El lobo solitario – Soledad Morillo Belloso

publicado el 11/08/16 por Ana Forero en El espacio de mis amigos Etiquetas:, ,

Por: Soledad Morillo Belloso

Cuando los gobiernos populistas y demagógicos pierden el fervor demk9HMijk_400x400 las masas recurren a los gruñidos de lobo solitario. Salivan. Clavan la mirada en la gente y la miran como presa y no ya como manada a la cual liderar. Eso es de librito. Sociología Política  101. Podríamos dar miles de ejemplos de ello en todos los continentes y todos los tiempos.

A diferencia de lo que algunos puedan pensar, la esperanza no es algo etéreo, intangible. No es apenas un término bonito, romántico, con el cual escribir versos amorosos. La esperanza es, por el contrario, un constructo fuerte en la narrativa de un pueblo, de la sociedad como amalgamado grupo. La esperanza es una pared, muralla más bien, que esa sociedad erige con sólidos ladrillos hechos de “ya basta”, de “no más”, de “se acabó”. La esperanza es la mirada que se posa en el horizonte y, desafiando todas las leyes de la lógica y la física, lo trae de ese mañana inalcanzable a un hoy de carne y hueso. Cuando la esperanza se cuela por las rendijas de la sociedad maltratada, va perfumando lo inmundo, lo hediondo, lo putrefacto. Y va limpiando. Se convierte en energía transformadora, tan poderosa que se lleva por delante, o más bien derrite, el absurdo que el salivante lobo quiere imponer con sus gruñidos y mordiscos. La esperanza no es, por cierto, algo suave o simplón. La esperanza es escribir una profecía cincelando sobre piedra.

Los regímenes autocráticos, autoritarios, tiránicos, o como los quieran llamar, temen a la esperanza. Porque ella no es una saeta extraviada que cruza el aire; es una enorme cantidad de flechas directas al corazón de ese gigante enano que es el poder. A diferencia de esos modelos arcaicos de guerra a los cuales es tan afecto, este régimen tiene frente a sí algo que es un adversario poderoso al cual no entiende y por tanto no tiene la menor idea cómo enfrentar. El soldado que no pudo sostenerme la mirada cuando ayer con ella le reclamé la arbitrariedad al él obligar a que le vendieran a su gente en el mercado en privilegio atrabiliario sobre los muchos que habían llegado primero y llevaban horas en cola. Ese gesto de debilidad del soldado es una metáfora de la descomposición.

El régimen sabe que si se llega al RR, no a la fecha como tal de la votación sino a la mera fijación de la fecha de la recolecta del 20% de manifestaciones de voluntades para la convocatoria de la consulta constitucional, se ha escrito su obituario y el epitafio de toda esta estrafalaria historia. Saben bien esos dos mil o menos que se agarraron este país que el RR no es fin, es camino. De allí la declaración impresentable del CNE, pretendiendo matar al convocante, a saber, inhabilitar a la MUD. Eso es matar al heraldo que lleva el mensaje
Al hacerlo, ¿se acaba el mensaje o se derrota al emisor? No. El régimen se comporta como guerrillero, no como poder de estado. Actúa como lobo solitario. Sin liderazgo. Un lobo que perdió el favor y reconocimiento de su manada y no tiene el respeto de otras manadas. Se burló de los suyos. Cazó en solitario. Comió solo. No compartió. Vio con desprecio a las crías, a las madres de los lobeznos y a los viejos lobos y, además, expulsó a los lobos jóvenes. Un lobo solitario puede hacer mucho daño. Pero jamás tendrá el poder de la manada.

Ya puede venir cualquier vocero del régimen a decir o decidir lo que se le venga en gana. ¿Qué tiene? Una chequera devaluada. Una corrupción nauseabunda. La negativa de los prestamistas serios lo cual lo hace caer en las garras de los usureros. Unos militares que hoy son vistos como ejército de ocupación con tufo insoportable a Boves del siglo XXI y corte de pelo norcoreano. Tiene también la ensordecedora queja de millones que no consiguen ni lo más elemental para la supervivencia; el llanto inconsolable de los padres de niños que enferman, que no reciben las medicinas necesarias y que caen como pajaritos en mengua en la más patética red de servicios de salud de toda América Latina y más allá. Tiene un cartapacio de excusas que no convence a las millones de personas que se hartaron de esperar que al menos una de las toneladas de promesas se hiciera realidad. Unos presos políticos a quienes no logra quebrar. Un pueblo que de la fe ciega pasó a la atonía y de allí al ” me cayó la locha”. Porque acabó con la lucha por la locha de la leche.

Así queda de bulto que el lobo solitario se expone como lo que es: una fiera… cobarde. No valen ya los ayayayes. Ni los mazazos. Ni los lecos destemplados en templetes. La mirada pintada por doquier se convirtió en hiriente. Porque unos ojos que no saben acompañar las lágrimas del pueblo mal pueden ser el emblema que se compre cuando el hambre y el dolor acucian. Abandono gritan esos ojos. Eso va quedando de este psicodrama suicida.

El lobo solitario puede, si recupera un atisbo de sensatez, acercarse con la cabeza gacha a la manada y aceptar que ya no puede ni podrá jamás ser el líder. O puede mudarse a otro territorio. De lo contrario, no será un cazador experto quien acabe con él. La manada lo acechará, lo cazará y acabará con él.

[email protected]com
@solmorillob



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Por: Soledad Morillo Belloso

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A diferencia de lo que algunos puedan pensar, la esperanza no es algo etéreo, intangible. No es apenas un término bonito, romántico, con el cual escribir versos amorosos. La esperanza es, por el contrario, un constructo fuerte en la narrativa de un pueblo, de la sociedad como amalgamado grupo. La esperanza es una pared, muralla más bien, que esa sociedad erige con sólidos ladrillos hechos de "ya basta", de "no más", de "se acabó". La esperanza es la mirada que se posa en el horizonte y, desafiando todas las leyes de la lógica y la física, lo trae de ese mañana inalcanzable a un hoy de carne y hueso. Cuando la esperanza se cuela por las rendijas de la sociedad maltratada, va perfumando lo inmundo, lo hediondo, lo putrefacto. Y va limpiando. Se convierte en energía transformadora, tan poderosa que se lleva por delante, o más bien derrite, el absurdo que el salivante lobo quiere imponer con sus gruñidos y mordiscos. La esperanza no es, por cierto, algo suave o simplón. La esperanza es escribir una profecía cincelando sobre piedra.

Los regímenes autocráticos, autoritarios, tiránicos, o como los quieran llamar, temen a la esperanza. Porque ella no es una saeta extraviada que cruza el aire; es una enorme cantidad de flechas directas al corazón de ese gigante enano que es el poder. A diferencia de esos modelos arcaicos de guerra a los cuales es tan afecto, este régimen tiene frente a sí algo que es un adversario poderoso al cual no entiende y por tanto no tiene la menor idea cómo enfrentar. El soldado que no pudo sostenerme la mirada cuando ayer con ella le reclamé la arbitrariedad al él obligar a que le vendieran a su gente en el mercado en privilegio atrabiliario sobre los muchos que habían llegado primero y llevaban horas en cola. Ese gesto de debilidad del soldado es una metáfora de la descomposición.

El régimen sabe que si se llega al RR, no a la fecha como tal de la votación sino a la mera fijación de la fecha de la recolecta del 20% de manifestaciones de voluntades para la convocatoria de la consulta constitucional, se ha escrito su obituario y el epitafio de toda esta estrafalaria historia. Saben bien esos dos mil o menos que se agarraron este país que el RR no es fin, es camino. De allí la declaración impresentable del CNE, pretendiendo matar al convocante, a saber, inhabilitar a la MUD. Eso es matar al heraldo que lleva el mensaje Al hacerlo, ¿se acaba el mensaje o se derrota al emisor? No. El régimen se comporta como guerrillero, no como poder de estado. Actúa como lobo solitario. Sin liderazgo. Un lobo que perdió el favor y reconocimiento de su manada y no tiene el respeto de otras manadas. Se burló de los suyos. Cazó en solitario. Comió solo. No compartió. Vio con desprecio a las crías, a las madres de los lobeznos y a los viejos lobos y, además, expulsó a los lobos jóvenes. Un lobo solitario puede hacer mucho daño. Pero jamás tendrá el poder de la manada.

Ya puede venir cualquier vocero del régimen a decir o decidir lo que se le venga en gana. ¿Qué tiene? Una chequera devaluada. Una corrupción nauseabunda. La negativa de los prestamistas serios lo cual lo hace caer en las garras de los usureros. Unos militares que hoy son vistos como ejército de ocupación con tufo insoportable a Boves del siglo XXI y corte de pelo norcoreano. Tiene también la ensordecedora queja de millones que no consiguen ni lo más elemental para la supervivencia; el llanto inconsolable de los padres de niños que enferman, que no reciben las medicinas necesarias y que caen como pajaritos en mengua en la más patética red de servicios de salud de toda América Latina y más allá. Tiene un cartapacio de excusas que no convence a las millones de personas que se hartaron de esperar que al menos una de las toneladas de promesas se hiciera realidad. Unos presos políticos a quienes no logra quebrar. Un pueblo que de la fe ciega pasó a la atonía y de allí al " me cayó la locha". Porque acabó con la lucha por la locha de la leche.

Así queda de bulto que el lobo solitario se expone como lo que es: una fiera... cobarde. No valen ya los ayayayes. Ni los mazazos. Ni los lecos destemplados en templetes. La mirada pintada por doquier se convirtió en hiriente. Porque unos ojos que no saben acompañar las lágrimas del pueblo mal pueden ser el emblema que se compre cuando el hambre y el dolor acucian. Abandono gritan esos ojos. Eso va quedando de este psicodrama suicida.

El lobo solitario puede, si recupera un atisbo de sensatez, acercarse con la cabeza gacha a la manada y aceptar que ya no puede ni podrá jamás ser el líder. O puede mudarse a otro territorio. De lo contrario, no será un cazador experto quien acabe con él. La manada lo acechará, lo cazará y acabará con él.

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