Un secuestrado en desobediencia – Luis Carlos Díaz

publicado el 23/06/17 por Laura Rodriguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, ,

Por: Luis Carlos Díaz

Anunciaron la activación del fantasmagórico artículo 350 de la Constitución y te sentiste más solo, más a tu suerte, explorando por tu cuenta los límites de la desobediencia, si acaso existen.
¿Dónde empieza y dónde termina la resistencia no-violenta? ¿Sabes hacer otra cosa? ¿Por qué la “paz” convoca tantas interpretaciones diversas?

No sabes dónde terminas tú y dónde empieza el Estado. No consigues rincón en el que la política no se haya metido. La llevas dentro. Pero estás solo porque en el fondo sabes que también los políticos actúan bajo un escenario de incertidumbre que los iguala a ti. Eso no siempre es bueno.

¿Se puede desconocer a un secuestrador mientras te apunta? Todo lo que se haga frente a él es un desafío. Hace rato entendimos que el problema no es lo que digamos, ni qué tan fuerte lo digamos [y mira que hemos dicho cosas]. El problema no es lo que hacemos ni la contundencia que podemos lograr en lo que hacemos [y mira que hemos hecho]. El problema para el secuestrador es que existimos. Es que nos resistimos. Esa es la factura que le resulta insaciable al poder y por eso no le pone límites al horror.

Puede matarte. Puede dispararle a tu perro mientras allana tu casa. Puede usar armamento no letal para ser letal. Puede fabricar cartuchos con metras para no dejar rastro. Puede llevarte ante un tribunal militar y encarcelarte sin derecho a la defensa por el hecho de existir. Todo lo hace. Todo nos lo hacen. Y seguimos insistiendo porque no sabemos hacer otra cosa. La mansedumbre quedó para los beneficiarios del asalto. Los cómplices.

Pero desconocerlo no es dejar de medir cada uno de sus movimientos ni de escuchar sus crujidos. Más bien el momento obliga a conocerlo más a fondo. Saber que el poder acelera su endurecimiento mientras la mayoría está desinformada, bajo asedio o muy ocupada buscándose la vida.

Resulta que la desobediencia no se anuncia exactamente: se decide. Se ejecuta. Se vive de manera que transforma las nuevas rutinas con otro filtro. Más a tu suerte. Pero quizás no tan solo como pareciera, porque más gente se pregunta, más gente interpela, porque dices “somos más” y sabes que no mientes.

@LuisCarlos



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Por: Luis Carlos Díaz

Anunciaron la activación del fantasmagórico artículo 350 de la Constitución y te sentiste más solo, más a tu suerte, explorando por tu cuenta los límites de la desobediencia, si acaso existen.
¿Dónde empieza y dónde termina la resistencia no-violenta? ¿Sabes hacer otra cosa? ¿Por qué la "paz" convoca tantas interpretaciones diversas?
No sabes dónde terminas tú y dónde empieza el Estado. No consigues rincón en el que la política no se haya metido. La llevas dentro. Pero estás solo porque en el fondo sabes que también los políticos actúan bajo un escenario de incertidumbre que los iguala a ti. Eso no siempre es bueno.
¿Se puede desconocer a un secuestrador mientras te apunta? Todo lo que se haga frente a él es un desafío. Hace rato entendimos que el problema no es lo que digamos, ni qué tan fuerte lo digamos [y mira que hemos dicho cosas]. El problema no es lo que hacemos ni la contundencia que podemos lograr en lo que hacemos [y mira que hemos hecho]. El problema para el secuestrador es que existimos. Es que nos resistimos. Esa es la factura que le resulta insaciable al poder y por eso no le pone límites al horror.
Puede matarte. Puede dispararle a tu perro mientras allana tu casa. Puede usar armamento no letal para ser letal. Puede fabricar cartuchos con metras para no dejar rastro. Puede llevarte ante un tribunal militar y encarcelarte sin derecho a la defensa por el hecho de existir. Todo lo hace. Todo nos lo hacen. Y seguimos insistiendo porque no sabemos hacer otra cosa. La mansedumbre quedó para los beneficiarios del asalto. Los cómplices.
Pero desconocerlo no es dejar de medir cada uno de sus movimientos ni de escuchar sus crujidos. Más bien el momento obliga a conocerlo más a fondo. Saber que el poder acelera su endurecimiento mientras la mayoría está desinformada, bajo asedio o muy ocupada buscándose la vida.
Resulta que la desobediencia no se anuncia exactamente: se decide. Se ejecuta. Se vive de manera que transforma las nuevas rutinas con otro filtro. Más a tu suerte. Pero quizás no tan solo como pareciera, porque más gente se pregunta, más gente interpela, porque dices "somos más" y sabes que no mientes.
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