El animal blando – Carlos Raúl Hernández

publicado el 15/10/19 por Michelle Rodríguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , , , , ,

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

Carlos Raúl Hernández

La furia autoritaria esclavizó por milenios gente pacífica. Parecía salirse con la suya pero los seres de un día controlaron la hostilidad de la naturaleza, de sus congéneres y la que llevamos en la sangre. El hombre, “el animal blando”, como lo definió el sociólogo Arnold Gehlen, triunfa con la voluntad, la razón y la pasión. Error de las ciencias sociales creer que somos paja en el viento, juguetes de la fatalidad, las circunstancias, la sociedad o la historia. 

El animal blando - Carlos Raúl Hernández
Cortesía: El Universal

Si fuera así viviríamos aún aterrados en cuevas con herramientas de piedra. Aislados en una habitación un humano desnudo y una rata rabiosa, la pelea es pareja. Pero la criatura de físico vulnerable y espíritu poderoso, el homo sapiens desarrolló la inteligencia y mecanismos, tecnologías e instituciones para defenderse de fieras, de otras catervas y de sí mismo. El hombre es la voluntad, “la fuerza para sobreponerse… a toda costa”, dice otro pensador.

Para convivir instauraron tótem y tabú: esto se puede hacer, esto no. ¿Cómo vencieron “históricamente” a los vigorosos neandertales, animales duros, acorpados, hirsutos, agresivos, salvajes, con nariz chata de largo alcance? Pese al absurdo vegano nacido en hilachas de Derrida, las proteínas rojas desenvolvieron cerebro y manos del homo sapiens. Y según la antropología, el perro está entre los factores aleatorios que aceleraron la humanización.

Este animalito eliminaba las víboras que ponían en peligro las crías y sus madres lo amaron. Gracias a sus protectoras se hizo amigo de los machos, cazadores a los que suplió las deficiencias de olfato para atrapar presas, y así aumentaron la ingesta de carne. Pero según Ernst Gombrich, cumbre de la sociología del arte, un acontecimiento determinante y básico por encima de todos los demás, impulsó el salto definitivo del hominoide al hombre.

Gana Shakespeare

Fue el día que descubrió el sexo cara a cara, y de verse a los ojos, nació el sentimiento, que individualizó a la hembra y la liberó de ser el receptáculo que saciaba a cualquiera en la manada: “si la tocas te mato” se pronunció allí. Para ella transformó un acto violento, efímero e impersonal, tributo a los machos que la protegían y no podía evitar, en un momento de intimidad profunda y reparadora. Con ese nuevo vínculo recóndito, él enfrentaba las fieras con más fuerza, porque lo esperaba alguien que sentía parte de sí mismo y cuyo fantasma lo acompañaba. 

Pasa a ser la mujer y deja de ser hembra de la especie. Según Gombrich el milagro del sentimiento estalla en el arte rupestre. Eso se lo perdieron los pobres neandertales en su torpe bestialidad. Y avanza el conocimiento porque hasta entonces el embarazo era un suceso mágico, inexplicable, pero ahora comienza a entenderse el vínculo entre sexo y procreación. Algunos antropólogos heterodoxos piensan que, derrotados por los brillantes homo sapiens, se unieron a ellos, y hoy andan en el metro, los aviones y el poder. 

Sus nietos, lo digo para molestar, se arrebatan contra la sociedad. En vez de rugir insultan, el mismo rugido ahora articulado por el lenguaje. Su genética violenta y miope, desgracia la vida de las naciones. Instalan cárceles, torturas, allanamientos. Las instituciones “ponen bozal a las bestias de rapiña… con eso no mejoran moralmente, pero se hacen inofensivas como los herbívoros… La máquina social doma los egoísmos… en interés de la supervivencia”. Conciliar, discutir, tolerar, son hijos del avance humano. 

Neandertales al poder

Pero si la máquina social cae en manos de fieras match políticas, se voltea contra la gente y la vida cruje a tal el extremo que las sociedades donde ocurre, recuperan la normalidad a un alto costo. Hace unos años una diputada ucraniana, Natalia Korolévskaya presentó un proyecto de ley para prohibir el cara a cara en la cama porque “dificulta la concepción” y en su país “existe un déficit poblacional”. Lo dice basada en un “informe técnico”.

La ley irrumpiría en las habitaciones a exigir el “a tergo” o “pecorina”, como los paramilitares de Mussolini obligaban a los viandantes a tomar aceite de ricino sólo para reírse o un S.A humillaba a una pareja en su cena romántica y arrojaba cerveza en el rostro del galán. Pero el deseo de convivencia, libertad, democracia, pugna de un extremo a otro del planeta, a través de su razón instrumental, la política moderna de partidos.

La antipolítica, el populismo, las revoluciones, el caudillismo, son regresos en la máquina del tiempo, peligrosos intentos neandertales de retrasar los relojes. La democracia es la única forma de vivir decentemente y de resolver en paz los problemas del poder, usar la voluntad unida a la racionalidad, tomar decisiones para desintegrar la opresión. Decisiones obvias que no lo son para espectadores tontos, antipolíticos o aprendices. 

Schopenhauer a quien venimos citando en hilo dice que… “el mar truena, ilimitado… levanta y hunde rugientes montañas de agua… (entre ellas) va un remero en su bote, tranquilo pese a la debilidad de su embarcación”. Ese bote es la lucha del hombre por la felicidad. El futuro no se deja predecir por obviedades, es el desenlace de las decisiones y la voluntad que disuelve los obstáculos. La libertad se impone. El animal blando se impone.

Lea también: Humano, demasiado humano“, de Carlos Raúl Hernández



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Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

Carlos Raúl Hernández

La furia autoritaria esclavizó por milenios gente pacífica. Parecía salirse con la suya pero los seres de un día controlaron la hostilidad de la naturaleza, de sus congéneres y la que llevamos en la sangre. El hombre, “el animal blando”, como lo definió el sociólogo Arnold Gehlen, triunfa con la voluntad, la razón y la pasión. Error de las ciencias sociales creer que somos paja en el viento, juguetes de la fatalidad, las circunstancias, la sociedad o la historia. 

El animal blando - Carlos Raúl Hernández
Cortesía: El Universal

Si fuera así viviríamos aún aterrados en cuevas con herramientas de piedra. Aislados en una habitación un humano desnudo y una rata rabiosa, la pelea es pareja. Pero la criatura de físico vulnerable y espíritu poderoso, el homo sapiens desarrolló la inteligencia y mecanismos, tecnologías e instituciones para defenderse de fieras, de otras catervas y de sí mismo. El hombre es la voluntad, “la fuerza para sobreponerse… a toda costa”, dice otro pensador.

Para convivir instauraron tótem y tabú: esto se puede hacer, esto no. ¿Cómo vencieron “históricamente” a los vigorosos neandertales, animales duros, acorpados, hirsutos, agresivos, salvajes, con nariz chata de largo alcance? Pese al absurdo vegano nacido en hilachas de Derrida, las proteínas rojas desenvolvieron cerebro y manos del homo sapiens. Y según la antropología, el perro está entre los factores aleatorios que aceleraron la humanización.

Este animalito eliminaba las víboras que ponían en peligro las crías y sus madres lo amaron. Gracias a sus protectoras se hizo amigo de los machos, cazadores a los que suplió las deficiencias de olfato para atrapar presas, y así aumentaron la ingesta de carne. Pero según Ernst Gombrich, cumbre de la sociología del arte, un acontecimiento determinante y básico por encima de todos los demás, impulsó el salto definitivo del hominoide al hombre.

Gana Shakespeare

Fue el día que descubrió el sexo cara a cara, y de verse a los ojos, nació el sentimiento, que individualizó a la hembra y la liberó de ser el receptáculo que saciaba a cualquiera en la manada: “si la tocas te mato” se pronunció allí. Para ella transformó un acto violento, efímero e impersonal, tributo a los machos que la protegían y no podía evitar, en un momento de intimidad profunda y reparadora. Con ese nuevo vínculo recóndito, él enfrentaba las fieras con más fuerza, porque lo esperaba alguien que sentía parte de sí mismo y cuyo fantasma lo acompañaba. 

Pasa a ser la mujer y deja de ser hembra de la especie. Según Gombrich el milagro del sentimiento estalla en el arte rupestre. Eso se lo perdieron los pobres neandertales en su torpe bestialidad. Y avanza el conocimiento porque hasta entonces el embarazo era un suceso mágico, inexplicable, pero ahora comienza a entenderse el vínculo entre sexo y procreación. Algunos antropólogos heterodoxos piensan que, derrotados por los brillantes homo sapiens, se unieron a ellos, y hoy andan en el metro, los aviones y el poder. 

Sus nietos, lo digo para molestar, se arrebatan contra la sociedad. En vez de rugir insultan, el mismo rugido ahora articulado por el lenguaje. Su genética violenta y miope, desgracia la vida de las naciones. Instalan cárceles, torturas, allanamientos. Las instituciones “ponen bozal a las bestias de rapiña… con eso no mejoran moralmente, pero se hacen inofensivas como los herbívoros… La máquina social doma los egoísmos… en interés de la supervivencia”. Conciliar, discutir, tolerar, son hijos del avance humano. 

Neandertales al poder

Pero si la máquina social cae en manos de fieras match políticas, se voltea contra la gente y la vida cruje a tal el extremo que las sociedades donde ocurre, recuperan la normalidad a un alto costo. Hace unos años una diputada ucraniana, Natalia Korolévskaya presentó un proyecto de ley para prohibir el cara a cara en la cama porque “dificulta la concepción” y en su país “existe un déficit poblacional”. Lo dice basada en un “informe técnico”.

La ley irrumpiría en las habitaciones a exigir el “a tergo” o “pecorina”, como los paramilitares de Mussolini obligaban a los viandantes a tomar aceite de ricino sólo para reírse o un S.A humillaba a una pareja en su cena romántica y arrojaba cerveza en el rostro del galán. Pero el deseo de convivencia, libertad, democracia, pugna de un extremo a otro del planeta, a través de su razón instrumental, la política moderna de partidos.

La antipolítica, el populismo, las revoluciones, el caudillismo, son regresos en la máquina del tiempo, peligrosos intentos neandertales de retrasar los relojes. La democracia es la única forma de vivir decentemente y de resolver en paz los problemas del poder, usar la voluntad unida a la racionalidad, tomar decisiones para desintegrar la opresión. Decisiones obvias que no lo son para espectadores tontos, antipolíticos o aprendices. 

Schopenhauer a quien venimos citando en hilo dice que… “el mar truena, ilimitado… levanta y hunde rugientes montañas de agua… (entre ellas) va un remero en su bote, tranquilo pese a la debilidad de su embarcación”. Ese bote es la lucha del hombre por la felicidad. El futuro no se deja predecir por obviedades, es el desenlace de las decisiones y la voluntad que disuelve los obstáculos. La libertad se impone. El animal blando se impone.

Lea también: "Humano, demasiado humano", de Carlos Raúl Hernández

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