Los veleros tocan a las puertas del aire donde persisto. La luz me trae delfines muertos. Tu olor reconquista el estremecimiento.

Y para cerrar. Algunas anotaciones.

Anotaciones

Los poetas no convencen. Tampoco vencen. Su papel es otro, ajeno al poder: ser contraste.

/

¿Qué se espera de la poesía sino que haga más vivo el vivir?

/

Alan Watts cuenta que Huxley, cuando su tutor le dijo que estudiara Literatura, le contestó “con su voz extraordinariamente rítmica”: “Nunca he sentido que la literatura fuese algo que ha de ser estudiado, sino más bien algo para disfrutarse”. Aunque parezca irónico de mi parte, propondría que la frase se colocara en la entrada de las escuelas de Letras, donde a veces se olvida lo que la literatura tiene de goce y se convierte sólo en objeto de estudio.

Dice Cadenas: “Irónico de mi parte”-porque ha sido, y de ello ha vivido- profesor en la Escuela de Letras. Allí precisamente le conocí, cuando siendo yo un, todavía casi adolescente en 1972 pateaba el otro extremo del pasillo, la Escuela de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Digo, allí fue que lo conocí es un decir. Yo no me le acerqué, él era tímido y yo más todavía. Pero le veía pasar, y todo, los de mi generación, hacíamos silencio, un silencio reverencial.

Sin embargo, él nunca ha estado arriba, él siempre le ha gustado estar abajo. Lea usted esto:

Lo literario es una categoría a la que se accede. Esto indica que se “sube” hasta ella, y yo quiero, al escribir, quedarme donde estoy, no “levantarme”. Por eso me irrita “hacer literatura”. ¿El asunto no es más bien “bajar”?

Soy prosa, vivo en la prosa, hablo prosa. La poesía está allí, no en otra parte. Lo que llamo prosa es el habla del vivir, que siempre está traspasado por el misterio.

Que bonito es saber que entre nosotros hay un ser humano así. Que bonito es decir que uno perteneció a la Venezuela de Rafael Cadenas.

 

 

 



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Nuestro más importante poeta, nuestro gran poeta vivo Rafael Cadenas, obtuvo el Premio de poesía Federico García Lorca. Luego del premio obtenido en Guadalajara, este es el premio más importante para la poesía en nuestro idioma, y ambos se lo ha llevado este gran poeta de Barquisimeto.

Ese día lo llamamos al enterarnos de la noticia, conversamos con él. Esa conversación la pueden escuchar acá en nuestra página. Nos conmovió como siempre su humildad, su sencillez. Lo primero, hizo caso al margen de mis felicitaciones para decir que era solidario conmigo frente a las últimas afrentas, en fin. Uno estaba llamándolo para ensalzarlo, y él siempre se pone como de segundo, como de tercero. Para  él lo más importante son los demás, sobre todo los amigos.

¿Qué mejor manera de homenajear a Cadenas? Pues leyendo su poesía. Quizá su poema más emblemático es “Derrota” de 1963. Un poema que ya tiene 52 años encima.

 

Derrota (1963)

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que perdí los mejores títulos para la vida

que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo que creí

que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido

que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición

que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada en cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable

que no puedo salir de mi prisión

que he sido dado de baja en todas partes por inútil

que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno

que me niego a reconocer los hechos

que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable

que no soy lo que soy ni lo que no soy

que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras

que he vivido quince años en el mismo círculo

que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado

que nunca usaré corbata

que no encuentro mi cuerpo

que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi

flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

Otro de sus libros más impecables, antes de la publicación de Derrota, fueron Los Cuadernos del destierro.

Los cuadernos del destierro (1960)

  1. Yo visité la tierra de luz blanda.

Anduve entre melones y hierbas marinas, comí frutas traídas por sacerdotisas adolescentes, palpé árboles de savia roja como ladrillo que moraban junto a la tumba de un príncipe, vi viejos catafalcos de gobernadores guardados por lentas palmas. Por los contornos había raíces en forma de tazones donde los monos mitigaban la sed.

Pasé un día cerca del lugar donde duermen los ahorcados.

Era la época en que los brujos habían partido a los campos de arroz destruyendo todos los talismanes.

En las calles vistosas doncellas oscuras danzaban.

Entonces los capitanes bajaban de los ojos para explorar la ciudad.

De este viaje más allá de los presuntos límites sólo conservo alguna que otra estrella de mar, varios retratos -ella y yo- y un peregrino cofre que encontré en el barco durante la travesía.

De aquel idioma y de mis pasos por la tierra dicha no existe imagen que esté hoy extinguida. Los veleros tocan a las puertas del aire donde persisto. La luz me trae delfines muertos. Tu olor reconquista el estremecimiento.

Y para cerrar. Algunas anotaciones.

Anotaciones

Los poetas no convencen. Tampoco vencen. Su papel es otro, ajeno al poder: ser contraste.

/

¿Qué se espera de la poesía sino que haga más vivo el vivir?

/

Alan Watts cuenta que Huxley, cuando su tutor le dijo que estudiara Literatura, le contestó “con su voz extraordinariamente rítmica”: “Nunca he sentido que la literatura fuese algo que ha de ser estudiado, sino más bien algo para disfrutarse”. Aunque parezca irónico de mi parte, propondría que la frase se colocara en la entrada de las escuelas de Letras, donde a veces se olvida lo que la literatura tiene de goce y se convierte sólo en objeto de estudio.

Dice Cadenas: “Irónico de mi parte”-porque ha sido, y de ello ha vivido- profesor en la Escuela de Letras. Allí precisamente le conocí, cuando siendo yo un, todavía casi adolescente en 1972 pateaba el otro extremo del pasillo, la Escuela de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Digo, allí fue que lo conocí es un decir. Yo no me le acerqué, él era tímido y yo más todavía. Pero le veía pasar, y todo, los de mi generación, hacíamos silencio, un silencio reverencial.

Sin embargo, él nunca ha estado arriba, él siempre le ha gustado estar abajo. Lea usted esto:

Lo literario es una categoría a la que se accede. Esto indica que se “sube” hasta ella, y yo quiero, al escribir, quedarme donde estoy, no “levantarme”. Por eso me irrita “hacer literatura”. ¿El asunto no es más bien “bajar”?

Soy prosa, vivo en la prosa, hablo prosa. La poesía está allí, no en otra parte. Lo que llamo prosa es el habla del vivir, que siempre está traspasado por el misterio.

Que bonito es saber que entre nosotros hay un ser humano así. Que bonito es decir que uno perteneció a la Venezuela de Rafael Cadenas.

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One Response to “Cadenas, siempre Cadenas”


lolamargarita
24 octubre, 2015 Responder

Que estimulante es tomar una derrota como un comienzo…

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