La desgracia de tener una cámara en vez de un violín – Emmanuel Rincón

publicado el 16/07/17 por Laura Rodriguez en También Sucede Etiquetas:, ,

Publicado en RevistaOjo

Por: Emmanuel Rincón

De seguro muchos ni se han enterado que en Caracas un fotógrafo llamado Leonardo Guzman está detenido “por encajar con el perfil”, su historia es otra más de las tristes historias que invaden a Venezuela día tras día y pasan sin pena ni gloria. A diferencia de Wuilly Arteaga, quien luego de sufrir los embates de la Guardia Nacional y ver su violín quebrado recibiera la solidaridad de millones de personas, incluidas Shakira, Marc Anthony, Alejandro Sanz y varios congresistas de los Estados Unidos, el atropello a los Derechos Humanos de Leonardo Guzman ha pasado totalmente desapercibidos por la sociedad venezolana, y es allí donde debemos preguntarnos, ¿por qué estamos como estamos?

A Leonardo Guzman la Guardia Nacional no solo le reprimió como hizo con Wuilly, sino que también le detuvo, y hoy se encuentra recluido sin saber que va a depararle el futuro; podría ser liberado en cuestión de días, o podría pasar tras las rejas el tiempo que le queda al gobierno en el poder; todo esto es impredecible en una nación donde el debido proceso no es respetado.

Lo que sabemos de Leonardo Guzman es que se encontraba en su casa cuando se produjeron allanamientos ilegales en las residencias Las Torres de Montaña Alta, en San Antonio de los Altos; lo que no sabemos es porque se lo llevaron, no se encontraba trabajando, no se encontraba protestando, sencillamente estaba en casa cuando unos Guardias Nacional tumbaron la puerta y se lo llevaron; personas cercanas a Leonardo Guzman han ventilado que las razones que les han dado es “encaja con el perfil”, y eso ha sido suficiente para estar tras las rejas; quizás el hecho de usar la barba larga, o tener una cámara fotográfica (un elemento terrorista para las pretensiones de la dictadura), hayan motivado su aprehensión.

Este artículo no es solo una crítica contra el sistema procesal del país o la arbitrariedad de las Fuerzas Armadas, es más que todo un llamado de atención a esas personas que dicen “preocuparse por la situación del país”, pero que tan solo se movilizan o publican lo que la prensa les vende, porque es más fácil sensibilizarse con un joven al que le rompen el violín, que con otro que ha arriesgado su vida para retratar las arbitrariedades del régimen bajo el cual vivimos todos los venezolanos. La injusticia aquí viene siendo aplicada también por todos los venezolanos, pues mientras que a algunos “héroes” les reconocen y apoyan en cualquier circunstancia, a otros los ignoran y le voltean los ojos para que el gobierno los ejecute a su discreción; pasa con los que tienen cámaras en vez de violines, y pasa con los muertos que no aparecen en video.

Las vidas de los fotógrafos es muy trágica en este país, siempre están en primera fila, tragando gas, a merced de los colectivos y los guardias, recibiendo perdigones, empujonazos, golpes, y todo ello para mostrarle al país y al mundo lo que ocurre en Venezuela; pero a diferencia de los aventajados violinistas, quienes en caso de ver su instrumento deteriorado por los atropellos tienen de inmediato mil solicitudes para recomponérselo, a los fotógrafos nadie les presta atención, y si caen en desgracia, ya será culpa de su propio “descuido”.

A una amiga, a la cual seguro muchos conocen en Caracas, llamada Andrea Daniela Sandoval, quien ha estado registrando a través de su cuenta todo lo que ocurre en la capital desde hace tres meses, le robaron su cámara con un par de lentes hace varios días; la prensa no se solidarizó, la sociedad civil tampoco, salvo algunos de sus amigos en Facebook. No ha recibido una cámara, no ha recibido una invitación de Marc Anthony, tampoco la han llevado a visitar Nueva York y a hablar con los congresistas; su historia pasó desapercibida, al igual que la  de Leonardo Guzman, y cientos de fotógrafos que a diario exponen sus vidas para que la gente pueda enterarse y compartir lo que ocurre en el país.

Para culminar, quiero dejar por entendido que nada de esto es contra Wuilly Arteaga, sino contra las personas que “mueven sus corazones” por una causa que les vende la prensa y les hará ganar popularidad, y voltean la cara por otra causa que a nadie le importa. De Wuilly me alegra que haya podido recuperar su violín (de seguro ahora tiene una gran colección), y también todas las oportunidades que le han brindado; solo espero que lo mismo que hicieron con Wuilly lo hicieran con cada fotógrafo pisoteado en resistencia, con cada paramédico, con cada articulista, y con todo aquel que sufre los embates de un gobierno autoritario y déspota.

Twitter @emmarincon



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A Leonardo Guzman la Guardia Nacional no solo le reprimió como hizo con Wuilly, sino que también le detuvo, y hoy se encuentra recluido sin saber que va a depararle el futuro; podría ser liberado en cuestión de días, o podría pasar tras las rejas el tiempo que le queda al gobierno en el poder; todo esto es impredecible en una nación donde el debido proceso no es respetado. Lo que sabemos de Leonardo Guzman es que se encontraba en su casa cuando se produjeron allanamientos ilegales en las residencias Las Torres de Montaña Alta, en San Antonio de los Altos; lo que no sabemos es porque se lo llevaron, no se encontraba trabajando, no se encontraba protestando, sencillamente estaba en casa cuando unos Guardias Nacional tumbaron la puerta y se lo llevaron; personas cercanas a Leonardo Guzman han ventilado que las razones que les han dado es “encaja con el perfil”, y eso ha sido suficiente para estar tras las rejas; quizás el hecho de usar la barba larga, o tener una cámara fotográfica (un elemento terrorista para las pretensiones de la dictadura), hayan motivado su aprehensión. Este artículo no es solo una crítica contra el sistema procesal del país o la arbitrariedad de las Fuerzas Armadas, es más que todo un llamado de atención a esas personas que dicen “preocuparse por la situación del país”, pero que tan solo se movilizan o publican lo que la prensa les vende, porque es más fácil sensibilizarse con un joven al que le rompen el violín, que con otro que ha arriesgado su vida para retratar las arbitrariedades del régimen bajo el cual vivimos todos los venezolanos. La injusticia aquí viene siendo aplicada también por todos los venezolanos, pues mientras que a algunos “héroes” les reconocen y apoyan en cualquier circunstancia, a otros los ignoran y le voltean los ojos para que el gobierno los ejecute a su discreción; pasa con los que tienen cámaras en vez de violines, y pasa con los muertos que no aparecen en video. Las vidas de los fotógrafos es muy trágica en este país, siempre están en primera fila, tragando gas, a merced de los colectivos y los guardias, recibiendo perdigones, empujonazos, golpes, y todo ello para mostrarle al país y al mundo lo que ocurre en Venezuela; pero a diferencia de los aventajados violinistas, quienes en caso de ver su instrumento deteriorado por los atropellos tienen de inmediato mil solicitudes para recomponérselo, a los fotógrafos nadie les presta atención, y si caen en desgracia, ya será culpa de su propio “descuido”. A una amiga, a la cual seguro muchos conocen en Caracas, llamada Andrea Daniela Sandoval, quien ha estado registrando a través de su cuenta todo lo que ocurre en la capital desde hace tres meses, le robaron su cámara con un par de lentes hace varios días; la prensa no se solidarizó, la sociedad civil tampoco, salvo algunos de sus amigos en Facebook. No ha recibido una cámara, no ha recibido una invitación de Marc Anthony, tampoco la han llevado a visitar Nueva York y a hablar con los congresistas; su historia pasó desapercibida, al igual que la  de Leonardo Guzman, y cientos de fotógrafos que a diario exponen sus vidas para que la gente pueda enterarse y compartir lo que ocurre en el país. Para culminar, quiero dejar por entendido que nada de esto es contra Wuilly Arteaga, sino contra las personas que “mueven sus corazones” por una causa que les vende la prensa y les hará ganar popularidad, y voltean la cara por otra causa que a nadie le importa. De Wuilly me alegra que haya podido recuperar su violín (de seguro ahora tiene una gran colección), y también todas las oportunidades que le han brindado; solo espero que lo mismo que hicieron con Wuilly lo hicieran con cada fotógrafo pisoteado en resistencia, con cada paramédico, con cada articulista, y con todo aquel que sufre los embates de un gobierno autoritario y déspota. 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