El milagro de José Gregorio

publicado el 16/09/16 por Ana Forero en Editoriales Etiquetas:, , , ,

  La noticia del día debería ser el titular del diario El Tiempo, en Valera: “No aparece el milagro de José Gregorio”. La frase es de Monseñor Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo: “Al celebrarse el próximo 26 de octubre los 152 años del natalicio de José Gregorio Hernández, el Obispo Azuaje expresó que aun no tienen información sobre el milagro que falta para la beatificación de El Siervo de Dios”. Entiendo que el milagro que se espera de José Gregorio es uno de sanación en algún paciente de gravedad. Pero el paciente en extrema gravedad en estos momentos es Venezuela. El país en su totalidad. Y para ese milagro, por lo visto, José Gregorio tampoco se ha manifestado.

  ¿Por qué la situación está a nivel de milagro? Si leemos las noticias que nos despiertan hoy, pareciera que -para decirlo en los términos bélicos que tanto gustan al gobierno militar que padecemos- estamos en una batalla, al estilo de las más cruentas de la Segunda Guerra Mundial, como la de Stalingrado, por ejemplo. Allí se libraron enfrentamientos cotidianos casa por casa, calle por calle. Caracas, sin tantas balas ni tanta sangre, afortunadamente, también se ha convertido en un centro de batalla, donde las victorias y las derrotas se miden por calles y esquinas.

  Argumenta Diosdado Cabello: “Nosotros dijimos dos cosas –esto con relación a la marcha del 1 de septiembre–: a Caracas no entrarían, no entraron ni van a entrar, ni hoy ni mañana ni en ningún momento van a entrar a Caracas y eso lo cumplimos”. ¡Falso! En la marcha del 1S se dio una congregación de miles de opositores en la Avenida O’Higgins de El Paraiso, que avanzó por todo el oeste de la ciudad y llegó al punto de concentración en la Avenida Libertador, tal y como estaba estipulado. Abundan las fotografías donde se ven multitudes contra el régimen en zonas populares del centro y oeste de la ciudad. De manera que ese parte de guerra es tan falso como el que lo proclama.

  Insiste Cabello: “También dijimos que el 1 de septiembre no tumbarían a Maduro y no lo tumbaron, y luego de ese desastre convocaron a un cacerolazo”. El único que dijo que se tumbaría o que se pretendía tumbar a Maduro fue el propio Diosdado Cabello. Nadie asomó que el 1 de septiembre se tumbaría al gobierno, de manera que no fue tal desastre, para frustración del camorrero, sino un éxito total de la Venezuela democrática. Pero de lo dicho por Cabello ayer, en Nueva Esparta, resalta una sentencia: “El único que apoya la iniciativa del revocatorio es el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, pues ningún otro dirigente sustenta la tesis”.

  Esta frase delata una estrategia aguda, peligrosa, que ha tenido cierto éxito al fracturar a parte de la dirigencia opositora. A algunos sectores, autodenominados opositores, pareciera que les resulta más fácil y preferible atacar a la MUD que al régimen. Es una pelea absurda, manejada con criterio umbilical por parte de “dirigentes” de aguda miopía que no suelen ver más allá de su ombligo. Pero hacen bulla y crean confusión. En tiempos de incertidumbre, donde, para volver a la metáfora bélica se pelea cada calle, el desasosiego se hace presente con fuerza y facilidad por cualquier detalle, por nimio que parezca. Por los resquicios más inesperados, pues, escapan por igual ratas y esperanzas. Ese es el panorama para el día de hoy.

  La MUD ha convocado a marchas en todo el país con cacerolas y demás, para exigir la fecha del 20%. Pero el CNE sorprende con una curiosa ocurrencia de última hora: se sienten amenazados. Titula Efecto Cocuyo: “El CNE retrasa dos días más la fecha para la recolección del 20%”. Esto no deja de ser un abuso, una grosería, un insulto a la paciencia de todos los venezolanos. Según la rectora Tania D’Amelio, “el Consejo Nacional Electoral acordó la medida luego de conocidas diversas convocatorias a protestas en las adyacencias de las sedes en todo el país, las cuales se han visto violentadas en diversas oportunidades, desde abril de este año, cuando el partido MUD solicitó su legitimación como mediador en un eventual proceso referendario”. Remata en un tuit la flamante rectora: “Nueva amenaza contra las trabajadoras y trabajadores, así como contra las instalaciones del Poder Electoral”. Por esa razón “se ven obligados” a suspender las actividades laborales.

  Señora Tania D’Amelio, aquí la única amenaza es el CNE. Aquí quien amenaza la paz del país, su porvenir, es usted con sus tres colegas en la rectoría del Consejo Nacional Electoral. Ustedes cuatro son la verdadera amenaza por la tozudez, cobardía, ceguera, complicidad, irresponsabilidad y falta absoluta de ética y valores ciudadanos y democráticos que nos han enrostrado, impune y vergonzosamente, a todos los venezolanos.

  No es la batalla de Stalingrado, pero se le está pareciendo. Es día por día, calle por calle. Todavía no hay sangre y ojalá nunca llegue, pero los demonios desatados apuestan inmisericordemente por ella. Ese milagro también falta, José Gregorio, y es tanto o más urgente que el otro.



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  La noticia del día debería ser el titular del diario El Tiempo, en Valera: “No aparece el milagro de José Gregorio”. La frase es de Monseñor Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo: “Al celebrarse el próximo 26 de octubre los 152 años del natalicio de José Gregorio Hernández, el Obispo Azuaje expresó que aun no tienen información sobre el milagro que falta para la beatificación de El Siervo de Dios”. Entiendo que el milagro que se espera de José Gregorio es uno de sanación en algún paciente de gravedad. Pero el paciente en extrema gravedad en estos momentos es Venezuela. El país en su totalidad. Y para ese milagro, por lo visto, José Gregorio tampoco se ha manifestado.

  ¿Por qué la situación está a nivel de milagro? Si leemos las noticias que nos despiertan hoy, pareciera que -para decirlo en los términos bélicos que tanto gustan al gobierno militar que padecemos- estamos en una batalla, al estilo de las más cruentas de la Segunda Guerra Mundial, como la de Stalingrado, por ejemplo. Allí se libraron enfrentamientos cotidianos casa por casa, calle por calle. Caracas, sin tantas balas ni tanta sangre, afortunadamente, también se ha convertido en un centro de batalla, donde las victorias y las derrotas se miden por calles y esquinas.

  Argumenta Diosdado Cabello: “Nosotros dijimos dos cosas –esto con relación a la marcha del 1 de septiembre–: a Caracas no entrarían, no entraron ni van a entrar, ni hoy ni mañana ni en ningún momento van a entrar a Caracas y eso lo cumplimos”. ¡Falso! En la marcha del 1S se dio una congregación de miles de opositores en la Avenida O'Higgins de El Paraiso, que avanzó por todo el oeste de la ciudad y llegó al punto de concentración en la Avenida Libertador, tal y como estaba estipulado. Abundan las fotografías donde se ven multitudes contra el régimen en zonas populares del centro y oeste de la ciudad. De manera que ese parte de guerra es tan falso como el que lo proclama.

  Insiste Cabello: “También dijimos que el 1 de septiembre no tumbarían a Maduro y no lo tumbaron, y luego de ese desastre convocaron a un cacerolazo”. El único que dijo que se tumbaría o que se pretendía tumbar a Maduro fue el propio Diosdado Cabello. Nadie asomó que el 1 de septiembre se tumbaría al gobierno, de manera que no fue tal desastre, para frustración del camorrero, sino un éxito total de la Venezuela democrática. Pero de lo dicho por Cabello ayer, en Nueva Esparta, resalta una sentencia: “El único que apoya la iniciativa del revocatorio es el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, pues ningún otro dirigente sustenta la tesis”.

  Esta frase delata una estrategia aguda, peligrosa, que ha tenido cierto éxito al fracturar a parte de la dirigencia opositora. A algunos sectores, autodenominados opositores, pareciera que les resulta más fácil y preferible atacar a la MUD que al régimen. Es una pelea absurda, manejada con criterio umbilical por parte de “dirigentes” de aguda miopía que no suelen ver más allá de su ombligo. Pero hacen bulla y crean confusión. En tiempos de incertidumbre, donde, para volver a la metáfora bélica se pelea cada calle, el desasosiego se hace presente con fuerza y facilidad por cualquier detalle, por nimio que parezca. Por los resquicios más inesperados, pues, escapan por igual ratas y esperanzas. Ese es el panorama para el día de hoy.

  La MUD ha convocado a marchas en todo el país con cacerolas y demás, para exigir la fecha del 20%. Pero el CNE sorprende con una curiosa ocurrencia de última hora: se sienten amenazados. Titula Efecto Cocuyo: “El CNE retrasa dos días más la fecha para la recolección del 20%”. Esto no deja de ser un abuso, una grosería, un insulto a la paciencia de todos los venezolanos. Según la rectora Tania D’Amelio, “el Consejo Nacional Electoral acordó la medida luego de conocidas diversas convocatorias a protestas en las adyacencias de las sedes en todo el país, las cuales se han visto violentadas en diversas oportunidades, desde abril de este año, cuando el partido MUD solicitó su legitimación como mediador en un eventual proceso referendario”. Remata en un tuit la flamante rectora: “Nueva amenaza contra las trabajadoras y trabajadores, así como contra las instalaciones del Poder Electoral”. Por esa razón “se ven obligados” a suspender las actividades laborales.

  Señora Tania D’Amelio, aquí la única amenaza es el CNE. Aquí quien amenaza la paz del país, su porvenir, es usted con sus tres colegas en la rectoría del Consejo Nacional Electoral. Ustedes cuatro son la verdadera amenaza por la tozudez, cobardía, ceguera, complicidad, irresponsabilidad y falta absoluta de ética y valores ciudadanos y democráticos que nos han enrostrado, impune y vergonzosamente, a todos los venezolanos.

  No es la batalla de Stalingrado, pero se le está pareciendo. Es día por día, calle por calle. Todavía no hay sangre y ojalá nunca llegue, pero los demonios desatados apuestan inmisericordemente por ella. Ese milagro también falta, José Gregorio, y es tanto o más urgente que el otro.

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