Cuando la sangre salpica cerca

publicado el 25/11/13 por Laura Rodriguez en Editoriales Etiquetas:, , ,

 

    Una cosa es tener referencia, noticia de algún asesinato por que se lee en la prensa o se escucha en la radio, y otra muy distinta es tener una referencia más directa, cercana, con un hecho de sangre como ese.  Ayer, una reunión de amigos, domingo familiar, almuerzo, en fin, tratar de pasarla bien. Pero uno de los amigos estaba como ausente, estaba muy afectado, con un penoso rictus en el gesto y los ojos húmedos, como si estuviese conteniendo un llanto muy intenso.

  ¿Qué le ocurría a nuestro amigo? Pues que había estado en la mañana en un centro comercial muy pequeño, cerca de su casa, allí en Alto Prado, y llegó a contemplar no propiamente el momento de la balacera, pero sí pudo tener esa imagen espantosa de un hombre recién tendido en el piso, la sangre manando, el retumbar de los disparos como si todavía se escuchase en el eco de las montañas, y una mujer desconsolada gritando el mayor de los dolores sobre el cuerpo; algún niño parece que también estaba.

  El amigo no tenía palabras para describir lo que él había visto, decía: “Uno no sabe qué hacer, me provocaba de repente sentarme en el piso a llorar a mí también”.  Y la gente, lo vecinos, tampoco se atrevían. Nadie hacía nada, nadie se movía, nadie se daba por aludido.

  ¿Será que nos hemos vuelto un pueblo indolente, un pueblo donde la muerte, realmente pasa como Pedro por su casa sin que le afecte, ni le perturbe a nadie?

  Ayer, Leonardo Padrón, en una brillante crónica -“Días de furia”-, comentaba la circunstancia terrible de una pareja que tiene un accidente de tránsito en la Petare-Guarenas. El automóvil queda destruido y la esposa queda aprisionada entre el amasijo de hierro. Se acercan dos hombres y el esposo dice, me van a ayudar. No, no le fueron a ayudar. Le fueron a robar el celular y todas las cosas que tenían, y nada les importó la esposa al lado, la mujer que agonizaba.

  ¿Somos ese país ahora? Porque es el mismo pueblo, en definitiva es el mismo venezolano que saqueó a mansalva el camión en la autopista Francisco Fajardo, a la altura de los Ruices, mientras durante dos largas y terribles horas el chofer agonizaba aprisionado tras el volante. Nadie se ocupó del chofer, todos sólo ocupados con la golilla que suponía recoger la mercancía derramada. ¿Somos eso acaso? ¿Un pueblo indolente y para colmo golillero?

  Porque a ese pueblo golillero es al que ahora se le pretende seducir diciéndole: No tienes medicinas, la comida está cada día más cara y más escasa, los enfermos de cáncer no tienen a dónde acudir, pero tú puedes saquear y llevarte tu plasma.

  ¿Qué pasó, me pergunto, con aquel venezolano bueno, fraterno y  solidario, que usted y yo conocimos tanto? ¿Qué pasó con él? ¿Será que acaso lo mataron también? ¿Y si lo mataron cuándo fue? ¿Cuándo y dónde ocurrió eso que ni nos dimos cuenta? ¿O ya nos habíamos vuelto tan indolentes para ese momento que como que no nos importó?

  Confieso que nunca pensé que hablar de mis compatriotas me iba a producir esta rara mezcla de rabia, tristeza y, sobretodo, vergüenza.



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    Una cosa es tener referencia, noticia de algún asesinato por que se lee en la prensa o se escucha en la radio, y otra muy distinta es tener una referencia más directa, cercana, con un hecho de sangre como ese.  Ayer, una reunión de amigos, domingo familiar, almuerzo, en fin, tratar de pasarla bien. Pero uno de los amigos estaba como ausente, estaba muy afectado, con un penoso rictus en el gesto y los ojos húmedos, como si estuviese conteniendo un llanto muy intenso.

  ¿Qué le ocurría a nuestro amigo? Pues que había estado en la mañana en un centro comercial muy pequeño, cerca de su casa, allí en Alto Prado, y llegó a contemplar no propiamente el momento de la balacera, pero sí pudo tener esa imagen espantosa de un hombre recién tendido en el piso, la sangre manando, el retumbar de los disparos como si todavía se escuchase en el eco de las montañas, y una mujer desconsolada gritando el mayor de los dolores sobre el cuerpo; algún niño parece que también estaba.

  El amigo no tenía palabras para describir lo que él había visto, decía: “Uno no sabe qué hacer, me provocaba de repente sentarme en el piso a llorar a mí también”.  Y la gente, lo vecinos, tampoco se atrevían. Nadie hacía nada, nadie se movía, nadie se daba por aludido.

  ¿Será que nos hemos vuelto un pueblo indolente, un pueblo donde la muerte, realmente pasa como Pedro por su casa sin que le afecte, ni le perturbe a nadie?

  Ayer, Leonardo Padrón, en una brillante crónica -“Días de furia”-, comentaba la circunstancia terrible de una pareja que tiene un accidente de tránsito en la Petare-Guarenas. El automóvil queda destruido y la esposa queda aprisionada entre el amasijo de hierro. Se acercan dos hombres y el esposo dice, me van a ayudar. No, no le fueron a ayudar. Le fueron a robar el celular y todas las cosas que tenían, y nada les importó la esposa al lado, la mujer que agonizaba.

  ¿Somos ese país ahora? Porque es el mismo pueblo, en definitiva es el mismo venezolano que saqueó a mansalva el camión en la autopista Francisco Fajardo, a la altura de los Ruices, mientras durante dos largas y terribles horas el chofer agonizaba aprisionado tras el volante. Nadie se ocupó del chofer, todos sólo ocupados con la golilla que suponía recoger la mercancía derramada. ¿Somos eso acaso? ¿Un pueblo indolente y para colmo golillero?

  Porque a ese pueblo golillero es al que ahora se le pretende seducir diciéndole: No tienes medicinas, la comida está cada día más cara y más escasa, los enfermos de cáncer no tienen a dónde acudir, pero tú puedes saquear y llevarte tu plasma.

  ¿Qué pasó, me pergunto, con aquel venezolano bueno, fraterno y  solidario, que usted y yo conocimos tanto? ¿Qué pasó con él? ¿Será que acaso lo mataron también? ¿Y si lo mataron cuándo fue? ¿Cuándo y dónde ocurrió eso que ni nos dimos cuenta? ¿O ya nos habíamos vuelto tan indolentes para ese momento que como que no nos importó?

  Confieso que nunca pensé que hablar de mis compatriotas me iba a producir esta rara mezcla de rabia, tristeza y, sobretodo, vergüenza.

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16 Responses to “Cuando la sangre salpica cerca”


Carlos Quintero
25 noviembre, 2013 Responder

Desgarrador como lo que se convirtio la cotidianidad de los venezolanos, igual que lo que narra Leonardo Padron en sus Dias de Furia. A proposito de todo esto, @lucioquincio escribio hace dias atras el siguiente tweet: “antes creia los venezolanos nos merecemos mejor pais, ahora siento que Venezuela se merece mejores ciudadanos”…

Nora Alejandra Guzmán
25 noviembre, 2013 Responder

No todos los Venezolanos somos indolentes ante las tragedias, no todos los Venezolanos nos negamos a dar una mano, somos muchos los que de corazón queremos cambiar al país, está en nosotros dar el ejemplo y contagiar con nuestra buena conducta moral y ética a aquellos que por muchas razones se hacen los desentendidos ante las tragedias a diario cometidas.

Nora Alejandra Guzmán

Alberto Medina
25 noviembre, 2013 Responder

Es muy triste pero muy cierto. Realmente no se cuando ocurrió, pero desde hace tiempo siento eso por los venezolanos. Gracias por decirlo tan bien.

susana luchsinger
25 noviembre, 2013 Responder

Mi sobrino estuvo alli y te puedo decir que no es el mismo venezolano que tu estas comparando con el que no tiene escrupulos en que una persona se este muriendo y lo estan asaltando. Simplemente el impacto fue tal que no se supo que hacer como actuar, porque nunca se habia vivido esa situacion. A todos nos ha afectado, hoy estamos muy tristes por lo ocurrido, aunque no sepamos quien es la persona. Unamonos de una vez por todas para reclamar lo que nos afecta. Yo hasta ahora no he visto la convocatoria por parte de los politicos por las miles de personas que mueren. Solo ha habido una marcha convocada por estudiantes. Creo que el liderazgo debe dar la talla y no solo convocar a votar

Jhoanna Mavares
25 noviembre, 2013 Responder

Si. Amigo Cesar. Lamento decirle que a ese venezolano bueno, fraterno y solidario tambien nos lo mataron. Lo mataron los cuarenta años de la mal llamada democracia. Fue una muerte lenta y agonica que terminó con la explosion del caracazo. Fue como cuando le hacen bullying a un niño por dias, meses y hasta años y nadie se da cuenta; al final solo ven el estallido del niño que ha sido maltratado y que explota en un arranque de furia y venganza. Asi le pasó a la sociedad venezolana. Mientras la clase dirigente, pudiente y politica solo vivia en su realidad particular habia una realidad muy diferente gestandose en nuestros cerros y a la final solo se vio la explosion de ira, furia y venganza que comenzó en el año 1999 y aún no termina. En ese año bajaron los cerros que fueron los grandes olvidados de la era democratica venezolana y se apoderaron de las ciudades y de las capitales y de cuanto rincón les ha venido en gana. La clase dirigente, pudiente y politica fue indolente ante el homicidio de aquel venezolano bueno, fraterno y solidario que se gestaba en los cerros y ahora está pagando las consecuencias.

Jose Rafael Gallegos
25 noviembre, 2013 Responder

Sr Rondón, como quisiera poder decirle que está equivocado que asì no somos los venezolanos de hoy en dìa, pero lamentablemente yo también siento la misma mezcla de rabia, tristeza y muchísima vergüenza

manuel díaz delfino
25 noviembre, 2013 Responder

cierto, triste, estamos ante la barbarie de habitantes incultos e insensibles (como la mayoría de los animales) que los teníamos al lado y no lo sabíamos… Nos costará sangre salir de esto !! Gracias por su colaboración diaria a nuestro País.

Beatriz Pizani
25 noviembre, 2013 Responder

Mi muy estimado y respetado hago míos los sentimientos expresados en su ultimo párrafo. Entro en profundas dudas y contradicciones. No reconozco los valores éticos y morales inculcados por mi padre a nosotros sus hijos y a nuestros jóvenes.

Valentín Castellano
25 noviembre, 2013 Responder

Triste realidad, quizás ese es el hombre nuevo de que tanto nos hábla el gobierno.

Ernesto Mendoza
25 noviembre, 2013 Responder

Arrechisimo !!!

jose
25 noviembre, 2013 Responder

Esta es la consecuencia de la siembra del odio desde el poder durante casi 16 años, primero con el fallecido y ahora con cucuteño la situación ha empeorado mucho mas, a nivel de ciudadanos , económico y social. vivimos todos con un miedo perenne a salir a la calle que es inconcebible, debemos ser el país donde dios es mas molestado ya que todos al llegar a nuestra casa lo molestamos con “dios gracias ya que llegue vivo a mi casa”

dayhany orozco
26 noviembre, 2013 Responder

Lamentablemente mi admirado sr. si somos todo eso y mas. Cuando mataron a aquel venezolano?, Cesar lo mataron cuando el sr “gobierno” le dio el pescado al pueblo y no lo enseño a pescar; lo mataron cuando un pueblo equivocado buscando un “CAMBIO” voto por un hombre que tenia las manos manchadas de sangre, un hombre que encabezo un golpe de estado “fallido” pero “directa o indirectamente” permitio la masacre a todo el que se les atraveso en el canal 8, en el museo historico militar, y en toda venezuela; a ese venezolano lo mataron cuando la oportunidad de oro se presento (el 2 de abril) y dejamos que se escapara y a ese venezolano lo matan todos los dias cuando le matan un hijo, un padre, un hermano, un ser querido, cuando tienes cancer y no tienes ni medicamentos ni dollares para poder viajar a curarte ni nada; a ese venezolano lo matan cuando tiene que hacer cola para poder comprar comida. Lamentablemente mi admirado caballero, todos los dias matan a uno de esos venezolanos.

Santana Castañeda Sanchez
26 noviembre, 2013 Responder

La miseria humana en su exacta dimension!!

maria auxiliadora Tapias de Alvarado
26 noviembre, 2013 Responder

Es muy triste lo que estamos viviendo, soy una medico pediatra 100% Vzlana y cada dia a dia me decepciono, pero NO ME VOY A RENDIR ni nos podemos Rendir, seguiremos Luchando por Nuestra Democracia.

ramon marquez
27 noviembre, 2013 Responder

aun no logro entender que nos paso, no tengo la menor idea del porque nos hemos convertido simplemente en bestias miserables, en seres despreciables, alguien me explique que paso? alguien que me explique que pudo haber pasado, es que no me creo el cuento de 40 años de mala democracia por llamarlo de alguna manera, no creo que tenga que ver con la posicion politica, va màs alla, por que el retroceso humano tan marcado, por que este odio, por que estas ganas de gritar, de culpar, de insultar..
Señores. que paso con nosotros…los Venezolanos?…..

LuisF
28 noviembre, 2013 Responder

Nos pasa que tanto en los 40 como en los 16 el petróleo y los beneficios de usufructuar el gobierno y al estado en un marco de petro-estado rentista, les da a los usufructuarios los incentivos para seguir entregando mendrugos, continuar dando los peces y no las lecciones de pesca, y seguir manteniendo a los habitantes como mendigos y no como ciudadanos.

Coincido con la comentarista anterior que mucho fue lo que pude ser mejor en los 40, pero no la noto especialmente inclinada a comentar que los 16 son mas y peor de lo mismo.

Mi mayor desconsuelo es sin embargo, que inclusive ahora, luego de toda esta experiencia nuestro liderazgo político (opositores principalmente pero también los actores venezolanos de la obra de teatro castrista) siguen sin cuestionar el modelo del petro-estado y solo están buscando ser quienes agarran el coroto, en fin más de 50 anos de oportunidades perdidas.

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