El plan de Maduro es mandar sobre un país de pobres

publicado el 4/03/15 por Ana Forero en También Sucede Etiquetas:, , , , ,

Artículo publicado en konzapata.com

Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.- Porque tal y como confesara Giordani, la revolución requiere mantener a los pobres, pobres, y al país pobre, para así poder dominar. Pero Venezuela no es un país pobre, sino un país empobrecido. Sostienen la idea según la cual la clase media, “la pequeña burguesía”, es un obstáculo para que el proyecto político se consolide definitivamente en el poder. Por lo tanto, empujan a la clase media a que se vaya del país.

Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.-  Los teóricos del Sistema Marginal de Divisas (Simadi) habían previsto que una de las principales fuentes para alimentar ese mecanismo serían las remesas que lo venezolanos en el exterior le podrían enviar a sus familiares en el país.

Aunque el Simadi viene demostrando que sirve de muy poco, lo que importa es la intención.

Las remesas familiares fueron en el pasado una fuente importante de ingreso en divisas para las economías de países como España, Italia, Portugal o Irlanda, y más recientemente Turquía, Colombia, Ecuador, México o naciones centroamericanas. Países que venían de guerras, o de tales niveles de subdesarrollo que necesitan “exportar” su mano de obra. Ese nunca fue el caso de Venezuela. Hasta ahora.

Mientras tanto, el crecimiento de la pobreza en Venezuela puede llegar en este 2015 a niveles nunca antes conocidos desde que se llevan estos registros. Eso es lo indica los resultados de la Encuesta sobre Condiciones de Vida Venezuela 2014 (Encovi) publicados por Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar. Según ese estudio los niveles de pobreza al finalizar 2014 ya eran superiores a 1998. Los propios resultados del INE del primer semestre de 2013 mostraban que ya entonces la pobreza venía creciendo aceleradamente. Todo lo que se ganó (y que el chavismo no se cansaba de exhibir a los cuatro vientos) en términos de reducción de los niveles de pobreza y pobreza extrema entre 2004 y 2008 se ha perdido.

En realidad Venezuela más que un país pobre, es un país que se ha empobrecido. Son dos cosas distintas. Una cosa es haber sido siempre pobre y otra haber alcanzado determinado nivel de vida y luego empezar a perderlo, a retroceder. Desde el punto de vista material nada es más frustrante para una sociedad. Allí está el origen del malestar venezolano.

En los años cincuenta (gracias al boom petrolero de la época) la renta per cápita venezolana se acercó a la de los países europeos (que venían saliendo de la guerra), pero lo notable es que logró mantenerse muy cerca de ellos en las dos décadas siguientes, justo en los años del milagro económico del viejo continente. Venezuela era un país con grandes desequilibrios (40% de analfabetismo en 1958), que partía de un nivel bajísimo de subdesarrollo, pero que gracias al ingreso petrolero, a las políticas sociales y educativas de los gobiernos de la democracia, a la inversión en infraestructura y la industrialización vía sustitución de importaciones, incorporaba cada vez más población a niveles de consumo que no podía ni soñar nuestros vecinos.

Los venezolanos salían al resto del mundo no buscar trabajo, sino a estudiar o hacer turismo.

Por décadas la percepción generalizada de los venezolanos era que habitaban en un país de oportunidades, donde se vivía mejor que ayer, y con toda seguridad mañana sería mejor que hoy. Donde los hijos estarían mejor que sus padres. Esa idea, que era parte del ser nacional recibió un primer golpe el viernes negro de 1983. Luego otro en la crisis de 1989. Y otro en la crisis financiera de 1994-1995. La frustración resultante fue la que Hugo Chávez capitalizó en 1998.

venezuelaContrariamente a lo que la propaganda oficial intenta vender hoy, durante casi todo el siglo pasado la pobreza venezolana no era la pobreza colombiana, peruana, boliviana, ni siquiera la mexicana. Nuestra realidad podía compararse con Argentina, el país latinoamericano con la clase media más extendida, y al igual que la venezolana, la más golpeada por los vaivenes políticos y económicos. No es casualidad que el perfil del emigrante venezolano sea el mismo del tradicional emigrante argentino (y por cierto, del cubano en los primeros años del régimen castrista): clase media profesional.

¿De dónde salieron? ¿Cómo y cuándo se educaron? Son aquellos (o ahora sus hijos) que crecieron y se formaron en la problematizada Venezuela previa a 1998.

Venezuela recibió luego de 1945, y hasta los años ochenta, más de 750 mil portugueses, españoles e italianos. Más de un millón de colombianos. Para nuestras dimensiones era mucha gente.

¿Por qué venían? Porque aquí había oportunidades.

Venezuela no era un país de emigrantes. Todo lo contrario, era una sociedad acostumbrada a recibir inmigrantes. Hasta que llegó Chávez.

A partir del paso de él por el poder se invirtieron las tendencias históricas (como ocurrió en Cuba en 1959), a pesar del largo auge de ingresos petroleros. Este, es un dato clave para entender lo que pasa en la Venezuela de hoy.

Desde hace años circula entre los mandos políticos chavistas más influenciados por la ortodoxia neocomunista, como ejemplo los cuadros del Frente Francisco de Miranda formados en la Habana, la idea según la cual la clase media, “la pequeña burguesía”, es un obstáculo para que el proyecto político se consolide definitivamente en el poder. Objetivamente tienen razón. Por lo tanto, que esa clase media profesional se vaya por sus propios pasos, que rompa sus lazos afectivos con el país, es una resultado políticamente deseable. ¡Que se vayan y nos dejen a los pobres! Cerrar el consulado de Miami responde a esa lógica.

Porque tal y como confesara en su día Jorge Giordani en privado (y no tan en privado) la revolución requiere mantener a los pobres, pobres, y al país pobre, para así poder dominar. El problema estriba que Venezuela no es un país pobre, sino un país empobrecido.  Incluso los pobres venezolanos alcanzaron determinados niveles de consumo que los hacían sobresalir del resto del tercer mundo. Razón por la cual el pobre venezolano nunca ha emigrado.

En el punto culminante del auge petrolero de la era Chávez (2006-2007) los niveles de pobreza vía ingresos disminuyeron significativamente, y mucha clase media empobrecida logró recuperar sus anteriores niveles de vida. Fue en esa población donde el extinto presidente logró hacer renacer por algunos años la ilusión de armonía. En eso consistía su “conexión religiosa”. Allí residió el secreto de sus victorias electorales. El problema es que eso no era sostenible. Tarde o temprano haría crisis. Y eso fue lo que heredó Maduro.

No obstante, su grupo más cercano en el Gobierno: Jaua, Menéndez, Arreaza, etc, ven en la crisis una oportunidad para consolidar el poder. Sólo necesitaban seguir el ejemplo y contar con la asesoría de los cubanos. Esa es la idea que subyace detrás de la guerra económica.

La imposibilidad de intentar hacer tragar semejante brutal procedimiento a una sociedad como la venezolana es donde está el origen de la actual crisis política.



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Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.- Porque tal y como confesara Giordani, la revolución requiere mantener a los pobres, pobres, y al país pobre, para así poder dominar. Pero Venezuela no es un país pobre, sino un país empobrecido. Sostienen la idea según la cual la clase media, “la pequeña burguesía”, es un obstáculo para que el proyecto político se consolide definitivamente en el poder. Por lo tanto, empujan a la clase media a que se vaya del país.

Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.-  Los teóricos del Sistema Marginal de Divisas (Simadi) habían previsto que una de las principales fuentes para alimentar ese mecanismo serían las remesas que lo venezolanos en el exterior le podrían enviar a sus familiares en el país.

Aunque el Simadi viene demostrando que sirve de muy poco, lo que importa es la intención.

Las remesas familiares fueron en el pasado una fuente importante de ingreso en divisas para las economías de países como España, Italia, Portugal o Irlanda, y más recientemente Turquía, Colombia, Ecuador, México o naciones centroamericanas. Países que venían de guerras, o de tales niveles de subdesarrollo que necesitan “exportar” su mano de obra. Ese nunca fue el caso de Venezuela. Hasta ahora.

Mientras tanto, el crecimiento de la pobreza en Venezuela puede llegar en este 2015 a niveles nunca antes conocidos desde que se llevan estos registros. Eso es lo indica los resultados de la Encuesta sobre Condiciones de Vida Venezuela 2014 (Encovi) publicados por Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar. Según ese estudio los niveles de pobreza al finalizar 2014 ya eran superiores a 1998. Los propios resultados del INE del primer semestre de 2013 mostraban que ya entonces la pobreza venía creciendo aceleradamente. Todo lo que se ganó (y que el chavismo no se cansaba de exhibir a los cuatro vientos) en términos de reducción de los niveles de pobreza y pobreza extrema entre 2004 y 2008 se ha perdido.

En realidad Venezuela más que un país pobre, es un país que se ha empobrecido. Son dos cosas distintas. Una cosa es haber sido siempre pobre y otra haber alcanzado determinado nivel de vida y luego empezar a perderlo, a retroceder. Desde el punto de vista material nada es más frustrante para una sociedad. Allí está el origen del malestar venezolano.

En los años cincuenta (gracias al boom petrolero de la época) la renta per cápita venezolana se acercó a la de los países europeos (que venían saliendo de la guerra), pero lo notable es que logró mantenerse muy cerca de ellos en las dos décadas siguientes, justo en los años del milagro económico del viejo continente. Venezuela era un país con grandes desequilibrios (40% de analfabetismo en 1958), que partía de un nivel bajísimo de subdesarrollo, pero que gracias al ingreso petrolero, a las políticas sociales y educativas de los gobiernos de la democracia, a la inversión en infraestructura y la industrialización vía sustitución de importaciones, incorporaba cada vez más población a niveles de consumo que no podía ni soñar nuestros vecinos.

Los venezolanos salían al resto del mundo no buscar trabajo, sino a estudiar o hacer turismo.

Por décadas la percepción generalizada de los venezolanos era que habitaban en un país de oportunidades, donde se vivía mejor que ayer, y con toda seguridad mañana sería mejor que hoy. Donde los hijos estarían mejor que sus padres. Esa idea, que era parte del ser nacional recibió un primer golpe el viernes negro de 1983. Luego otro en la crisis de 1989. Y otro en la crisis financiera de 1994-1995. La frustración resultante fue la que Hugo Chávez capitalizó en 1998.

venezuelaContrariamente a lo que la propaganda oficial intenta vender hoy, durante casi todo el siglo pasado la pobreza venezolana no era la pobreza colombiana, peruana, boliviana, ni siquiera la mexicana. Nuestra realidad podía compararse con Argentina, el país latinoamericano con la clase media más extendida, y al igual que la venezolana, la más golpeada por los vaivenes políticos y económicos. No es casualidad que el perfil del emigrante venezolano sea el mismo del tradicional emigrante argentino (y por cierto, del cubano en los primeros años del régimen castrista): clase media profesional.

¿De dónde salieron? ¿Cómo y cuándo se educaron? Son aquellos (o ahora sus hijos) que crecieron y se formaron en la problematizada Venezuela previa a 1998.

Venezuela recibió luego de 1945, y hasta los años ochenta, más de 750 mil portugueses, españoles e italianos. Más de un millón de colombianos. Para nuestras dimensiones era mucha gente.

¿Por qué venían? Porque aquí había oportunidades.

Venezuela no era un país de emigrantes. Todo lo contrario, era una sociedad acostumbrada a recibir inmigrantes. Hasta que llegó Chávez.

A partir del paso de él por el poder se invirtieron las tendencias históricas (como ocurrió en Cuba en 1959), a pesar del largo auge de ingresos petroleros. Este, es un dato clave para entender lo que pasa en la Venezuela de hoy.

Desde hace años circula entre los mandos políticos chavistas más influenciados por la ortodoxia neocomunista, como ejemplo los cuadros del Frente Francisco de Miranda formados en la Habana, la idea según la cual la clase media, “la pequeña burguesía”, es un obstáculo para que el proyecto político se consolide definitivamente en el poder. Objetivamente tienen razón. Por lo tanto, que esa clase media profesional se vaya por sus propios pasos, que rompa sus lazos afectivos con el país, es una resultado políticamente deseable. ¡Que se vayan y nos dejen a los pobres! Cerrar el consulado de Miami responde a esa lógica.

Porque tal y como confesara en su día Jorge Giordani en privado (y no tan en privado) la revolución requiere mantener a los pobres, pobres, y al país pobre, para así poder dominar. El problema estriba que Venezuela no es un país pobre, sino un país empobrecido.  Incluso los pobres venezolanos alcanzaron determinados niveles de consumo que los hacían sobresalir del resto del tercer mundo. Razón por la cual el pobre venezolano nunca ha emigrado.

En el punto culminante del auge petrolero de la era Chávez (2006-2007) los niveles de pobreza vía ingresos disminuyeron significativamente, y mucha clase media empobrecida logró recuperar sus anteriores niveles de vida. Fue en esa población donde el extinto presidente logró hacer renacer por algunos años la ilusión de armonía. En eso consistía su “conexión religiosa”. Allí residió el secreto de sus victorias electorales. El problema es que eso no era sostenible. Tarde o temprano haría crisis. Y eso fue lo que heredó Maduro.

No obstante, su grupo más cercano en el Gobierno: Jaua, Menéndez, Arreaza, etc, ven en la crisis una oportunidad para consolidar el poder. Sólo necesitaban seguir el ejemplo y contar con la asesoría de los cubanos. Esa es la idea que subyace detrás de la guerra económica.

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