Plomo en el ala

publicado el 2/03/14 por Ana Forero en El espacio de mis amigos Etiquetas:, ,

 Por: Sergio Dahbar

En el terreno de la polarización, demonizados unos y otros, ganan losSergio Dahbar violentos y la vida cotidiana se nos escapa de las manos. Hay grises que dejamos de ver para mirar la realidad como los pobladores de Pingelap y Pohnpei, dos diminutas islas de Micronesia (Oceanía, en el Océano Pacífico), donde una proporción muy elevada de sus pobladores es completamente ciega al color. Ven la vida en blanco y negro.

Los extremistas se roban los grises: los que nos quieren convencer que la única salida es la sangre derramada (mientras sea de otros); los que desean que creamos que darle la mano a un presidente o reunirse con un empresario es ser un traidor; los que buscan salidas definitivas a la vuelta de la esquina; los que no pueden reconocer que la oposición ha cometido errores pero también ha evolucionado.

Hemos vivido diecisiete días que no olvidaremos fácilmente, con toques de queda no oficializados y 15 venezolanos muertos. Hay cerca de 700 detenidos: algunos han sido procesados, otros torturados…

Hay una impunidad desembozada: criminaliza y utiliza el poder para agredir a jóvenes estudiantes que protestan. Y se hace la loca con los motorizados que disparan a mansalva, que asaltan automercados y centros comerciales, imponen el terror y controlan las protestas populares.

Los hechos sucedidos en estos diecisiete días, anatematizados por el gobierno como un Golpe de Estado, cuestiona las políticas económicas, el desastre administrativo, y el secuestro de los poderes de la Nación, por parte del gobierno. Sin embargo, esos hechos han sido fácilmente procesados por el estamento político tradicional.

Mucha gente ha reclamado ausencia de Política con mayúscula, impaciencia juvenil, falta de liderazgo… Otros detectaron en las protestas un camino errático que le daba aire al gobierno al polarizar la sociedad como en los tiempos de Chávez. Todas estos cuestionamientos se vinieron abajo ante un país con focos de protesta en barrios populares de la capital y del interior que no terminan de apagarse.

La violencia extrema (guardias bolivarianos disparando a la cara de gente indefensa), la violación de Derechos Humanos (una mujer a la que le destrozan la cara con un casco y termina imputada de cinco cargos), la brutalidad (estudiantes violados o rociados en gasolina) horadó una de las joyas de la corona chavista: la imagen internacional de gobierno democrático y responsable.

Hasta el 12F el chavismo era oscuridad para la casa y luz para la calle. Las muertes y los excesos policiales y de los colectivos armados hirieron lo que el comandante se empeñó en cuidar de manera religiosa. No en vano los periódicos más prestigiosos del planeta han comenzado a enviar tropas de periodistas para cubrir el incendio inesperado que desataron unos estudiantes.

Una primera consecuencia de estos hechos inesperados debería ser la libertad de los presos políticos (Simonovis, López…), la amnistía de los estudiantes detenidos, y la investigación de la violación de los Derechos Humanos. Hay muertos y heridos que merecen justicia.

La otra derivación que se desprende de la reunión el miércoles pasado en Miraflores es la revisión de la política económica y de seguridad ciudadana de este gobierno.

Fueron apropiadas algunas intervenciones del sector privado, pero dejaron en el ambiente la sensación de que era más quítame la guarimba y hacemos el teatro del diálogo. Habrá que ver si el gobierno ha entendido el país que tiene enfrente.

Nadie puede ignorar que la fuerza demoledora de la ciudadanía se encuentra en la calle, organizada como puede, en marchas y concentraciones, con un teléfono celular como única herramienta, exigiendo más democracia y tolerancia. Que quiere decir menor inflación, menos escasez, y menos muertes en manos de criminales.

Ante el acoso del gobierno contra los medios privados, esta ciudadanía cuenta con un arma letal: las redes sociales, donde ocurren excesos y también fluye quizás la única libertad de expresión que queda. El que tenga dudas que mire YouTube.

A la gente común habría que recordarle el consejo de Joseph Pulitzer: “El crimen solo prospera en el secreto. Expongan los hechos, descríbanlos, atáquenlos, ridiculícenlos, y tarde o temprano la opinión pública los barrerá del mapa’’.



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 Por: Sergio Dahbar

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Los extremistas se roban los grises: los que nos quieren convencer que la única salida es la sangre derramada (mientras sea de otros); los que desean que creamos que darle la mano a un presidente o reunirse con un empresario es ser un traidor; los que buscan salidas definitivas a la vuelta de la esquina; los que no pueden reconocer que la oposición ha cometido errores pero también ha evolucionado.

Hemos vivido diecisiete días que no olvidaremos fácilmente, con toques de queda no oficializados y 15 venezolanos muertos. Hay cerca de 700 detenidos: algunos han sido procesados, otros torturados…

Hay una impunidad desembozada: criminaliza y utiliza el poder para agredir a jóvenes estudiantes que protestan. Y se hace la loca con los motorizados que disparan a mansalva, que asaltan automercados y centros comerciales, imponen el terror y controlan las protestas populares.

Los hechos sucedidos en estos diecisiete días, anatematizados por el gobierno como un Golpe de Estado, cuestiona las políticas económicas, el desastre administrativo, y el secuestro de los poderes de la Nación, por parte del gobierno. Sin embargo, esos hechos han sido fácilmente procesados por el estamento político tradicional.

Mucha gente ha reclamado ausencia de Política con mayúscula, impaciencia juvenil, falta de liderazgo… Otros detectaron en las protestas un camino errático que le daba aire al gobierno al polarizar la sociedad como en los tiempos de Chávez. Todas estos cuestionamientos se vinieron abajo ante un país con focos de protesta en barrios populares de la capital y del interior que no terminan de apagarse.

La violencia extrema (guardias bolivarianos disparando a la cara de gente indefensa), la violación de Derechos Humanos (una mujer a la que le destrozan la cara con un casco y termina imputada de cinco cargos), la brutalidad (estudiantes violados o rociados en gasolina) horadó una de las joyas de la corona chavista: la imagen internacional de gobierno democrático y responsable.

Hasta el 12F el chavismo era oscuridad para la casa y luz para la calle. Las muertes y los excesos policiales y de los colectivos armados hirieron lo que el comandante se empeñó en cuidar de manera religiosa. No en vano los periódicos más prestigiosos del planeta han comenzado a enviar tropas de periodistas para cubrir el incendio inesperado que desataron unos estudiantes.

Una primera consecuencia de estos hechos inesperados debería ser la libertad de los presos políticos (Simonovis, López…), la amnistía de los estudiantes detenidos, y la investigación de la violación de los Derechos Humanos. Hay muertos y heridos que merecen justicia.

La otra derivación que se desprende de la reunión el miércoles pasado en Miraflores es la revisión de la política económica y de seguridad ciudadana de este gobierno.

Fueron apropiadas algunas intervenciones del sector privado, pero dejaron en el ambiente la sensación de que era más quítame la guarimba y hacemos el teatro del diálogo. Habrá que ver si el gobierno ha entendido el país que tiene enfrente.

Nadie puede ignorar que la fuerza demoledora de la ciudadanía se encuentra en la calle, organizada como puede, en marchas y concentraciones, con un teléfono celular como única herramienta, exigiendo más democracia y tolerancia. Que quiere decir menor inflación, menos escasez, y menos muertes en manos de criminales.

Ante el acoso del gobierno contra los medios privados, esta ciudadanía cuenta con un arma letal: las redes sociales, donde ocurren excesos y también fluye quizás la única libertad de expresión que queda. El que tenga dudas que mire YouTube.

A la gente común habría que recordarle el consejo de Joseph Pulitzer: “El crimen solo prospera en el secreto. Expongan los hechos, descríbanlos, atáquenlos, ridiculícenlos, y tarde o temprano la opinión pública los barrerá del mapa’’.

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