Como queremos que nos recuerden

publicado el 29/09/13 por Laura Rodriguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , , , ,

Por: Sergio Dahbar

Nostálgico por cierto pasado que hoy me resulta irrecuperable, malhumorado por el presente que sin duda es caótico, y con pocas expectativas sobre un futuro esquivo, recordé un tic del siglo veinte. La creación de cápsulas del tiempo.

Hubo un dato de la realidad que coincidió con el tema. Un grupo de arqueólogos encontraron la semana pasada la cápsula del tiempo Steve Jobs. Fue enterrada en 1983 en Aspen y contenía sorpresas tecnológicas de ese momento: Jobs guardó allí el ratón Lisa, que había utilizado para presentar una conferencia; dos cubos rubik; un guión de la serie Hill Street Blues; una cámara de fotos instantánea y algunas cervezas.

Las cápsulas del tiempo comenzaron a fabricarse en Estados Unidos hacia 1937 y la última fue enterrada en 1975. Cerca de cuarenta años duró esta pasión en el ser humano por ocultar objetos que fueran capaces de explicarnos dentro de cinco mil años.

Estos experimentos de la ciencia fueron documentadas por la Enciclopedia  Británica; Espasa Calpe; el  People’s Almanac 2, de Wallechinsky y Wallace; la  Enciclopedia  de  los  datos  inútiles,  de Homero Alsina Thevenet; y un folleto, Libro  de  registros (1939).

De las cuatro cápsulas y criptas del tiempo enterradas en el siglo veinte, la de Nueva York es la más interesante y la más antigua (1938): fue pensada para ser abierta cinco mil años después (6939).

Tiene la forma de un cilindro de 2,30 metros de largo, diseñado y construido por técnicos de la Westinghouse Electric Corporation. Y fue enterrado a 17 metros de profundidad. Contiene textos con diez millones de palabras; mil fotos; que en conjunto dan cuenta de una parte de la historia de la humanidad.

Se incluyeron reproducciones de obras de Picasso; una biblia en 300 idiomas; un ejemplar de  Lo  que  el  viento  se  llevó, de Margaret Mitchell; un cepillo de dientes; y mensajes críticos sobre la condición humana, escritos por Thomas Mann y Albert Einstein. Esta cápsula fue enterrada en Nueva York el 23 de setiembre de 1938, antes de la Feria Mundial.

Como  algunos contenidos perdieron vigencia rápidamente, fue  actualizada en 1965 con información sobre la segunda guerra mundial; la bomba atómica; la aviación a chorro; y los primeros intentos de viajes espaciales. La cápsula de 1965 integró un traje bikini; píldoras anticonceptivas; el disco de Los Beatles A  Hard  Day’s  Night; y la pieza teatral de Eugene O’Neill,  Largo  viaje  hacia  la  noche.

Una pregunta pendiente para los científicos es si realmente la gente que encuentre este tipo de mensaje cifrado sobre la evolución de la humanidad podrá entender algo con un mero objeto que poco puede explicar sobre la complejidad del ser humano. Incluir música de Bach, imágenes del Taj Mahal o detalles de los órganos sexuales, no siempre explica el mundo.

Por ejemplo, en Tulsa (Oklahoma) fue enterrado un automovil Plymouth, con el tanque de gasolina lleno, en 1957. Y fue desenterrado en 2007, sin que ninguno de los habitantes que se encontraban el día del hallazgo cambiaran de semblante.

Habrá que ver qué ocurre en 2025 cuando saquen en Nebraska un cajón inmenso, con un chevrolet Vega 1975, una moto kawasaki azul, un sartén de teflón y un bikini. A lo mejor alguien le ve la cara a Dios.

No estoy seguro. Pero tampoco quiero aguarle la fiesta a la ciencia. Es más, quisiera proponer una cápsula del tiempo para que el futuro conozca (y no se pierda) lo que hemos vivido los venezolanos estos 15 años. Me anima el placer de compartir este paraíso.

Mi cápsula del tiempo tiene un cd con todos los Alo, Presidente; un gallinero vertical; la lista de Tascón; las dos grabaciones de Mario Silva; el decreto de Carmona; un vergatario; las acusaciones homofóbicas de Pedro Carreño en el Parlamento; la planificación urbanística de la Misión Vivienda; un rollo de papel higiénico; el estilo de vida de ricos y famosos de un pran amigo de la ministro de prisiones; los discos producidos en el Cendis de la esposa del actual ministro de cultura; el pajarito de Nicolás Maduro; una réplica en cera de un Guardia Nacional, con un avioncito de Air France en el bolsillo;  las declaraciones juradas de bienes (de antes y después de entrar en el gobierno) de funcionarios del gobierno; la poesía completa de Isaias Rodríguez… Y me quedo corto.



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Por: Sergio Dahbar

Nostálgico por cierto pasado que hoy me resulta irrecuperable, malhumorado por el presente que sin duda es caótico, y con pocas expectativas sobre un futuro esquivo, recordé un tic del siglo veinte. La creación de cápsulas del tiempo.

Hubo un dato de la realidad que coincidió con el tema. Un grupo de arqueólogos encontraron la semana pasada la cápsula del tiempo Steve Jobs. Fue enterrada en 1983 en Aspen y contenía sorpresas tecnológicas de ese momento: Jobs guardó allí el ratón Lisa, que había utilizado para presentar una conferencia; dos cubos rubik; un guión de la serie Hill Street Blues; una cámara de fotos instantánea y algunas cervezas.

Las cápsulas del tiempo comenzaron a fabricarse en Estados Unidos hacia 1937 y la última fue enterrada en 1975. Cerca de cuarenta años duró esta pasión en el ser humano por ocultar objetos que fueran capaces de explicarnos dentro de cinco mil años.

Estos experimentos de la ciencia fueron documentadas por la Enciclopedia  Británica; Espasa Calpe; el  People's Almanac 2, de Wallechinsky y Wallace; la  Enciclopedia  de  los  datos  inútiles,  de Homero Alsina Thevenet; y un folleto, Libro  de  registros (1939).

De las cuatro cápsulas y criptas del tiempo enterradas en el siglo veinte, la de Nueva York es la más interesante y la más antigua (1938): fue pensada para ser abierta cinco mil años después (6939).

Tiene la forma de un cilindro de 2,30 metros de largo, diseñado y construido por técnicos de la Westinghouse Electric Corporation. Y fue enterrado a 17 metros de profundidad. Contiene textos con diez millones de palabras; mil fotos; que en conjunto dan cuenta de una parte de la historia de la humanidad.

Se incluyeron reproducciones de obras de Picasso; una biblia en 300 idiomas; un ejemplar de  Lo  que  el  viento  se  llevó, de Margaret Mitchell; un cepillo de dientes; y mensajes críticos sobre la condición humana, escritos por Thomas Mann y Albert Einstein. Esta cápsula fue enterrada en Nueva York el 23 de setiembre de 1938, antes de la Feria Mundial.

Como  algunos contenidos perdieron vigencia rápidamente, fue  actualizada en 1965 con información sobre la segunda guerra mundial; la bomba atómica; la aviación a chorro; y los primeros intentos de viajes espaciales. La cápsula de 1965 integró un traje bikini; píldoras anticonceptivas; el disco de Los Beatles A  Hard  Day's  Night; y la pieza teatral de Eugene O'Neill,  Largo  viaje  hacia  la  noche.

Una pregunta pendiente para los científicos es si realmente la gente que encuentre este tipo de mensaje cifrado sobre la evolución de la humanidad podrá entender algo con un mero objeto que poco puede explicar sobre la complejidad del ser humano. Incluir música de Bach, imágenes del Taj Mahal o detalles de los órganos sexuales, no siempre explica el mundo.

Por ejemplo, en Tulsa (Oklahoma) fue enterrado un automovil Plymouth, con el tanque de gasolina lleno, en 1957. Y fue desenterrado en 2007, sin que ninguno de los habitantes que se encontraban el día del hallazgo cambiaran de semblante.

Habrá que ver qué ocurre en 2025 cuando saquen en Nebraska un cajón inmenso, con un chevrolet Vega 1975, una moto kawasaki azul, un sartén de teflón y un bikini. A lo mejor alguien le ve la cara a Dios.

No estoy seguro. Pero tampoco quiero aguarle la fiesta a la ciencia. Es más, quisiera proponer una cápsula del tiempo para que el futuro conozca (y no se pierda) lo que hemos vivido los venezolanos estos 15 años. Me anima el placer de compartir este paraíso.

Mi cápsula del tiempo tiene un cd con todos los Alo, Presidente; un gallinero vertical; la lista de Tascón; las dos grabaciones de Mario Silva; el decreto de Carmona; un vergatario; las acusaciones homofóbicas de Pedro Carreño en el Parlamento; la planificación urbanística de la Misión Vivienda; un rollo de papel higiénico; el estilo de vida de ricos y famosos de un pran amigo de la ministro de prisiones; los discos producidos en el Cendis de la esposa del actual ministro de cultura; el pajarito de Nicolás Maduro; una réplica en cera de un Guardia Nacional, con un avioncito de Air France en el bolsillo;  las declaraciones juradas de bienes (de antes y después de entrar en el gobierno) de funcionarios del gobierno; la poesía completa de Isaias Rodríguez… Y me quedo corto.

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