Comfort food – Jean Maninat

publicado el 30/11/18 por Laura Rodriguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , ,

Por: Jean Maninat

Jean ManinatCansados de las esferas que explotan con sabor a aceituna en el paladar, que nos destapen en la cara un plato repleto solo de humo con aromas a caña ahumada de Veracruz, o que nos vendan el tralala de la despensa originaria de la cocina autóctona amazónica, matizada por la fusión asiática, mediterránea y pare usted de contar, tenemos unas ganas rabiosas de pararnos ante un McDonald’s o un Burger King -de cualquier ciudad del mundo-  y comernos una hamburguesa como las que se hacían cuando Dios todavía mandaba en el mundo, y a las papas fritas no les añadían sal de trufa, ni a la noble hamburguesa un costoso dado de fois gras du Pèrigod.

Igual pasa con la ya enrevesada política venezolana de estos días, cuando los dirigentes de  la oposición nos someten a la peor de sus cocciones: al vacío. Y el Gobierno a su fuego alto y destructivo que todo lo daña. Y en el medio: unos comensales sobreviviendo entre CLAP o envíos puerta a puerta, los más afortunados.

Digamos que no hay mesas con manteles, ni condumios para adornalas, así sea en un Día de Acción de Gracias cristiano y acogedor, o en un Shabat semanal, judío y congregardor. (Sí, es verdad, se nos escapa, pero el Ramadán es  exigente y precario para nuestros gustos desorbitados).

No queremos recetas de diálogo que impliquen negociación, ni elecciones que exijan dinamitar el sistema electoral participando, queremos la compota en la boca, que nos salve del fastidioso ejercicio de masticar el esfuerzo democrático con huesitos y todo.

Pero como suele suceder, aparecen nuevos aprendices de cocineros políticos, plantean sus recetas, no coinciden con los chefs estrellados del Michelin criollo, y se disponen a pelear por sus municipios tal como lo están haciendo los jóvenes de  Defendamos San Antonio, o los alcaldes de Chacao, El Hatillo y tantos otros más en el país.

¿Qué le decimos a los muchachos que quieren defender sus municipios? ¿Que están pelando papas? ¿Que los jefes no andan en eso? Que esperen pacientemente hasta descifrar por quién doblan las campanas en el firmamento de las vanidades nacionales.

Pareciera que no harán caso, algunos resistirán, ganarán y perderán, pero es la cantera de la que saldrán los nuevos políticos por venir y veremos que nos deparan sus menús. Son los muchachos y muchachas que uno ve repartiendo volantes, llamando a votar dignamente por su candidato a las municipales; inermes, frente al menguado río automotor que les pasa al lado presuroso a la búsqueda de todo y nada.

Allí está el renacer del tejido democrático de la nación, en el simple acto ciudadano de repartir un llamado a votar por alguien -en medio de las más terribles circunstancias- portando una franela de color, con o sin logo partidista, pero con el desparpajo de quienes inician una labor que otros -por resabidos- dejaron morir a fuego lento en la sartén.

Hace falta algo de “comfort food” político para el alma. Pasar la página del ajado recetario es lo mejor, veamos qué viene, cómo hacemos un sancocho con lo poco que hay y lo que nos traen los jóvenes aprendices de brujo que empiezan a  cocinar la política opositora venezolana. Algo bueno puede salir de esa olla. Bon appétit!

@jeanmaninat

Lea también: Fake News, la muerte de unos ojos por Jean Maninat



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Por: Jean Maninat

Jean ManinatCansados de las esferas que explotan con sabor a aceituna en el paladar, que nos destapen en la cara un plato repleto solo de humo con aromas a caña ahumada de Veracruz, o que nos vendan el tralala de la despensa originaria de la cocina autóctona amazónica, matizada por la fusión asiática, mediterránea y pare usted de contar, tenemos unas ganas rabiosas de pararnos ante un McDonald’s o un Burger King -de cualquier ciudad del mundo-  y comernos una hamburguesa como las que se hacían cuando Dios todavía mandaba en el mundo, y a las papas fritas no les añadían sal de trufa, ni a la noble hamburguesa un costoso dado de fois gras du Pèrigod.

Igual pasa con la ya enrevesada política venezolana de estos días, cuando los dirigentes de  la oposición nos someten a la peor de sus cocciones: al vacío. Y el Gobierno a su fuego alto y destructivo que todo lo daña. Y en el medio: unos comensales sobreviviendo entre CLAP o envíos puerta a puerta, los más afortunados. Digamos que no hay mesas con manteles, ni condumios para adornalas, así sea en un Día de Acción de Gracias cristiano y acogedor, o en un Shabat semanal, judío y congregardor. (Sí, es verdad, se nos escapa, pero el Ramadán es  exigente y precario para nuestros gustos desorbitados). No queremos recetas de diálogo que impliquen negociación, ni elecciones que exijan dinamitar el sistema electoral participando, queremos la compota en la boca, que nos salve del fastidioso ejercicio de masticar el esfuerzo democrático con huesitos y todo.

Pero como suele suceder, aparecen nuevos aprendices de cocineros políticos, plantean sus recetas, no coinciden con los chefs estrellados del Michelin criollo, y se disponen a pelear por sus municipios tal como lo están haciendo los jóvenes de  Defendamos San Antonio, o los alcaldes de Chacao, El Hatillo y tantos otros más en el país.

¿Qué le decimos a los muchachos que quieren defender sus municipios? ¿Que están pelando papas? ¿Que los jefes no andan en eso? Que esperen pacientemente hasta descifrar por quién doblan las campanas en el firmamento de las vanidades nacionales. Pareciera que no harán caso, algunos resistirán, ganarán y perderán, pero es la cantera de la que saldrán los nuevos políticos por venir y veremos que nos deparan sus menús. Son los muchachos y muchachas que uno ve repartiendo volantes, llamando a votar dignamente por su candidato a las municipales; inermes, frente al menguado río automotor que les pasa al lado presuroso a la búsqueda de todo y nada. Allí está el renacer del tejido democrático de la nación, en el simple acto ciudadano de repartir un llamado a votar por alguien -en medio de las más terribles circunstancias- portando una franela de color, con o sin logo partidista, pero con el desparpajo de quienes inician una labor que otros -por resabidos- dejaron morir a fuego lento en la sartén.

Hace falta algo de “comfort food” político para el alma. Pasar la página del ajado recetario es lo mejor, veamos qué viene, cómo hacemos un sancocho con lo poco que hay y lo que nos traen los jóvenes aprendices de brujo que empiezan a  cocinar la política opositora venezolana. Algo bueno puede salir de esa olla. Bon appétit!

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