Bombas nucleares y tropas en fuga – Fernando Rodríguez

publicado el 18/12/18 por Michelle Rodríguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , , , ,

Publicado en: El Nacional

Por: Fernando Rodríguez

Fernando Rodriguez

Lo de tropas que corren al oír un ruido algo destemplado fue ofertado urbi et orbi, nada menos que desde la ONU, por la boca o bocota de Donald Trump, a propósito de la puesta de pies en polvorosa de nuestras gloriosas fuerzas armadas en el desfile donde explotó un pequeño dron, supuestamente para acabar con el presidente y buena parte de su séquito. Para mí que, fuera de escenarios de guerra, es una de las humillaciones más feroces que se haya hecho ejército alguno, todos tan bravíos y heroicos, todos.

No puedo dejar de asociar estos agravios contra los descendientes de Guaicaipuro y Bolívar con esos bombarderos rusos ultramodernos y nucleares que han aterrizado en esta apartada orilla para… la cosa no parece simple. Para algunos se trata de un asunto más o menos burocrático con algún puntillo político que se olvidará cuando las albas naves vuelvan a su bastante disminuida nación. Y al fin y al cabo este es el coto de caza de los gringos, los cuales, además, suelen darles muy a menudo coscorrones y sanciones a los rusos cuando hacen triquiñuelas muy gansteriles (hackear, calumniar, envenenar…). Además de que, agregan los optimistas, poco tienen que buscar en este país que exhibieron ayer no más como maula, mala paga, ante el mundo, y además esta comarca del planeta se está cayendo a pedazos para ser nuclearmente codiciable. Démosle unos créditos a esa prudencia.

Pero no, a lo mejor no era solo eso, ni la casualidad es la llave maestra de la historia. Maduro había viajado de improviso a Moscú unas días antes, se decía que a mendigar. Y tampoco es falso que por ahí viene el 10 de enero, para el que estaba tan solo y asediado vendiéndole el alma a cualquier diablo, y ahora tiene un socio con tremendas naves y apocalípticas bombas. Además, esas “inversiones” económicas y políticas no son necesariamente a corto o mediano plazo; ni los patios traseros suelen ser eternos, a la Europa del Este me remito, que hasta muladar era de la URSS. Un poco más de créditos a esta versión. Resultado, la cosa es significante. Si no lo cree, mire la prensa extranjera. O atienda al estilo retrechero con que Maduro desafía a la diplomacia americana y cualquier otra que no acepte su nuevo y trampeado período. No es novedoso su verbo, pero ahora suena guapo y apoyado. Por cierto, hay también socios menores, turcos e iraníes. Y no contamos los vecinos latinos, aunque pueden servir para policías. Ya veremos. Seguro que Trump nos aclara.

Con respecto al 10 de enero, creo que debemos emular a Maduro, decretar un nuevo curso de acción, dejar atrás el pasado. Jugarnos el todo por el todo, salga sapo o sopa. Golpear y recibir golpes, caernos y levantarnos, no despreciar ningún tablero, volver a intentarlo, y ganar y cobrar… sin volver la vista atrás, repito. En realidad, ya tenemos tan poco que perder y tanto por recuperar, cosas tales como entrar en un abasto sin cola y decir “dame un kilo de harina PAN, catire”. Dice hoy Gustavo Tarre que esto se va a acabar, sin duda, lo que no se sabe es cuándo, lo que sabe es por qué no lo sabe, a través de una secta científica o teocrática. No es mucho, pero para algo sirve. Tiene que ver con ese filosofema sabio de que la vida es una tómbola. Pero también que hay que vivirla, ¿qué se hace?, y con ganas y con garras.

 

 

 

Lea también: Hay que guindarse“, de Fernando Rodríguez

 



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Por: Fernando Rodríguez

Fernando Rodriguez

Lo de tropas que corren al oír un ruido algo destemplado fue ofertado urbi et orbi, nada menos que desde la ONU, por la boca o bocota de Donald Trump, a propósito de la puesta de pies en polvorosa de nuestras gloriosas fuerzas armadas en el desfile donde explotó un pequeño dron, supuestamente para acabar con el presidente y buena parte de su séquito. Para mí que, fuera de escenarios de guerra, es una de las humillaciones más feroces que se haya hecho ejército alguno, todos tan bravíos y heroicos, todos.

No puedo dejar de asociar estos agravios contra los descendientes de Guaicaipuro y Bolívar con esos bombarderos rusos ultramodernos y nucleares que han aterrizado en esta apartada orilla para… la cosa no parece simple. Para algunos se trata de un asunto más o menos burocrático con algún puntillo político que se olvidará cuando las albas naves vuelvan a su bastante disminuida nación. Y al fin y al cabo este es el coto de caza de los gringos, los cuales, además, suelen darles muy a menudo coscorrones y sanciones a los rusos cuando hacen triquiñuelas muy gansteriles (hackear, calumniar, envenenar…). Además de que, agregan los optimistas, poco tienen que buscar en este país que exhibieron ayer no más como maula, mala paga, ante el mundo, y además esta comarca del planeta se está cayendo a pedazos para ser nuclearmente codiciable. Démosle unos créditos a esa prudencia.

Pero no, a lo mejor no era solo eso, ni la casualidad es la llave maestra de la historia. Maduro había viajado de improviso a Moscú unas días antes, se decía que a mendigar. Y tampoco es falso que por ahí viene el 10 de enero, para el que estaba tan solo y asediado vendiéndole el alma a cualquier diablo, y ahora tiene un socio con tremendas naves y apocalípticas bombas. Además, esas “inversiones” económicas y políticas no son necesariamente a corto o mediano plazo; ni los patios traseros suelen ser eternos, a la Europa del Este me remito, que hasta muladar era de la URSS. Un poco más de créditos a esta versión. Resultado, la cosa es significante. Si no lo cree, mire la prensa extranjera. O atienda al estilo retrechero con que Maduro desafía a la diplomacia americana y cualquier otra que no acepte su nuevo y trampeado período. No es novedoso su verbo, pero ahora suena guapo y apoyado. Por cierto, hay también socios menores, turcos e iraníes. Y no contamos los vecinos latinos, aunque pueden servir para policías. Ya veremos. Seguro que Trump nos aclara.

Con respecto al 10 de enero, creo que debemos emular a Maduro, decretar un nuevo curso de acción, dejar atrás el pasado. Jugarnos el todo por el todo, salga sapo o sopa. Golpear y recibir golpes, caernos y levantarnos, no despreciar ningún tablero, volver a intentarlo, y ganar y cobrar… sin volver la vista atrás, repito. En realidad, ya tenemos tan poco que perder y tanto por recuperar, cosas tales como entrar en un abasto sin cola y decir “dame un kilo de harina PAN, catire”. Dice hoy Gustavo Tarre que esto se va a acabar, sin duda, lo que no se sabe es cuándo, lo que sabe es por qué no lo sabe, a través de una secta científica o teocrática. No es mucho, pero para algo sirve. Tiene que ver con ese filosofema sabio de que la vida es una tómbola. Pero también que hay que vivirla, ¿qué se hace?, y con ganas y con garras.

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