En las cercanías de Miraflores

publicado el 22/03/17 por Ana Forero en Editoriales

Anoche, en Caracas, los vecinos de la Avenida Baralt protestaron por la expropiación de la panadería Mansión Bakery. El Nacional titula: “Los Clap se llevan el pan de las panaderías tomadas. Mansión Bakery que fue ocupada el viernes por la Sundde ya no despacha canillas ni pan francés, toda la producción es destinada al Clap de Altagracia”. Esto provoca la protesta vecinal. Diversos portales lo reseñan. Efecto Cocuyo: “Caraqueños protestaron contra expropiación de panaderías en la Av. Baralt”. Caraota Digital: “Al grito de ¡Fuera, fuera! vecinos rechazaron la expropiación de panadería en la avenida Baralt”. Tal Cual: “Protestan en la avenida Baralt por la expropiación de las panaderías”. Sunoticiero.com: “Colectivos encapuchados y GNB arremeten contra protesta en Av. Baralt en Caracas”. Leamos:

“En horas de la noche de este martes, vecinos de la avenida Baralt, en Caracas, salieron a protestar por la expropiación de la panadería  Mansión Bakery y la entrega a los Consejos Locales de Abastecimienbto y Producción (CLAP).

“La manifestación terminó cuando efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que habían estado controlando al grupo de manifestantes, se retiraron y de inmediato colectivos identificados como chavistas arremetieron contra los vecinos y trabajadores con consignas como “Al especulador le sale expropiación” y “Las calles son del pueblo, no de la burguesía”.

Esta es una consigna tan vieja como la izquierda, pero antes tenía una variante: “las calles son del pueblo no de la policía”. Ahora que la izquierda gobierna y la policía es suya, las calles ya no son del pueblo sino de la burguesía. ¿Burguesía en una zona modesta y humilde de la capital? Estamos hablando de la Avenida Baralt, estamos hablando de meros ciudadanos indignados porque les expropiaron la panadería donde toda la vida compraron el pan, y ahora esa panadería no les vende pan porque toda la producción va a los Clap.

Sigue la reseña: “Los residentes de los edificios comenzaron a lanzar botellas hacia los colectivos, quienes ingresaron encapuchados a los edificios para sacar a las personas.

“El paso por la avenida fue cerrado desde aproximadamente las siete de la noche. Cabe destacar que la manifestación se produjo en la esquina de Cuartel Viejo, a pocas cuadras del Palacio de Miraflores, que es el despacho presidencial.Por cierto, mientras ocurría la manifestación, Maduro fastidiaba al país en una de sus tantas alocuciones, donde, de paso, dijo que a los Clap no solo les daría pan sino teléfonos celulares también.

Lo que llama la atención de los sucesos en la avenida, es que tras la retirada de la Guardia Nacional viene el ataque de los colectivos. Y estos se dieron a perseguir a la burguesía escuálida que vive en las inmediaciones. Las bandas armadas por encima de los militares, no hay autoridad, no hay orden, no hay ley. Aquí algo se fue de las manos definitivamente.

Cierro con una nota que ilustra lo que está pasando en el país. En el Liceo Urbaneja Achelpohl, en Los Rosales, Caracas, ayer hubo un incidente de gravedad: “15 estudiantes, 3 profesores y 5 funcionarios de la PNB resultaron heridos durante una reyerta en el Liceo Urbaneja Achelpohl”, según El Nacional.

“Un estudiante de quinto año de bachillerato relató que el conflicto se originó por la prohibición de la compra de franelas de la promoción de los alumnos que están por graduarse. Pese a que en una reunión se había acordado la adquisición de la prenda como parte del paquete de grado, el subdirector Alejandro Tovar dijo que por órdenes del Distrito Escolar no estaba permitido su uso por ser un gasto innecesario.

“Varios alumnos la habían comprado y se la habían puesto como parte del uniforme. Sin embargo, el subdirector tomó fotografías y denunció el caso ante las autoridades educativas.

“Por este hecho, la directora Marvin Silva fue destituida por apoyar el uso de la franela y en su reemplazo nombraron a Tovar, explicó el joven. La designación generó malestar entre estudiantes y parte de la comunidad educativa. Los alumnos le reclamaban que no lo reconocían como director y Tovar les replicaba. Los ánimos se caldearon, al extremo de que el nuevo director llamó a la Policía Nacional Bolivariana para que controlara la situación. Los funcionarios ingresaron al plantel y atacaron con perdigones a los estudiantes.”

Y sucede, entonces, lo que la periodista Nathalia Matamoros define como “Batalla en el plantel”: “El patio central del liceo se convirtió en un escenario de guerra. Uno de los portones fue derribado durante el combate. Los estudiantes también respondieron al ataque con piedras y otros objetos. Uno de los agentes que estaba en la biblioteca sacó su arma y en actitud amenazante apuntó hacia el techo.

“El enfrentamiento se prolongó por más de dos horas. Los representantes también se sumaron a la reyerta. Les gritaban a los policías: “¡No ves que son unos niños!”, “¡No abuses de la fuerza, anda y métete conmigo que soy de tu tamaño!”

¿Qué pasó aquí? ¿Cómo es que por el simple uso de una franela se arme un zafarrancho como este en un liceo? Todo, por lo visto, lo desata una decisión administrativa –quizá innecesaria, seguramente arbitraria- sobre el uso de una franela. La comunidad estudiantil la desconoce y reacciona. La autoridad ministerial destituye a la directora -tal vez por alcahueta o mano blanda, o a lo mejor porque no está en la onda política adecuada- y asciende al subdirector, evidentemente leal a sus directrices. Pero este director interino, designado a dedo, a las claras no está preparado y la situación lo rebasa. De manera que, asustado frente a la reacción estudiantil, no se le ocurre otra que llamar a la policía. Su única opción, dado el pánico que lo abruma y su propia incompetencia, es reprimir. Y así es como se da esa absurda y fácilmente evitable batalla campal en el liceo.

¿No se parece esto a lo que está sucediendo en el país? ¿No se parece este señor Tovar a alguien que despacha cerca de la panadería Mansión Bakery, ahí en el centro de Caracas?.



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“En horas de la noche de este martes, vecinos de la avenida Baralt, en Caracas, salieron a protestar por la expropiación de la panadería  Mansión Bakery y la entrega a los Consejos Locales de Abastecimienbto y Producción (CLAP).

“La manifestación terminó cuando efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que habían estado controlando al grupo de manifestantes, se retiraron y de inmediato colectivos identificados como chavistas arremetieron contra los vecinos y trabajadores con consignas como “Al especulador le sale expropiación” y “Las calles son del pueblo, no de la burguesía”.

Esta es una consigna tan vieja como la izquierda, pero antes tenía una variante: “las calles son del pueblo no de la policía”. Ahora que la izquierda gobierna y la policía es suya, las calles ya no son del pueblo sino de la burguesía. ¿Burguesía en una zona modesta y humilde de la capital? Estamos hablando de la Avenida Baralt, estamos hablando de meros ciudadanos indignados porque les expropiaron la panadería donde toda la vida compraron el pan, y ahora esa panadería no les vende pan porque toda la producción va a los Clap.

Sigue la reseña: “Los residentes de los edificios comenzaron a lanzar botellas hacia los colectivos, quienes ingresaron encapuchados a los edificios para sacar a las personas.

“El paso por la avenida fue cerrado desde aproximadamente las siete de la noche. Cabe destacar que la manifestación se produjo en la esquina de Cuartel Viejo, a pocas cuadras del Palacio de Miraflores, que es el despacho presidencial.Por cierto, mientras ocurría la manifestación, Maduro fastidiaba al país en una de sus tantas alocuciones, donde, de paso, dijo que a los Clap no solo les daría pan sino teléfonos celulares también.

Lo que llama la atención de los sucesos en la avenida, es que tras la retirada de la Guardia Nacional viene el ataque de los colectivos. Y estos se dieron a perseguir a la burguesía escuálida que vive en las inmediaciones. Las bandas armadas por encima de los militares, no hay autoridad, no hay orden, no hay ley. Aquí algo se fue de las manos definitivamente.

Cierro con una nota que ilustra lo que está pasando en el país. En el Liceo Urbaneja Achelpohl, en Los Rosales, Caracas, ayer hubo un incidente de gravedad: “15 estudiantes, 3 profesores y 5 funcionarios de la PNB resultaron heridos durante una reyerta en el Liceo Urbaneja Achelpohl”, según El Nacional.

“Un estudiante de quinto año de bachillerato relató que el conflicto se originó por la prohibición de la compra de franelas de la promoción de los alumnos que están por graduarse. Pese a que en una reunión se había acordado la adquisición de la prenda como parte del paquete de grado, el subdirector Alejandro Tovar dijo que por órdenes del Distrito Escolar no estaba permitido su uso por ser un gasto innecesario.

“Varios alumnos la habían comprado y se la habían puesto como parte del uniforme. Sin embargo, el subdirector tomó fotografías y denunció el caso ante las autoridades educativas.

“Por este hecho, la directora Marvin Silva fue destituida por apoyar el uso de la franela y en su reemplazo nombraron a Tovar, explicó el joven. La designación generó malestar entre estudiantes y parte de la comunidad educativa. Los alumnos le reclamaban que no lo reconocían como director y Tovar les replicaba. Los ánimos se caldearon, al extremo de que el nuevo director llamó a la Policía Nacional Bolivariana para que controlara la situación. Los funcionarios ingresaron al plantel y atacaron con perdigones a los estudiantes.”

Y sucede, entonces, lo que la periodista Nathalia Matamoros define como “Batalla en el plantel”: “El patio central del liceo se convirtió en un escenario de guerra. Uno de los portones fue derribado durante el combate. Los estudiantes también respondieron al ataque con piedras y otros objetos. Uno de los agentes que estaba en la biblioteca sacó su arma y en actitud amenazante apuntó hacia el techo.

“El enfrentamiento se prolongó por más de dos horas. Los representantes también se sumaron a la reyerta. Les gritaban a los policías: “¡No ves que son unos niños!”, “¡No abuses de la fuerza, anda y métete conmigo que soy de tu tamaño!”

¿Qué pasó aquí? ¿Cómo es que por el simple uso de una franela se arme un zafarrancho como este en un liceo? Todo, por lo visto, lo desata una decisión administrativa –quizá innecesaria, seguramente arbitraria- sobre el uso de una franela. La comunidad estudiantil la desconoce y reacciona. La autoridad ministerial destituye a la directora -tal vez por alcahueta o mano blanda, o a lo mejor porque no está en la onda política adecuada- y asciende al subdirector, evidentemente leal a sus directrices. Pero este director interino, designado a dedo, a las claras no está preparado y la situación lo rebasa. De manera que, asustado frente a la reacción estudiantil, no se le ocurre otra que llamar a la policía. Su única opción, dado el pánico que lo abruma y su propia incompetencia, es reprimir. Y así es como se da esa absurda y fácilmente evitable batalla campal en el liceo.

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