El anillo del tiburón – Mari Montes

El anillo del tiburón - Mari Montes
Anillo de la Serie Mundial de 2019 de los Nacionales de Washington. Cortesía: MLB.com

Publicado en: Prodavinci

Por: Mari Montes

Desde siempre, los anillos han significado unión, alianza, grupo, compromiso, logro. Antes de ser una joya y símbolo de riqueza, el anillo servía para unificar y distinguir a quienes compartían actividades como la siembra o la caza.

El aro también significa eternidad. Por eso es el símbolo del compromiso de una pareja, refleja el amor de dos que quieren compartir sus vidas para siempre, aunque al final los anillos terminen en una tienda de empeños.

Los graduados lucen orgullosos sus sortijas, significan el logro, la culminación de una meta.

Hay anillos legendarios, de piedras preciosas increíbles. Entre los más famosos está la alianza que entregó Richard Burton a Elizabeth Taylor en una de sus bodas, el anillo de compromiso más caro del mundo. El aro elaborado en 1920, con un diamante central en talla Assher de más de treinta y tres quilates, conocido como como el Diamante Krupp. Es descrito como una estructura perfecta. En 2011, tras su muerte, fue llamado “The Elizabeth Taylor Diamond” y fue subastado por nueve millones seiscientos mil dólares.

Las casas de subasta renuevan constantemente sus catálogos de piezas valiosas, diseños únicos, joyas que pueden alcanzar millones para los coleccionistas, sobre todo por la fama de quien lo usó antes.

Días atrás, el scout de los Astros de Houston, David Brito, puso en el mercado el anillo conseguido en 2017. La agencia Goldin Auctions es la encargada de llevar adelante el proceso. No es un anillo igual al recibido por los jugadores, pero es un aro de oro, diamantes y zafiros naranjas y azules, que pesa setenta y tres gramos y 7 onzas. La subasta inició a mediados de abril en seis mil dólares.

El anillo del tiburón - Mari Montes
Reloj de la Serie Mundial de 1923 de los Yankees de Nueva York.
Cortesía: Prodavinci

Es impresionante la cantidad de anillos de Serie Mundial que han sido subastados. En julio de 2017, ESPN reportó la venta por más de dos millones de dólares del anillo que ganó Babe Ruth con los Yankees de 1927, considerados por muchos, la mejor edición de la franquicia del Bronx. El dueño del precioso objeto era el actor Charlie Sheen. Un año antes, el anillo de la Serie Mundial de 1963, que fue de Don Dyrsdale, fue vendido por ciento diez mil dólares durante una subasta de objetos del legendario lanzador de los Dodgers. En 2007, el anillo que ganó Casey Stengel con los Yankees en 1951, se vendió por ciento ochenta mil dólares.

La primera vez que se entregaron anillos a los ganadores de la Serie Mundial de las Grandes Ligas, fue en 1922. Los Gigantes de Nueva York entregaron una sortija de oro amarillo de catorce kilates, con un diamante blanco en el centro con grabados a los lados de dos bates cruzados, una pelota y un guante, la inscripción “Gigantes”, el año y unas hojas de laurel.

Al año siguiente los Yankees entregaron lujosos relojes de bolsillo. Antes se entregaban relojes, prendedores, corbatas y medallas. Por eso no es exacto decir que los Yankees tienen veintisiete anillos, en verdad son veintiséis y un reloj de bolsillo, Gruen-Verithen. El reloj que perteneció a Babe Ruth fue vendido por Heritage en febrero de 2014, por setecientos diecisiete mil dólares.

A partir de 1926, se comenzaron a entregar año tras año a los campeones.

El pasado domingo 24 de mayo, los Nacionales de Washington exhibieron los anillos de los Campeones 2019. La fecha no fue elegida al azar.

El 24 de mayo de 2019, Washington tenía récord de diecinueve y treinta y uno y ese día inició el cambio de la suerte. La columna de las victorias comenzó a crecer hasta coronar la Serie Mundial.

He tenido el privilegio de ver todos los anillos en el Museo y Salón de la Fama de Cooperstown y este de los Nats, es el que mejor resume cómo consiguieron ser los mejores:

Extraemos de un artículo de ESPN, la descripción de todo lo que significan los detalles del anillo, diseño de la joyería Jostens:

⁃ El logotipo cursivo «W» tiene treinta rubíes, que representan las treinta carreras que Washington anotó en sus cuatro victorias en la Serie Mundial sobre los Astros.

⁃ Rodeando el logotipo de los Nacionales hay un anillo de treinta y dos zafiros, la suma total en 2019 con victorias walk-off (siete), victorias de blanqueada (trece), racha ganadora más larga (ocho juegos) y rondas de postemporada ganadas (cuatro).

⁃ Hay ciento ocho diamantes adicionales, que simbolizan las ciento cinco victorias de temporada regular y postemporada del equipo, más uno para el campeonato de la Serie Mundial y dos más en un guiño a la historia de la franquicia como los Montreal Expos y los Washington Nationals.

⁃ Hay doce rubíes en cada extremo (el número total de victorias de postemporada del equipo) para sujetar el nombre del jugador.

⁃ El anillo también representa algunos de puntos de referencia más emblemáticos de Washington D.C., con los números romanos MMVI ubicados dentro del Capitolio para representar el año (2006) en que la familia Lerner compró la franquicia.

⁃ Las palabras «PELEA TERMINADA» aparecen destacadas en los diamantes, marcando una modificación del lema de postemporada del equipo de 2019, «Mantente en la pelea».

⁃ A lo largo de la palma del anillo aparece el mantra del equipo: «GO 1-0 CADA DÍA».

⁃ El interior del anillo incluye el dibujo de un tiburón que sostiene el Trofeo del Comisionado en honor a la canción de batalla del jardinero venezolano Gerardo Parra, el “Baby Shark».

De esto hablamos con Gerardo, quien está en Japón, ahora con los Gigantes de Yomiuri.

No lo esperaba, ni tenía idea de que su rol en este campeonato de los Nats pudiera tener tanto impacto. Nos contó emocionado que se le puso la piel de gallina cuando vio el video que explica el anillo y recordó una anécdota preciosa.

En la serie de campeonato de la Liga Nacional, Gerardo Parra tomó un turno al bate y comenzó la fiesta en el parque de Washington.

Es preciso recordar cómo el tema infantil se convirtió en un himno del club, historia que contamos en una crónica publicada aquí en octubre.

“En mayo Gerardo Parra fue dejado libre por los Gigantes de San Francisco y estaba en su casa en Florida cuando recibió la llamada de los Nacionales. Su ex compañero en los D’Backs de Arizona, y ahora coach de bullpen en Washington, Henry Blanco, conversó con él cuando llegó. Le explicó que el equipo necesitaba cambiar de actitud. Para Gerardo, Henry es como un hermano mayor, un consejero,una voz que hay que escuchar.

Los juegos se ganan en el terreno, pero lo que pasa en el clubhouse es importante. Un equipo necesita también los intangibles, eso que llaman química. Ellos creen en eso, en lo valioso de sentirse bien y divertirse juntos. Al llegar, Parra se dio cuenta de que si ganaban no se celebraban las victorias, cada quien se iba a su casa, no había compenetración. Entendió lo que le había dicho Henry: ‘Ahí te dejo ese clubhouse, es tuyo. Tú sabes que hacer’.

Lo primero que hizo fue poner música. Todo tipo de música que animara. Así comenzó a contagiar alegría y a lograr empatía entre todos. No existía ningún problema entre ellos, tampoco diferencias, pero era necesario mejorar el ambiente y procurar una hermandad. Pronto empezaron a trabajar juntos en el gimnasio, a divertirse mientras hacían sus ejercicios de preparación. La camaradería apareció y comenzaron a llegar las victorias. Los Nats ganaron sesenta y cinco de los últimos cien juegos, eso dice mucho”.

El anillo del tiburón - Mari Montes
Anillo de la serie mundial de 1922 de los Gigantes de Nueva York.
Cortesía: Prodavinci

Un día en agosto, Gerardo quiso cambiar el tema con el que iba a batear y le dio el Playlist al encargado de sonido interno; sin explicación, tres veces salió el tema del Baby Shark, tal vez porque el dispositivo de Gerardo había sido usado por sus pequeños hijos. Lo cierto es que la canción se convirtió en emblemática y todo el estadio hacía ese gesto característico para simular la mordida de un tiburón.

En ese único turno de Parra en esa serie de campeonato, el estadio comenzó su alegre ceremonia, entonces el experimentado Yadier le dijo: “Salte por favor, que quiero vivir esto, en todos mis años en las Grandes Ligas jamás había vivido algo así”. Gerardo se salió de la caja de bateo y siguió la fiesta. El careta boricua disfrutó el momento por encima de la rivalidad.

En la celebración del campeonato, el tema fue escuchado y seguido por todos los fanáticos, muchos vestidos de tiburón o con bandanas que recreaban la dentadura de un escualo, desfilaron por todo Washington.

Gerardo sonríe, doy fe de su humildad, pero por supuesto que no puede ni debe evitar extender su sonrisa para darle significado al gesto que tuvo el equipo con su aporte a ese anillo tan especial.

En 2119, cuando conmemoren el centenario del primer anillo de los Nacionales, alguien preguntara por ese tiburón y habrá que hablar de Gerardo Parra, el tiburón zuliano que puso a sonreír a toda la ciudad.

 

 

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