Del arte del lenguaje – Soledad Morillo Belloso

publicado el 1/06/17 por Ana Forero en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , ,

Por: Soledad Morillo Belloso

Hablar y escribir enrevesado y complicado es muy fácil. Lo difícil es escribir facilito. Porque ello requiere en primer lugar una fuerte dosis de humildad, otra dosis igual de oído fino y una no menos importante cantidad de deseo de comunicarse efectivamente. A cincuenta años de “Cien años de soledad” (que no es mi novela favorita del autor) hay que reconocerle al gran Gabo la genialidad en una narrativa de lectura deliciosa para casi todo el mundo, con las notables excepciones de aquellos que consideran burdos los textos que reflejan las vidas de las gentes de calle. A esos suelo recordarles que grandes escritores, como Cervantes y Shakespeare, se especializaron en ello, en poner en prosa y poesía los quehaceres y andanzas de las personas de su época. Nadie, salvo quizás un pedante irredento, se atrevería a mirar por encima del hombro a esos dos impresionantes autores.
Decía que cualquiera escribe difícil. Quienes nos afanamos en el oficio de escribir nada haremos si adrede nos hacemos los sordos. Escuchar y sentir lo cotidiano es fundamental para poder comunicarnos con los lectores y para con nuestras letras y voces retratar la cotidianidad. Es mucho más que monitorear la calle. Es dejarnos extasiar por lo que expresa ese personaje del común, el que camina por la calle, que sufre y ríe, que llora, se enfada y festeja. Casi toda mi vida adulta, a esos señores que ofrecían su ayuda para vigilar el carro estacionado en la calle los las mujeres venezolanas los llamábamos “¿se-lo-cuido?”. Ahora, en el lenguaje venezolano del siglo XXI son los “bella-tú-bello-el-carro”. Aunque el carro por la crisis esté en peores condiciones que nuestra piel por falla de apropiadas cremas. Los “bella-tú-bello-el-carro”, aunque no puedan ofrecernos garantía alguna, empero nos hacen sentir que las posibilidades de encontrar el carro cuando regresemos al lugar donde lo dejamos aumentan significativamente. Ellos hacen otro aporte: el piropo no cae mal, sobre todo cuando a veces sentimos que a nuestras parejas se les va olvidando obsequiarnos la necesaria dosis diaria de halago.
Las palabras en Venezuela han cambiado de significado. Las bombas lacrimógenas y los chorros de agua a presión con las que salvajemente  la GNB y la PNB atacan a los manifestantes que justificadísimamente protestan por el proceder tiránico del señor Maduro, su gobierno, las FANB y varios poderes públicos, no son tales. Según el gobierno son sistemas suaves para hacer entrar en razón a una micro minoría pagada por el imperio que no busca sino tumbar al bigote que baila salsa.
Las palabras “universal”, “directo” y “secreto” significan para Maduro y Cía. otra cosa que lo que señalan los diccionarios de nuestra lengua. Igual ocurre con “derechos”, “humanos”, originario”, “soberano”.
La Sala Constitucional del TSJ crea nuevo glosario. Así las cosas, no hace falta consultar al pueblo a través de un referéndum aprobatorio de la convocatoria constituyente y las bases comiciales, dado que el convocante, S.M. Nicolás, tiene la representación indirecta del pueblo. Cuestión entonces de semántica. Sus señorías los magistrados nos han aclarado la niebla que nos obstaculizaba la comprensión.
Las rectoras del CNE hacen su aporte a la lingüística. Las bases comiciales son extremadamente democráticas y representativas. Que los municipios hiperpoblados tengan la misma cantidad de miembros constituyentes que aquellos con escasa población garantiza que los chiquitos no sean aplastados por los grandes. Y las firmas que respalden las postulaciones no requieren pasar por el engorroso procedimiento de captahuellas y rúbricas frente a testigos pues el CNE certifica que esas firmas cumplirán toda la legalidad que el CNE determine para este caso.
Hace un bojote de años, una frase quedó para siempre grabada en la lengua venezolana: “¿Cómo se come eso?”. Dicha por un zamarro político, es una pregunta que vaya si sirve para describir, en lenguaje facilito, el desprecio que este régimen siente por el pueblo, la democracia, la Patria y la Constitución. Clarito, pues.
@solmorillob


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Por: Soledad Morillo Belloso

Hablar y escribir enrevesado y complicado es muy fácil. Lo difícil es escribir facilito. Porque ello requiere en primer lugar una fuerte dosis de humildad, otra dosis igual de oído fino y una no menos importante cantidad de deseo de comunicarse efectivamente. A cincuenta años de "Cien años de soledad" (que no es mi novela favorita del autor) hay que reconocerle al gran Gabo la genialidad en una narrativa de lectura deliciosa para casi todo el mundo, con las notables excepciones de aquellos que consideran burdos los textos que reflejan las vidas de las gentes de calle. A esos suelo recordarles que grandes escritores, como Cervantes y Shakespeare, se especializaron en ello, en poner en prosa y poesía los quehaceres y andanzas de las personas de su época. Nadie, salvo quizás un pedante irredento, se atrevería a mirar por encima del hombro a esos dos impresionantes autores.
Decía que cualquiera escribe difícil. Quienes nos afanamos en el oficio de escribir nada haremos si adrede nos hacemos los sordos. Escuchar y sentir lo cotidiano es fundamental para poder comunicarnos con los lectores y para con nuestras letras y voces retratar la cotidianidad. Es mucho más que monitorear la calle. Es dejarnos extasiar por lo que expresa ese personaje del común, el que camina por la calle, que sufre y ríe, que llora, se enfada y festeja. Casi toda mi vida adulta, a esos señores que ofrecían su ayuda para vigilar el carro estacionado en la calle los las mujeres venezolanas los llamábamos "¿se-lo-cuido?". Ahora, en el lenguaje venezolano del siglo XXI son los "bella-tú-bello-el-carro". Aunque el carro por la crisis esté en peores condiciones que nuestra piel por falla de apropiadas cremas. Los "bella-tú-bello-el-carro", aunque no puedan ofrecernos garantía alguna, empero nos hacen sentir que las posibilidades de encontrar el carro cuando regresemos al lugar donde lo dejamos aumentan significativamente. Ellos hacen otro aporte: el piropo no cae mal, sobre todo cuando a veces sentimos que a nuestras parejas se les va olvidando obsequiarnos la necesaria dosis diaria de halago.
Las palabras en Venezuela han cambiado de significado. Las bombas lacrimógenas y los chorros de agua a presión con las que salvajemente  la GNB y la PNB atacan a los manifestantes que justificadísimamente protestan por el proceder tiránico del señor Maduro, su gobierno, las FANB y varios poderes públicos, no son tales. Según el gobierno son sistemas suaves para hacer entrar en razón a una micro minoría pagada por el imperio que no busca sino tumbar al bigote que baila salsa.
Las palabras "universal", "directo" y "secreto" significan para Maduro y Cía. otra cosa que lo que señalan los diccionarios de nuestra lengua. Igual ocurre con "derechos", "humanos", originario", "soberano".
La Sala Constitucional del TSJ crea nuevo glosario. Así las cosas, no hace falta consultar al pueblo a través de un referéndum aprobatorio de la convocatoria constituyente y las bases comiciales, dado que el convocante, S.M. Nicolás, tiene la representación indirecta del pueblo. Cuestión entonces de semántica. Sus señorías los magistrados nos han aclarado la niebla que nos obstaculizaba la comprensión.
Las rectoras del CNE hacen su aporte a la lingüística. Las bases comiciales son extremadamente democráticas y representativas. Que los municipios hiperpoblados tengan la misma cantidad de miembros constituyentes que aquellos con escasa población garantiza que los chiquitos no sean aplastados por los grandes. Y las firmas que respalden las postulaciones no requieren pasar por el engorroso procedimiento de captahuellas y rúbricas frente a testigos pues el CNE certifica que esas firmas cumplirán toda la legalidad que el CNE determine para este caso.
Hace un bojote de años, una frase quedó para siempre grabada en la lengua venezolana: "¿Cómo se come eso?". Dicha por un zamarro político, es una pregunta que vaya si sirve para describir, en lenguaje facilito, el desprecio que este régimen siente por el pueblo, la democracia, la Patria y la Constitución. Clarito, pues.
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