Sordina – Jean Maninat

publicado el 20/09/19 por Michelle Rodríguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , , , ,

Por: Jean Maninat

Jean Maninat

El entusiasmo por el tema venezolano se ha ido disipando lentamente en la prensa internacional y cada vez se hace más difícil encontrar referencias a los esfuerzos internos por recuperar la democracia. Con la excepción de algunos medios impresos de España, hay un mutismo generalizado que huele a hartazgo. Recientemente, el New York Times mencionó los temas de mayor jerarquía que enfrentaría la administración del presidente Trump tras la intempestiva partida de Bolton. Ni de lejos se mencionaba Venezuela. (Sí, hubo un cotilleo acerca de un rifirrafe entre los dos sobre quien era más duro en el tema, y más nada)

Luego de la explosión de cobertura en los primeros meses del año, con los picos de febrero y abril, luego de las grandes expectativas que se crearon con el nombramiento de una presidencia encargada y el apoyo de 50 países y tantos que recibió, los medios y las instituciones internacionales han vuelto la mirada hacia asuntos más prioritarios.

Boris Johnson y el Brexit, el inefable Putin que en todo está, las chiquilladas de Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias que tienen a España en vilo, las instalaciones petroleras humeantes en Arabia Saudita, el Rocket Man de Corea del Norte, y la sorpresa cotidiana que nos depara la Casa Blanca, copan los medios de información internacionales. Ah, y si  acaso algo Río Grande abajo, el destino incierto de Argentina o la última bufonada de Bolsonaro. Hace ya un buen tiempo que el tema de Venezuela dejó de titilar con fuerza en los radares informativos.

No puede causar sorpresa el desentendimiento -¿aburrimiento?-. Luego del paroxismo, de la emotividad extrema, de las promesas de cambio inminente en el humor de las Fuerzas Armadas, del ta’ listo ya, del escozor en los ojos de tanto otear el horizonte tras portaviones fantasmas, viene el bajón, la hipoglucemia, el desinterés: ¡Otra vez con el mismo cuento! Y las redacciones pasan de largo el asunto, los enviados especiales no hacen escala ni en Los Roques, ni los amigos preguntan: ¿Cómo sigue la situación en tu país? Y la verdad, das gracias de no tener que responder…

Esa sordina debería preocupar a los líderes de la oposición, pues es un reflejo de la carencia de pertinencia de sus políticas y de la fragilizada relevancia de la que gozan hoy día. Y la actual degollina, en nada ayuda.

Lea también: Elogio al cuadro medio“, de Jean Maninat



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Por: Jean Maninat

Jean Maninat

El entusiasmo por el tema venezolano se ha ido disipando lentamente en la prensa internacional y cada vez se hace más difícil encontrar referencias a los esfuerzos internos por recuperar la democracia. Con la excepción de algunos medios impresos de España, hay un mutismo generalizado que huele a hartazgo. Recientemente, el New York Times mencionó los temas de mayor jerarquía que enfrentaría la administración del presidente Trump tras la intempestiva partida de Bolton. Ni de lejos se mencionaba Venezuela. (Sí, hubo un cotilleo acerca de un rifirrafe entre los dos sobre quien era más duro en el tema, y más nada)

Luego de la explosión de cobertura en los primeros meses del año, con los picos de febrero y abril, luego de las grandes expectativas que se crearon con el nombramiento de una presidencia encargada y el apoyo de 50 países y tantos que recibió, los medios y las instituciones internacionales han vuelto la mirada hacia asuntos más prioritarios.

Boris Johnson y el Brexit, el inefable Putin que en todo está, las chiquilladas de Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias que tienen a España en vilo, las instalaciones petroleras humeantes en Arabia Saudita, el Rocket Man de Corea del Norte, y la sorpresa cotidiana que nos depara la Casa Blanca, copan los medios de información internacionales. Ah, y si  acaso algo Río Grande abajo, el destino incierto de Argentina o la última bufonada de Bolsonaro. Hace ya un buen tiempo que el tema de Venezuela dejó de titilar con fuerza en los radares informativos.

No puede causar sorpresa el desentendimiento -¿aburrimiento?-. Luego del paroxismo, de la emotividad extrema, de las promesas de cambio inminente en el humor de las Fuerzas Armadas, del ta’ listo ya, del escozor en los ojos de tanto otear el horizonte tras portaviones fantasmas, viene el bajón, la hipoglucemia, el desinterés: ¡Otra vez con el mismo cuento! Y las redacciones pasan de largo el asunto, los enviados especiales no hacen escala ni en Los Roques, ni los amigos preguntan: ¿Cómo sigue la situación en tu país? Y la verdad, das gracias de no tener que responder…

Esa sordina debería preocupar a los líderes de la oposición, pues es un reflejo de la carencia de pertinencia de sus políticas y de la fragilizada relevancia de la que gozan hoy día. Y la actual degollina, en nada ayuda.

Lea también: "Elogio al cuadro medio", de Jean Maninat

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