Los pensamientos del corredor

publicado el 8/09/14 por Laura Rodriguez en Crónicas Etiquetas:, , , ,

Por: César I. Rondón

Cesar Ignacio

Después del medio maratón

 

Suena la alarma a tempranas horas del sábado.  Anoche viernes, abusaste e ignoraste a tu consciencia que te rogaba no servirte esa copa, que ya era hora de terminar la jornada.
Ves el reloj, te cuesta creer que en tu sábado sagrado estés despierto a esta hora.  Pero ya lo sabías, programaste tu despertador para que te sacara de tu sueño en este preciso instante.  Con algo de flojera revisas tu teléfono. Lees las conversaciones de tus amigos en tus chats, fulano fue a tal  concierto, se acostó hace apenas quince minutos.  ¡Que envidia!
Con mucho cuidado te levantas de la cama, el hecho de que tú estés pasando por una etapa masoquista no quiere decir que también tu pareja deba sufrir y despertar a esta hora inhumana. Ya habías dejado todas tus cosas listas cerca de la puerta del baño, para no despertarla con la abridera y cerradera de las gavetas.  Te preguntas, “¿Quién más estará despierto a esta hora?”.
Entras al baño donde, ya después de haber cerrado la puerta, prendes la luz y te ves detenidamente en el espejo.  Sin duda has perdido algo de peso, pero también has perdido varias horas de sueño, por no mencionar varias horas de vida nocturna con tu pareja, con tus amigos, con tus shows favoritos y los bartenders y mesoneros de tus sitios que siempre has frecuentado.  “¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”. Te vistes, notas una nueva uña morada en tu pie izquierdo. “¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Ya afuera agarras tus audífonos, te los pones y los conectas a tu iPod, el cual amarras firmemente a tu cuerpo.  Luego pasas por la cocina a llenar la botellita, “lo que viene no va a ser nada agradable!”. Llegas a la puerta donde te esperan tus compañeros mas fieles y recurrentes de estas últimas semanas, y a quienes pronto ya también tendrás que cambiar. Tus zapatos ya son parte de ti.  Sin ningún tipo de ánimo, sales por la puerta principal.
Afuera apenas se asoma el sol. Los únicos seres que te acompañan son los pájaros, el loco del vecindario, y el vecino amargado con su perro chillón. Continúa la rutina.  Primero debes seleccionar tu distracción: electrónica?, “¿Será un día de Soda en honor a Cerati?”, rock?, aleatorio? Ya tomada la decisión, viene el reconocimiento corporal.  ¡Si hoy te cuesta tocarte los pies, entonces lo que viene va a ser una pesadilla!
Terminas de decidir la ruta de hoy.  El sábado pasado hiciste veinte kilómetros, y hoy te tocan veintitrés. La semana pasada la ruta se te hizo aburrida, y eso te quitó motivación cuando más la necesitabas.  “¡Así que hoy vamos por aquí!”
Y arrancas. Arrancas porque sí.  Porque hace unos seis meses correr veintitrés no era posible, y hoy lo haces después de ya haber corrido veinticuatro en lo que va de semana. Arrancas porque, “¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Kilómetro número uno: “¡que fastidio con el tobillo derecho que siempre me jode en los primeros siete minutos!”
Kilómetro número dos: “¡Que fastidio con el bendito tobillo! La semana pasada no tardó tanto en calentar…”
Kilómetro número tres: Aprovechas la soledad para pensar en como vas a resolver aquel rollo en la oficina… “¡Si yo no me encargo, pues nada se resolverá!”
Kilómetro número cuatro: Superaste, o se te olvidó, el dolor del tobillo. “No mires el reloj, ¡¡¡no lo mires!!!” Te complaces en asumir que ya pasaste los seis kilómetros. “Seguro van seis… Estas canciones han sido largas y ya van como seis.”
Kilómetro número cinco: Primer trago de agua… “¡deben ir como siete kilómetros ya!” Ves el reloj… “¡Que bolas! Apenas cinco… pero bueno, ya llevo más de veinte por ciento.”  Es decir, lo que ya hiciste, lo tienes que hacer de nuevo menos de cuatro veces.  “¡Ya falta menos!”
Kilómetro número seis: “¡Que buena canción!” Aceleras un poco, para terminar más temprano…
Kilómetro número siete: Segundo trago de agua… “¡deben ir como ocho kilómetros ya!”. Pero no miras el reloj, porque ya tu cuerpo sabe que son apenas siete.
Kilómetro número ocho: Llegas al punto donde no sabes si correr la ruta que ya conoces bastante bien o si irte por una nueva.  La nueva te intimida, pueden haber colinas, pueden haber más cruces de transito, o una construcción que te obligue a cruzar la calle. Te decides por la nueva, ya estás entrando en ritmo, y esta canción te hace sentir invencible.
Kilómetro número nueve: Primera colina y te arrepientes, pero es imposible devolverse, aquí sólo existe hacia adelante. “¡Además, en Noviembre no hay excusas! ¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Kilómetro número diez: Revisas el reloj porque ya sabes por instinto propio que has llegado al famoso diez. Viene el trago de agua, vas a tu ritmo, y te sientes bien.  Te recuerdas de como te sentiste la primera vez que corriste diez y te ríes. La persona que va corriendo en sentido opuesto te ve con cara extraña. “Ya casi llego al cuarto del maratón, en realidad no parece tan grave…”
Kilómetro número once: Sigues sonriendo, a este punto la semana pasada estabas más cansado. Sin darte cuenta, has ido subiendo la velocidad poco a poco.  Quizás pasaste a algunas personas, una de ellas de tu edad. “¡En realidad creo que puedo correr más y con más frecuencia!”
Kilómetro número doce: Comienzas el camino de regreso, siguiendo por esta ruta nueva.  Viene otro trago de agua, y haces inspección interna de rodillas, capacidad pulmonar… “me está costando respirar” Bajas la velocidad, tomas agua de nuevo.  Imploras a los dioses que la canción pase pronto (en algún momento hace meses te diste cuenta que cambiar canciones te quitaba energía, y ahora simplemente dejas que tu ipod dicte el orden de la música).
Kilómetro número trece: Más y más gente corriendo a esta hora.  Alguien te pasa como si estuvieras caminando. Hace seis meses esto te hubiera inquietado y hubieras acelerado.  Ya en tu madurez de corredor habitual entiendes que esa persona, “debe estar corriendo unos cinco hoy… por eso es que va tan rápido…”. Otro trago de agua.
Kilómetro número catorce: Miras el reloj… “¿que porcentaje es trece de veintitrés?”. Pasas los próximos dos minutos repasando álgebra. La rodilla izquierda empieza a molestarte un poco, decides que es buen momento para enfocarte en alguna otra cosa. “Ajá, la respiración… No, mejor no. Cada vez me cuesta más. OK, entonces en el trabajo… No, mucho estrés…” Te decides en pensar en todas las rutas que has hecho a lo largo de tu entrenamiento.  Te sientes afortunado, has recorrido mucho en estas semanas.
Kilómetro número quince: Sigues en un sueño sobre todas tus rutas, cuando te toca cruzar la calle. Pero no, nada te detiene y cambias de ruta.  El cruce te saca de tu sueño.  Te das un traguito de agua, tratas de respirar profundo. Tratas de nuevo.  De nuevo. Una vez más. ”¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Kilómetro número dieciséis: Miras el reloj. Es hora de comer algo. Empiezas a luchar con el cierre de tu bolsillo, con mucho cuidado para que no salgan volando las llaves.  Sacas el paquetico de gel, y lo abres con cuidado para no ensuciarte todo. Notas que estas yendo muy rápido, y bajas la velocidad un poco.  Te comes el gel. “¿Por qué compré el de cereza y no el de fresa?” Te funciona el cálculo y te das cuenta que ya llevas mas de dos tercios del camino. Sonríes, y aceleras.
Kilómetro número diecisiete: Viene otro traguito de agua. Empieza a fluir tu imaginación y ves las aceras llenas de gente.  Llevan pancartas de apoyo, y hacen muchísima bulla. Algunos inclusive te quieren chocar la mano.  Ahí ves a tus amigos, a tus familiares, a poca distancia, ¡ya falta menos! Sonríes, y ves el reloj.  Se te borra la sonrisa en un instante.  Faltan seis, es decir, más de media hora.
Kilómetro número  dieciocho: Te enfocas en tus alrededores, los edificios, los árboles, el tipo que lleva a cinco perros sin que se le enreden las correas.  Hace nada estabas en diez, estos últimos ocho han sido largos, pero notas cierta mejoría con tu condición física en comparación con una semana atrás. Sonríes, te imaginas que el sonreír te da energía. “¡Esta vaina debe ser a lo que se le refieren como el ‘Runner’s High’!”
Kilómetro número diecinueve: Tomas agua. Ves el reloj. La rodilla derecha también empieza a echarte vaina. “Ya casi llego al medio maratón”. Falta menos aún.
Kilómetro número veinte: En este momento estas cien por ciento enfocado en la música. El gel que te comiste hace veinte y pico de minutos te está haciendo efecto. “¿No será un placebo?”
Kilómetro número veintiuno: Celebras la meta, segunda vez en tu vida que corres medio maratón. Lo comparas con la vez pasada, hace ya varios meses.  ¿Estas mejor o peor? Difícil decir en plena corrida, pero seguro estas mejor. Haces el ejercicio mental “¡Para el maratón básicamente me tengo que devolver de aquí a donde comencé! Siguiendo la misma ruta…” Dudas en tu condición física.  Correrlo de vuelta parece imposible.
Kilómetro número veintidós: Celebras la meta, ¡es oficialmente la distancia más larga que has corrido en tu vida! Empiezas a relajarte sabiendo que ya falta poco, y con eso viene la fatiga. Ahora si te duelen ambas rodillas, el tobillo, la espalda, y quizás hasta las manos. Tomas agua. Tomas de nuevo. Ves el reloj. Faltan quinientos metros, eso lo haces en menos de tres minutos. Aceleras para hacerlos en dos y medio. Sigues acelerando, te sorprendes que a esta etapa todavía puedas seguir acelerando.  Ves el reloj, faltan trescientos metros. Te cuesta respirar, pero aceleras. Ves el reloj, doscientos. En un último esfuerzo corres como lo hacías a tus quince, en el futbol. Pasas por todas tus rutas, quizás… quizás Nueva York, Paris, Buenos Aires a donde nunca has ido, la playa… “¡Que sabroso sería esta vaina en Margarita!” Ves las aceras, ahí están las multitudes aupándote. Ahí ahí, mas adelante tus familiares y amigos te esperan con tu bandera.  Sonríes, el sonreír te da energía.
Y llegas. Kilómetro número veintitrés. Celebras la meta, ¡es oficialmente la distancia más larga que has corrido en tu vida! Te imaginas como podrías correr diecinueve más y en el momento no te importa. El sábado pasado fueron veinte, y hoy fueron veintitrés. El que viene son veinticinco y celebrarás dos nuevas metas más con el veinticuatro y el veinticinco. Tarde o temprano podrás celebrar las diecinueve que te faltan.
@ignarondon
César I. Rondón correrá el Maratón de Nueva York el Domingo 2 de Noviembre a beneficio de la fundación Team for Kids. Para más información, visita su pagina: http://www.runwithtfk.org/Profile/PublicPage/14573


WP_Post Object
(
    [ID] => 24308
    [post_author] => 4
    [post_date] => 2014-09-08 15:41:15
    [post_date_gmt] => 2014-09-08 20:11:15
    [post_content] => 

Por: César I. Rondón

[caption id="attachment_24309" align="alignright" width="225"]Cesar Ignacio Después del medio maratón[/caption]  
Suena la alarma a tempranas horas del sábado.  Anoche viernes, abusaste e ignoraste a tu consciencia que te rogaba no servirte esa copa, que ya era hora de terminar la jornada.
Ves el reloj, te cuesta creer que en tu sábado sagrado estés despierto a esta hora.  Pero ya lo sabías, programaste tu despertador para que te sacara de tu sueño en este preciso instante.  Con algo de flojera revisas tu teléfono. Lees las conversaciones de tus amigos en tus chats, fulano fue a tal  concierto, se acostó hace apenas quince minutos.  ¡Que envidia!
Con mucho cuidado te levantas de la cama, el hecho de que tú estés pasando por una etapa masoquista no quiere decir que también tu pareja deba sufrir y despertar a esta hora inhumana. Ya habías dejado todas tus cosas listas cerca de la puerta del baño, para no despertarla con la abridera y cerradera de las gavetas.  Te preguntas, “¿Quién más estará despierto a esta hora?”.
Entras al baño donde, ya después de haber cerrado la puerta, prendes la luz y te ves detenidamente en el espejo.  Sin duda has perdido algo de peso, pero también has perdido varias horas de sueño, por no mencionar varias horas de vida nocturna con tu pareja, con tus amigos, con tus shows favoritos y los bartenders y mesoneros de tus sitios que siempre has frecuentado.  “¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”. Te vistes, notas una nueva uña morada en tu pie izquierdo. “¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Ya afuera agarras tus audífonos, te los pones y los conectas a tu iPod, el cual amarras firmemente a tu cuerpo.  Luego pasas por la cocina a llenar la botellita, “lo que viene no va a ser nada agradable!”. Llegas a la puerta donde te esperan tus compañeros mas fieles y recurrentes de estas últimas semanas, y a quienes pronto ya también tendrás que cambiar. Tus zapatos ya son parte de ti.  Sin ningún tipo de ánimo, sales por la puerta principal.
Afuera apenas se asoma el sol. Los únicos seres que te acompañan son los pájaros, el loco del vecindario, y el vecino amargado con su perro chillón. Continúa la rutina.  Primero debes seleccionar tu distracción: electrónica?, “¿Será un día de Soda en honor a Cerati?”, rock?, aleatorio? Ya tomada la decisión, viene el reconocimiento corporal.  ¡Si hoy te cuesta tocarte los pies, entonces lo que viene va a ser una pesadilla!
Terminas de decidir la ruta de hoy.  El sábado pasado hiciste veinte kilómetros, y hoy te tocan veintitrés. La semana pasada la ruta se te hizo aburrida, y eso te quitó motivación cuando más la necesitabas.  “¡Así que hoy vamos por aquí!”
Y arrancas. Arrancas porque sí.  Porque hace unos seis meses correr veintitrés no era posible, y hoy lo haces después de ya haber corrido veinticuatro en lo que va de semana. Arrancas porque, “¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Kilómetro número uno: “¡que fastidio con el tobillo derecho que siempre me jode en los primeros siete minutos!”
Kilómetro número dos: “¡Que fastidio con el bendito tobillo! La semana pasada no tardó tanto en calentar…”
Kilómetro número tres: Aprovechas la soledad para pensar en como vas a resolver aquel rollo en la oficina… “¡Si yo no me encargo, pues nada se resolverá!”
Kilómetro número cuatro: Superaste, o se te olvidó, el dolor del tobillo. “No mires el reloj, ¡¡¡no lo mires!!!” Te complaces en asumir que ya pasaste los seis kilómetros. “Seguro van seis… Estas canciones han sido largas y ya van como seis.”
Kilómetro número cinco: Primer trago de agua… “¡deben ir como siete kilómetros ya!” Ves el reloj… “¡Que bolas! Apenas cinco… pero bueno, ya llevo más de veinte por ciento.”  Es decir, lo que ya hiciste, lo tienes que hacer de nuevo menos de cuatro veces.  “¡Ya falta menos!”
Kilómetro número seis: “¡Que buena canción!” Aceleras un poco, para terminar más temprano…
Kilómetro número siete: Segundo trago de agua… “¡deben ir como ocho kilómetros ya!”. Pero no miras el reloj, porque ya tu cuerpo sabe que son apenas siete.
Kilómetro número ocho: Llegas al punto donde no sabes si correr la ruta que ya conoces bastante bien o si irte por una nueva.  La nueva te intimida, pueden haber colinas, pueden haber más cruces de transito, o una construcción que te obligue a cruzar la calle. Te decides por la nueva, ya estás entrando en ritmo, y esta canción te hace sentir invencible.
Kilómetro número nueve: Primera colina y te arrepientes, pero es imposible devolverse, aquí sólo existe hacia adelante. “¡Además, en Noviembre no hay excusas! ¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Kilómetro número diez: Revisas el reloj porque ya sabes por instinto propio que has llegado al famoso diez. Viene el trago de agua, vas a tu ritmo, y te sientes bien.  Te recuerdas de como te sentiste la primera vez que corriste diez y te ríes. La persona que va corriendo en sentido opuesto te ve con cara extraña. “Ya casi llego al cuarto del maratón, en realidad no parece tan grave…”
Kilómetro número once: Sigues sonriendo, a este punto la semana pasada estabas más cansado. Sin darte cuenta, has ido subiendo la velocidad poco a poco.  Quizás pasaste a algunas personas, una de ellas de tu edad. “¡En realidad creo que puedo correr más y con más frecuencia!”
Kilómetro número doce: Comienzas el camino de regreso, siguiendo por esta ruta nueva.  Viene otro trago de agua, y haces inspección interna de rodillas, capacidad pulmonar… “me está costando respirar” Bajas la velocidad, tomas agua de nuevo.  Imploras a los dioses que la canción pase pronto (en algún momento hace meses te diste cuenta que cambiar canciones te quitaba energía, y ahora simplemente dejas que tu ipod dicte el orden de la música).
Kilómetro número trece: Más y más gente corriendo a esta hora.  Alguien te pasa como si estuvieras caminando. Hace seis meses esto te hubiera inquietado y hubieras acelerado.  Ya en tu madurez de corredor habitual entiendes que esa persona, “debe estar corriendo unos cinco hoy… por eso es que va tan rápido…”. Otro trago de agua.
Kilómetro número catorce: Miras el reloj… “¿que porcentaje es trece de veintitrés?”. Pasas los próximos dos minutos repasando álgebra. La rodilla izquierda empieza a molestarte un poco, decides que es buen momento para enfocarte en alguna otra cosa. “Ajá, la respiración… No, mejor no. Cada vez me cuesta más. OK, entonces en el trabajo… No, mucho estrés…” Te decides en pensar en todas las rutas que has hecho a lo largo de tu entrenamiento.  Te sientes afortunado, has recorrido mucho en estas semanas.
Kilómetro número quince: Sigues en un sueño sobre todas tus rutas, cuando te toca cruzar la calle. Pero no, nada te detiene y cambias de ruta.  El cruce te saca de tu sueño.  Te das un traguito de agua, tratas de respirar profundo. Tratas de nuevo.  De nuevo. Una vez más. ”¿Qué carajo? ¡Ya falta menos!”
Kilómetro número dieciséis: Miras el reloj. Es hora de comer algo. Empiezas a luchar con el cierre de tu bolsillo, con mucho cuidado para que no salgan volando las llaves.  Sacas el paquetico de gel, y lo abres con cuidado para no ensuciarte todo. Notas que estas yendo muy rápido, y bajas la velocidad un poco.  Te comes el gel. “¿Por qué compré el de cereza y no el de fresa?” Te funciona el cálculo y te das cuenta que ya llevas mas de dos tercios del camino. Sonríes, y aceleras.
Kilómetro número diecisiete: Viene otro traguito de agua. Empieza a fluir tu imaginación y ves las aceras llenas de gente.  Llevan pancartas de apoyo, y hacen muchísima bulla. Algunos inclusive te quieren chocar la mano.  Ahí ves a tus amigos, a tus familiares, a poca distancia, ¡ya falta menos! Sonríes, y ves el reloj.  Se te borra la sonrisa en un instante.  Faltan seis, es decir, más de media hora.
Kilómetro número  dieciocho: Te enfocas en tus alrededores, los edificios, los árboles, el tipo que lleva a cinco perros sin que se le enreden las correas.  Hace nada estabas en diez, estos últimos ocho han sido largos, pero notas cierta mejoría con tu condición física en comparación con una semana atrás. Sonríes, te imaginas que el sonreír te da energía. “¡Esta vaina debe ser a lo que se le refieren como el ‘Runner’s High’!”
Kilómetro número diecinueve: Tomas agua. Ves el reloj. La rodilla derecha también empieza a echarte vaina. “Ya casi llego al medio maratón”. Falta menos aún.
Kilómetro número veinte: En este momento estas cien por ciento enfocado en la música. El gel que te comiste hace veinte y pico de minutos te está haciendo efecto. “¿No será un placebo?”
Kilómetro número veintiuno: Celebras la meta, segunda vez en tu vida que corres medio maratón. Lo comparas con la vez pasada, hace ya varios meses.  ¿Estas mejor o peor? Difícil decir en plena corrida, pero seguro estas mejor. Haces el ejercicio mental “¡Para el maratón básicamente me tengo que devolver de aquí a donde comencé! Siguiendo la misma ruta…” Dudas en tu condición física.  Correrlo de vuelta parece imposible.
Kilómetro número veintidós: Celebras la meta, ¡es oficialmente la distancia más larga que has corrido en tu vida! Empiezas a relajarte sabiendo que ya falta poco, y con eso viene la fatiga. Ahora si te duelen ambas rodillas, el tobillo, la espalda, y quizás hasta las manos. Tomas agua. Tomas de nuevo. Ves el reloj. Faltan quinientos metros, eso lo haces en menos de tres minutos. Aceleras para hacerlos en dos y medio. Sigues acelerando, te sorprendes que a esta etapa todavía puedas seguir acelerando.  Ves el reloj, faltan trescientos metros. Te cuesta respirar, pero aceleras. Ves el reloj, doscientos. En un último esfuerzo corres como lo hacías a tus quince, en el futbol. Pasas por todas tus rutas, quizás… quizás Nueva York, Paris, Buenos Aires a donde nunca has ido, la playa… “¡Que sabroso sería esta vaina en Margarita!” Ves las aceras, ahí están las multitudes aupándote. Ahí ahí, mas adelante tus familiares y amigos te esperan con tu bandera.  Sonríes, el sonreír te da energía.
Y llegas. Kilómetro número veintitrés. Celebras la meta, ¡es oficialmente la distancia más larga que has corrido en tu vida! Te imaginas como podrías correr diecinueve más y en el momento no te importa. El sábado pasado fueron veinte, y hoy fueron veintitrés. El que viene son veinticinco y celebrarás dos nuevas metas más con el veinticuatro y el veinticinco. Tarde o temprano podrás celebrar las diecinueve que te faltan.
@ignarondon
César I. Rondón correrá el Maratón de Nueva York el Domingo 2 de Noviembre a beneficio de la fundación Team for Kids. Para más información, visita su pagina: http://www.runwithtfk.org/Profile/PublicPage/14573
[post_title] => Los pensamientos del corredor [post_excerpt] => [post_status] => publish [comment_status] => open [ping_status] => closed [post_password] => [post_name] => los-pensamientos-del-corredor [to_ping] => [pinged] => [post_modified] => 2014-09-08 16:29:47 [post_modified_gmt] => 2014-09-08 20:59:47 [post_content_filtered] => [post_parent] => 0 [guid] => http://www.cesarmiguelrondon.com/?p=24308 [menu_order] => 0 [post_type] => post [post_mime_type] => [comment_count] => 0 [filter] => raw )

Deja un comentario