¿En qué se parece lo que se vive en Venezuela a un thriller de acción y suspenso? – Floralicia Anzola

publicado el 28/06/19 por Michelle Rodríguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , , , , ,

Por: Floralicia Anzola

Floralicia Anzola

Podríamos decir muchas cosas. Por ejemplo, lo evidente que son los villanos: Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez, Tarek William Saab y el Tarek El Aissami. Iris Valera, Diosdado Cabello, Cilia Flores.

Como buena producción de acción, se presentan iniciativas inesperadas con desenlaces inimaginables: atentados atroces como el perpetrado contra Óscar Pérez, la explosión de un dron improvisado en plena parada militar, la juramentación de un presidente encargado que cambia el ambiente político y mueve masas, el intento de levantamiento militar que no fue pero que permitió la libertad de Leopoldo López, un preso político a quién no veíamos desde el 2014.

Pero, definitivamente de tantas historias y personajes, hay uno que sin duda nos conecta de una forma muy especial. Se trata de Iván Simonovis, el ex director de seguridad pública de Caracas, uno de los  presos políticos por más tiempo restringido de libertad del régimen de Maduro. 

Fueron 15 años, 10 de ellos, en una celda, sin ventanas, de 2 X 2 metros. Iván fue inculpado, encarcelado y sentenciado a 30 años de cárcel, junto a otros 5 policías aún presos,  por supuestamente, haber ordenado disparar contra manifestantes chavistas en el fallido intento de golpe de estado del 2002. 

Su esposa, Bony Simonovis, desde entonces levantó la voz en una campaña constante, digna y ejemplarizante, por obtener visibilidad y lograr la libertad o por lo menos, la defensa de sus derechos mínimos.

Tanto Bony como Iván encierran las virtudes que se requieren en una historia para contraponerse al mal. Son fuertes, luchadores, de buen ver, de valores a toda prueba. Su firmeza ha sido un verdadero ejemplo para los venezolanos. 

La Associated Press de la mano del periodista Joshua Goodman, narra su escape. Todo comenzó “a altas horas de la noche del 16 de mayo. Dentro de una pequeña bolsa llevaba una linterna, una navaja de bolsillo, una copia de su sentencia judicial y una biografía del astronauta estadounidense Neil Armstrong”.  

El reportaje recoge las acciones de Iván. Se lanzó a rapel por una pared de 25 metros, en la oscuridad de la noche. Recorrió carreteras y alcabalas por varios días. Se ocultó en casas abandonadas. Se mantuvo a flote en un bote de pesca que se quedó sin gasolina y finalmente. Co-piloteó un jet para llegar a Estados Unidos, donde reaparece bajo la estatua de Simón Bolívar. En este momento de la historia no podemos sino aplaudir de pie. Sentirnos emocionados pues pudo burlar al régimen, pudo demostrar la debilidad de quienes se creen con un poder eterno, pudo mostrarnos a todos un camino.

Hoy, Ivan Simonovis regresa como un personaje de Alejandro Dumás, es un hombre libre, cuenta con el indulto de Juan Guaidó, el presidente encargado, para rehacer su vida.  Simonovis es un hombre nuevo, ha dicho  a Associated Press que aportará su experiencia policial para “ayudar a las autoridades estadounidenses a investigar la corrupción, el tráfico de drogas y los presuntos vínculos con grupos terroristas por parte de funcionarios venezolanos”.

¿Su venganza? Es la ley, es la lucha, es desnudar al régimen, es hacer que todos veamos su vulnerabilidad, que todos sepamos que llega un momento en nuestras vidas que el riesgo a asumir es más valioso que el miedo a perder nuestra propia dignidad y la vida.

“Llega un momento en que tienes que arriesgarlo todo”, dijo Simonovis, tomando la brisa de verano bajo la sombra del monumento a Washington, nos relata Joshua Goodman.

“Cuando salí de mi casa, había dos resultados posibles: o lo pierdo todo o gano mi libertad”, dijo. “Pero si me hubiera quedado, simplemente me habría hundido cada día más en un mar de desesperación”.

En el futuro cuando todos seamos de nuevo libres en Venezuela y volvamos la vista atrás, estoy seguro, que entre nuestros próceres, estará el propio Iván Simonovis.

Quizás algún venezolano una tarde fresca cualquiera se tome una foto similar. Pero bajo la estatua de un policía verdaderamente excepcional.

Lea también: Una pausa necesaria“, de Floralicia Anzola

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Por: Floralicia Anzola

Floralicia Anzola

Podríamos decir muchas cosas. Por ejemplo, lo evidente que son los villanos: Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez, Tarek William Saab y el Tarek El Aissami. Iris Valera, Diosdado Cabello, Cilia Flores.

Como buena producción de acción, se presentan iniciativas inesperadas con desenlaces inimaginables: atentados atroces como el perpetrado contra Óscar Pérez, la explosión de un dron improvisado en plena parada militar, la juramentación de un presidente encargado que cambia el ambiente político y mueve masas, el intento de levantamiento militar que no fue pero que permitió la libertad de Leopoldo López, un preso político a quién no veíamos desde el 2014.

Pero, definitivamente de tantas historias y personajes, hay uno que sin duda nos conecta de una forma muy especial. Se trata de Iván Simonovis, el ex director de seguridad pública de Caracas, uno de los  presos políticos por más tiempo restringido de libertad del régimen de Maduro. 

Fueron 15 años, 10 de ellos, en una celda, sin ventanas, de 2 X 2 metros. Iván fue inculpado, encarcelado y sentenciado a 30 años de cárcel, junto a otros 5 policías aún presos,  por supuestamente, haber ordenado disparar contra manifestantes chavistas en el fallido intento de golpe de estado del 2002. 

Su esposa, Bony Simonovis, desde entonces levantó la voz en una campaña constante, digna y ejemplarizante, por obtener visibilidad y lograr la libertad o por lo menos, la defensa de sus derechos mínimos.

Tanto Bony como Iván encierran las virtudes que se requieren en una historia para contraponerse al mal. Son fuertes, luchadores, de buen ver, de valores a toda prueba. Su firmeza ha sido un verdadero ejemplo para los venezolanos. 

La Associated Press de la mano del periodista Joshua Goodman, narra su escape. Todo comenzó “a altas horas de la noche del 16 de mayo. Dentro de una pequeña bolsa llevaba una linterna, una navaja de bolsillo, una copia de su sentencia judicial y una biografía del astronauta estadounidense Neil Armstrong”.  

El reportaje recoge las acciones de Iván. Se lanzó a rapel por una pared de 25 metros, en la oscuridad de la noche. Recorrió carreteras y alcabalas por varios días. Se ocultó en casas abandonadas. Se mantuvo a flote en un bote de pesca que se quedó sin gasolina y finalmente. Co-piloteó un jet para llegar a Estados Unidos, donde reaparece bajo la estatua de Simón Bolívar. En este momento de la historia no podemos sino aplaudir de pie. Sentirnos emocionados pues pudo burlar al régimen, pudo demostrar la debilidad de quienes se creen con un poder eterno, pudo mostrarnos a todos un camino.

Hoy, Ivan Simonovis regresa como un personaje de Alejandro Dumás, es un hombre libre, cuenta con el indulto de Juan Guaidó, el presidente encargado, para rehacer su vida.  Simonovis es un hombre nuevo, ha dicho  a Associated Press que aportará su experiencia policial para “ayudar a las autoridades estadounidenses a investigar la corrupción, el tráfico de drogas y los presuntos vínculos con grupos terroristas por parte de funcionarios venezolanos”.

¿Su venganza? Es la ley, es la lucha, es desnudar al régimen, es hacer que todos veamos su vulnerabilidad, que todos sepamos que llega un momento en nuestras vidas que el riesgo a asumir es más valioso que el miedo a perder nuestra propia dignidad y la vida.

“Llega un momento en que tienes que arriesgarlo todo”, dijo Simonovis, tomando la brisa de verano bajo la sombra del monumento a Washington, nos relata Joshua Goodman.

“Cuando salí de mi casa, había dos resultados posibles: o lo pierdo todo o gano mi libertad”, dijo. “Pero si me hubiera quedado, simplemente me habría hundido cada día más en un mar de desesperación”.

En el futuro cuando todos seamos de nuevo libres en Venezuela y volvamos la vista atrás, estoy seguro, que entre nuestros próceres, estará el propio Iván Simonovis.

Quizás algún venezolano una tarde fresca cualquiera se tome una foto similar. Pero bajo la estatua de un policía verdaderamente excepcional.

Lea también: "Una pausa necesaria", de Floralicia Anzola

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