¿Para qué saber, para qué averiguar?

publicado el 12/06/13 por Laura Rodriguez en Editoriales Etiquetas:, , , , ,

Play Para qué saber para qué averiguar

  No soy abogado ni mucho menos, soy tan solo un ciudadano mayor de edad y de este domicilio. Y el sentido común me dice que tengo derecho a conocer todo aquello que me atañe de manera directa, me refiero a la vida en sociedad, a la vida colectiva. Si yo voy hacer una suerte de acuerdo, un pacto, voy a firmar algo, tengo todo el derecho a leer ese documento que voy a firmar. Si yo he firmado ese documento, tengo derecho a saber después las consecuencias que esa firma trae. En otras palabras, ese documento, me dice el sentido común -insisto, no soy abogado-, me da todo el derecho a conocer qué fue lo que firmé y por qué lo firme, y en definitiva se crea un compromiso. Una firma es eso, un compromiso.

  Hay varios documentos que todos los venezolanos firmamos; por ejemplo, todos firmamos la cédula de identidad. Y los venezolanos mayores de 18 años que votamos, firmamos el cuaderno electoral. Cuando usted va a votar, usted pone la huella (con todo el escándalo y la discusión que se ha levantado por lo de las captahuellas), pero lo más importante es que, una vez que usted votó, va al cuaderno y lo firma, luego viene la tinta indeleble y demás.

  Bien. Resulta por una decisión absurda que cita Tibisay Lucena -y aquí uno no sabe si la culpable es ella o Luisa Estela Morales- creo que estamos hablando de cierto tipo de ciudadanía inferior. Según esta decisión, y leo en la primera página de El Nacional: La presidente del Consejo Nacional electoral, Tibisay Lucena, argumentó que una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia del 2009 estableció que la información de los cuadernos no debe ser expuesta al conocimiento público.

  ¿Si yo firmé ese documento, dígame usted señora Lucena, por qué yo no puedo conocerlo?

  Este es el régimen del misterio, este es el régimen del secreto, este es el régimen donde al parecer hay una verdad que es privativa de un grupo de privilegiados, que lamentablemente nos gobierna, y el resto del país no tiene derecho a conocerla.

  ¿A cuenta de qué, señora Lucena, usted es superior a mí? Por ejemplo, ¿usted está por encima de mí en tanto ciudadano o somos todos iguales a efectos de las leyes de la República?

  Esto vale, por ejemplo, para lo que se ha llamado la auditoria chimba del CNE, pero vale también para otros asuntos. Hoy leo en la primera página del diario El Nacional: “AH1N1 sigue cobrando vidas en Lara y en Táchira”.  Falleció un militar. Y en el diario El Impulso de Barquisimeto: “Nueva víctima del AH1N1 en Lara y se sospecha ahora de un nuevo virus el H3N3”.

  Y a continuación leo el gran titular de Notitarde, en Valencia: “Mayoría del Psuv en la Asamblea Nacional negó investigar el brote de AH1N1” La mayoría de los diputados oficialistas de la Asamblea Nacional rechazó ayer la proposición de interpelar en el parlamento a la Ministra de Salud Isabel Iturria, así como a los ex ministros que ocuparon anteriormente esa misma cartera.  Carlos Rotondaro y Eugenia Sader, para tratar de investigar la realidad sanitaria del brote de influenza AH1N1 ante la falta de información que la diputada Dinorah Figuera calificó de “oscurantista”.

  Es lo mismo, ¿para qué saber, para qué averiguar? Mejor que el país permanezca en la ignorancia, sin saber nada de nada.

  Lo único que le falta a este Gobierno es decir: al inocente lo protege Dios.



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  No soy abogado ni mucho menos, soy tan solo un ciudadano mayor de edad y de este domicilio. Y el sentido común me dice que tengo derecho a conocer todo aquello que me atañe de manera directa, me refiero a la vida en sociedad, a la vida colectiva. Si yo voy hacer una suerte de acuerdo, un pacto, voy a firmar algo, tengo todo el derecho a leer ese documento que voy a firmar. Si yo he firmado ese documento, tengo derecho a saber después las consecuencias que esa firma trae. En otras palabras, ese documento, me dice el sentido común -insisto, no soy abogado-, me da todo el derecho a conocer qué fue lo que firmé y por qué lo firme, y en definitiva se crea un compromiso. Una firma es eso, un compromiso.

  Hay varios documentos que todos los venezolanos firmamos; por ejemplo, todos firmamos la cédula de identidad. Y los venezolanos mayores de 18 años que votamos, firmamos el cuaderno electoral. Cuando usted va a votar, usted pone la huella (con todo el escándalo y la discusión que se ha levantado por lo de las captahuellas), pero lo más importante es que, una vez que usted votó, va al cuaderno y lo firma, luego viene la tinta indeleble y demás.

  Bien. Resulta por una decisión absurda que cita Tibisay Lucena -y aquí uno no sabe si la culpable es ella o Luisa Estela Morales- creo que estamos hablando de cierto tipo de ciudadanía inferior. Según esta decisión, y leo en la primera página de El Nacional: La presidente del Consejo Nacional electoral, Tibisay Lucena, argumentó que una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia del 2009 estableció que la información de los cuadernos no debe ser expuesta al conocimiento público.

  ¿Si yo firmé ese documento, dígame usted señora Lucena, por qué yo no puedo conocerlo?

  Este es el régimen del misterio, este es el régimen del secreto, este es el régimen donde al parecer hay una verdad que es privativa de un grupo de privilegiados, que lamentablemente nos gobierna, y el resto del país no tiene derecho a conocerla.

  ¿A cuenta de qué, señora Lucena, usted es superior a mí? Por ejemplo, ¿usted está por encima de mí en tanto ciudadano o somos todos iguales a efectos de las leyes de la República?

  Esto vale, por ejemplo, para lo que se ha llamado la auditoria chimba del CNE, pero vale también para otros asuntos. Hoy leo en la primera página del diario El Nacional: “AH1N1 sigue cobrando vidas en Lara y en Táchira”.  Falleció un militar. Y en el diario El Impulso de Barquisimeto: “Nueva víctima del AH1N1 en Lara y se sospecha ahora de un nuevo virus el H3N3”.

  Y a continuación leo el gran titular de Notitarde, en Valencia: “Mayoría del Psuv en la Asamblea Nacional negó investigar el brote de AH1N1” La mayoría de los diputados oficialistas de la Asamblea Nacional rechazó ayer la proposición de interpelar en el parlamento a la Ministra de Salud Isabel Iturria, así como a los ex ministros que ocuparon anteriormente esa misma cartera.  Carlos Rotondaro y Eugenia Sader, para tratar de investigar la realidad sanitaria del brote de influenza AH1N1 ante la falta de información que la diputada Dinorah Figuera calificó de “oscurantista”.

  Es lo mismo, ¿para qué saber, para qué averiguar? Mejor que el país permanezca en la ignorancia, sin saber nada de nada.

  Lo único que le falta a este Gobierno es decir: al inocente lo protege Dios.

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4 Responses to “¿Para qué saber, para qué averiguar?”


Jorge Hernández
12 junio, 2013 Responder

Clases de ciudadanía ,respeto y tratamiento psicologico es lo que necesitan en este régimen,

ibelice rodriguez
12 junio, 2013 Responder

Realmente sorprendente como cada dia esta suerte de “dueňos” del pais nos someten y conducen al atraso, convencidos de que somos simple relleno poblacional.. y por lo tanto no merecemos explicacion de nada. Estan demasiado arriba…..le repito:ay de ellos

Leonardo Ortigosa
12 junio, 2013 Responder

En que sociedad nos hemos convertido? como dejamos que pasara esto? en que momento reaccionaremos para pedir cuentas y que se nos restituyan nuestros derechos? no entiendo que pasa !!!. Sera que no hay quien nos ilumine y nos lleve al camino de la restitución “YA” de nuestra vida tranquila y sin mayores inconvenientes? Los ciudadanos como que se nos olvido que somos patrones de los presidentes, diputados, jueces, fiscales y cuanto directores de cualquier institución publica exista, asi que podemos exigirles con vehemencia que hagan las cosas bien, sino lamentablemente tendrán que buscar un trabajo con el que puedan dar resultados positivos. Me entristece ver y verme en lo que nos hemos convertido, debemos de empezar a ser buenos gerentes de nuestro país y comenzar a sacar a quienes no nos dan buenos resultados, es para reflexionar no creen?

Pedro Filizzola
12 junio, 2013 Responder

Lo más dañino y hasta peligroso es que cosas de este tipo pasan todos los días, por lo que empezamos a verlas como “normales”. Imagino que para una persona que haya por ejemplo, salido del país por varios años, esto constituiría un “shock”, pero para la mayoría de las personas que vivimos en Venezuela, es solo otro episodio más. Normal, nada raro. Es por ello que se han perdido los más elementales valores de la sociedad y no nos hemos dado ni cuenta de como y cuando ocurrió, pero ocurrió.

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