MUD – Fernando Rodríguez

Por: Fernando Rodríguez

Si la MUD cesase de existir, como algunos “opositores” aspiran, estedescarga (2) gobierno terminaría de enterrar el país. Cada vez que se produce en ella un traspié o una equivocación, inevitables en todo quehacer colectivo, una banda histérica pide su cabeza, la acusa de los pecados más viles y le atribuye una alta cuota de las culpas de los males que carcomen la nación. No importa que al lado del real o supuesto desatino ocasional existan los más loables y objetivos aciertos, igual se pide el cepo para la detestada mesa. Por ejemplo, el que se haya producido un mal manejado (y autocriticado, ojo) diálogo secreto con el gobierno, en momentos en que se venía de la monumental concentración del 1° de septiembre, sirvió para que las agresivas aves de rapiña se lanzaran sobre la presa. O, apenas ayer, bastaron las siniestras medidas del CNE para el revocatorio para que se declarara la derrota de aguerridos meses de empeño y la necesidad de buscar otras instituciones y otros caminos.

Pero en este último caso fue la misma MUD la que elaboró una recia política para enfrentar el atropello despótico. Lo cual los silenciará por un rato. Anotemos que esta nueva estrategia tiene grandes virtudes, sean cuales fuesen sus resultados, siempre posibles: ha sido profundamente, inesperadamente, unitaria: María Corina incluida, Capriles rompiendo una lanza por Leopoldo, Falcón ubicándose sin equívocos… No hay duda de que va a movilizar gente en gruesas cantidades, ya veremos el 12 de octubre. Su argumento central sobre el 20% nacional es tan inobjetable o, lo que es lo mismo, el del gobierno es tan absurdo constitucional y lógicamente que no debería sino prevalecer. En fin, que la MUD está más viva y activa que nunca. Y en más de un frente; hoy Capriles celebra, por primera vez que recuerde, el sendero del diálogo por la mediación vaticana. El diálogo cada vez más digerible, si miramos al lado, a Colombia, y un poquito más lejos, a los hijos y nietos de Fidel embelesados por el Internet y por el Norte promisorio.

Pero ¿quiénes son esos sujetos que hacen tanto ruido y cuya función parece ser desmoralizar a los que quieren salir de esta podredumbre en que vivimos? Difícil decirlo. Hay técnicos en el juego sucio que no se sabe a quién sirven. Descocados de siempre que viven del desenfreno. Intelectuales necios que posan en solitario porque no les gustan las fotos en grupo. Muchos hablan sin límites, pero desde la ciudad de Miami, sin temer los grillos de Leopoldo o Ceballos ni los asedios incesantes contra otros. Seguramente algunos desesperados, de buena ley. En general, tienen en común que, además de denigrar de las tibiezas y supuestas complicidades de la MUD, una obsesiva pasión por las redes, la creencia en todas las “leyendas urbanas” sobre el gobierno y la oposición, buena parte viven en urbanizaciones confortables, o en un exilio autodecretado. Jamás han hablado de una solución coherente que no sea el disfrazado golpe de Estado o una onanista ilusión del pueblo, sin ellos, claro, lanzándose a conquistar todas las plazas y los recintos del poder. Son la antipolítica, pues.

En estos días les ha dado por inventar otra MUD en la que prevalezca lo civil. Señores, la política la hacen los políticos, como los empresarios hacen empresas y los futbolistas meten goles. Si lo hacen mal, hay que buscar nuevos políticos, no hay otra manera. Si de algo padeció la fenecida Coordinadora Democrática es de quedar, en buena medida, en manos apolíticas, de poderosos o aficionados. En principio, los medios y empresarios que hicieron despóticamente lo que todos sabemos. Pero también los sopotocientos vecinos de San Román o la asociación de amigos de Maturín tratando de hacer un programa de gobierno, dígame usted. Lo que no quiere decir que no haya que recurrir a cualquier ciudadano organizado, y hasta solitario, que pueda ilustrar o empujar la causa. Eso se hizo cabalmente en esta última jornada referendaria.

Hasta que algunas mentes lúcidas, hay que recordar a Teodoro Petkoff necesariamente, decidieron que el camino era electoral y la rectoría del movimiento debería ser de los maltrechos partidos políticos, pero políticos. Y por esos predios andamos, mayoritarios, con sindéresis, empujando la esperanza.

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