En el béisbol siempre es de día – Mari Montes

En el béisbol siempre es de día - Mari Montes
El Yankee Stadium de noche. Cortesía: Jim McIsaac

Publicado en: Prodavinci

Por: Mari Montes

“Era un niño, recuerdo que era de noche, pero dentro del estadio era de día”. La frase me la dijo hace un montón de años Ramón Guillermo Aveledo, conversando sobre el impacto que significa la primera visita a un estadio de béisbol. Hasta el sol de hoy le peleo que su bellísima anécdota de la primera vez que fue a un juego nocturno, llevado por su padre, debe comenzar con esa frase. Espero que un día decida sentarse a escribir sus experiencias con el béisbol, las que vivió como fanático y las otras, como presidente de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional.

Un recuerdo casi idéntico, pero en el Yankee Stadium, lo cuenta Billy Crystal en el documental Baseball, de Ken Burns. Para hacer su recuerdo aún más inolvidable, las sillas que ocuparon en el parque eran de Louis Armstrong, amigo del padre del célebre actor.

La primera visita al estadio es una emoción universal, pero si es de noche esa iluminación agrega magia.

La primera vez en un estadio suele ser inolvidable, no importa si es un estadio de las Grandes Ligas, el Universitario, el Antonio Herrera Gutiérrez, o uno pequeño y modesto.

Todos tienen en común ser un “campo de sueños”. Dentro del diamante puede ocurrir cualquier hazaña, con nosotros de espectadores.

Me gusta estar temprano, disfruto ver la preparación de todo. Desde que los jugadores comienzan sus ejercicios de acondicionamiento. Recuerdo especialmente a Ichiro Suzuki, porque salía antes que todos. No sé si hacía Tai Chi, pero eso parecía, trabajaba con su entrenador y cuando salía el resto de los Marlins se unía. Llegar temprano permite ver ese trabajo, las rutinas de los lanzadores con los catchers, la práctica de bateo. Es como ver el ensayo de una coreografía: los bateadores chocando pelotas hacia todos lados, los jardineros y jugadores del cuadro esperándolas o corriendo para atraparlas. Se escuchan duro los batazos, y los fanáticos que llegan temprano pueden capturar, con menos competencia, las pelotas que se van a las gradas.

Cuando termina ese trabajo previo al juego, es un bellísimo espectáculo presenciar el arreglo del parque, mejor si se juega con el techo abierto, a plena luz, cuando el personal de mantenimiento prepara el campo, riega la grama, acomoda la tierra del cuadro y el montículo, se trazan las rayas de cal, se colocan las bases…

Si es el final del día, entonces hay que añadir la magia de las luces, que se encienden antes del anochecer, para que el sol pueda irse tranquilo.

En el béisbol siempre es de día - Mari Montes
Estadio Universitario de Caracas de noche.
Cortesía: Federico Parra | AFP

La llegada de los sistemas de iluminación a los estadios de béisbol significó mucho para el negocio. Los trabajadores comenzaron a ir a los juegos nocturnos al concluir sus jornadas. Fue una contribución importante y significativa. Aumentó la asistencia y a partir de entonces cada parque que se construyó incluía la novedad.

Como destaca el escritor Tim Wiles, en ensayo para Baseball.org: “Fue una idea que nació casi en el momento en que la bombilla incandescente se hizo realidad. Su ejecución, sin embargo, requirió más de cinco décadas de perseverancia. Los avances tecnológicos, la necesidad económica y algunos hombres brillantes, finalmente desgastaron a la resistencia a los juegos de noche”. Por 70 años, en las Grandes Ligas sólo se jugó de día.

El 24 de mayo de 1935 ocurrió por primera vez el espectáculo del día dentro de la noche, en un parque de béisbol. Fue el primer juego nocturno en las Grandes Ligas. Los Rojos de Cincinnati derrotaron a los Filis de Filadelfia 2 x1, en 10 innings y en el “Crosley Field”, ante 20.422 afortunados fanáticos. Vale aportar el dato que agrega Wiles en su ensayo: “La asistencia promedio a los juegos diurnos en Cincinnati, en 1935, rondaba los 2.000. aficionados”.

La ceremonia de encendido fue encabezada por el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, desde la Casa Blanca, quien ordenó el inicio al encendido de los 363 bombillos de 1.000 KW cada uno, que dieron luz al béisbol por primera vez en la historia. “Sin palabras, pero había electricidad en el aire, en el campo, en las gradas y en el banco”, dijo el primera base de los Rojos, Billy Sullivan, apenas terminó el juego, aún emocionado.

El reportero de Cincinnati Enquirer, James T. Golden, Jr., según cita Wiles, escribió: “El campo se veía mucho más verde de noche que de día, y los elevados se destacaban contra el cielo, como perlas contra el terciopelo oscuro”.

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Primer juego nocturno en las Grandes Ligas.
Cortesía: Cincinnati Museum Center.

En la investigación encontramos otro dato muy interesante, porque si bien es cierto que ese 24 de mayo se recuerda como “El primer juego con iluminación en las Grandes Ligas”, la verdad es que antes hubo intentos, aunque sin los instrumentos desarrollados en 1935. “El primer experimento de béisbol nocturno ocurrió el 2 de septiembre de 1880, cuando dos equipos de tiendas departamentales fueron pioneros en el concepto, en Hull, Massachusetts, justo un año después de que Thomas Edison perfeccionara el diseño de la bombilla eléctrica”.

Más interesante es saber que cuando la luz llegó a las Grandes Ligas como una gran novedad, ya en la Negro League se jugaba con iluminación.

“Lo que son las películas sonoras para las películas, el béisbol nocturno lo será para el béisbol”, dijo proféticamente JL Wilkinson, propietario de los Kansas City Monarchs, una de las franquicias insignia de las Ligas Negras, y miembro del Salón de la Fama de Cooperstown desde 2006. A principios de la década de 1930, Wilkinson creó un sistema de iluminación portátil que podía remolcarse detrás del autobús del equipo, e instalarse en casi cualquier lugar, lo que permitía jugar con más frecuencia y ganar más dinero.

Volviendo a las Grandes Ligas y a 1935, en el trabajo de investigación de Wiles, se lee: “Los números crecieron rápidamente y 11 de los 16 clubes de las Grandes Ligas habían instalado luces cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial. Al final de la guerra, sólo los Medias Rojas, los Tigres y los Cachorros se resistían”. Los Medias Rojas instalaron luces en 1947 y los Tigres en 1948, pero en el Wrigley Field no hubo luz hasta el 8 de agosto 1988.

“Tan pronto como vi encenderse las luces, supe que estaban allí para quedarse. Las luces eran perfectas. No hubo sombras. Todo fue encantador”. Dijo Red Barber, locutor de los Rojos de Cincinnati en el primer juego iluminado en 1935, Premio Ford C. Frick en 1978.

Desde entonces, en el béisbol siempre es de día.

 

 

 

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