¿Era Hugo Chávez el Padrino? – Gloria M. Bastidas

¿Era Hugo Chávez el Padrino? - Gloria M. Bastidas
Cortesía: La Gran Aldea

El periodista español Emili J. Blasco no tuvo dudas en afirmar que el Comandante era el jefe de la red de narcotráfico que se tejía en Venezuela cuando publicó su libro “Bumerán Chávez” en 2015. Pocos le creyeron. Sonaba a hipérbole. A leyenda negra. Pero ahora la Fiscalía de Estados Unidos sostiene sin tapujos que el “Cartel de los Soles” estaba bajo su égida. El ícono revolucionario se tambalea en su pedestal. ¿Del 4F a la Cosa Nostra?

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Gloria M. Bastidas

Dos libros resultan imprescindibles para entender cómo ese agente patógeno llamado cocaína fue infestando el mapa de Venezuela hasta convertirlo en una topografía tomada por la mafia. Esta es la patria de Don Vito Corleone. O la de Pablo Escobar. O la de Al Capone. Pasamos de ser un país que contaba con una de las corporaciones petroleras más importantes del mundo -PDVSA: Infaltable en el ranking de Forbes– a ser un país cuyo Gobierno suena en los noticieros porque se le imputan actividades ilícitas propias de la Cosa Nostra.

Uno de los libros es Chavismo, narcotráfico y militares. Se trata de una larga entrevista que le hiciera el periodista Héctor Landaeta -curtido reportero formado en El Nacional y, posteriormente, jefe de información del desaparecido diario El Globo– a la ex presidenta de la Comisión Nacional Contra el Uso Ilícito de las Drogas (Conacuid), Mildred Camero. La conversación fue publicada en mayo de 2014: Ya ella estaba fuera del cargo. El otro es Bumerán Chávez: Los fraudes que llevaron al colapso de Venezuela, escrito por el ex corresponsal del diario ABC en WashingtonEmili J. Blasco, y publicado en abril de 2015.

Pasamos de ser un país que contaba con una de las corporaciones petroleras más importantes del mundo -PDVSA: Infaltable en el ranking de Forbes- a ser un país cuyo Gobierno suena en los noticieros porque se le imputan actividades ilícitas propias de la Cosa Nostra

He vuelto a estos dos textos luego del pronunciamiento hecho por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. No es poca cosa que la Fiscalía de ese país sostenga que Hugo Chávez era el jefe del “Cartel de los Soles”. La imagen totémica del Comandante, esa aureola de líder revolucionario, ha estado por encima de lo que hasta ahora se tomaba por una sospecha. ¿Lo sabía o no lo sabía? No es poca cosa tampoco que se ofrezcan tan elevadas recompensas por las cabezas de la cúpula gobernante. Quince millones de dólares. Diez millones de dólares. Son cifras apreciables. La casa de subastas Sotheby’s vendió una obra de Jesús Soto (Sin título. Vibración amarilla y blanca) por un millón de dólares en mayo de 2012. El mercado es así: Injusto a veces. Me pregunto: ¿Cuánto habría ofrecido Washington por la cabeza del Comandante si estuviera vivo?

II

Camero fue juez penal durante 25 años. Es una experta en el tema del narcotráfico. Se codeaba con agentes de la DEA y con los mejores sabuesos del mundo. Estuvo al frente de la Conacuid desde marzo de 1999 hasta mayo de 2005. Nunca fue chavista. Quien propuso su nombre para que tomara el timón de la Conacuid fue el dirigente político Carlos Tablante. Camero era una fogueada juez y en los predios tribunalicios muchos la llamaban la “zar” antidrogas. Ya Tablante le había asomado la propuesta en un almuerzo. El intermediario para llegar a Chávez era Luis Miquilena. De todas maneras, cuando repicó el teléfono de su casa a las once de la noche y le dijeron que el Presidente deseaba hablar con ella, colgó el auricular porque pensó que era una broma. El aparato volvió a sonar. Y sí: Era Miquilena. Le pasó inmediatamente a Chávez. El entonces Presidente le hizo la oferta. Camero le advirtió que no era chavista. Chávez no tuvo reparos en ese sentido. Aceptó.

¿Cuánto habría ofrecido Washington por la cabeza del Comandante si estuviera vivo?

Chavismo, narcotráfico y militares constituye una buena fuente para tratar de despejar la incógnita (más allá de que la Fiscalía de Estados Unidos lo asegure) sobre el papel que jugó el Comandante en esta historia. Esto es lo que dice Camero: “Sin embargo, el período de mayor penetración y contacto con el tráfico de drogas que ha vivido Venezuela fue y ha sido durante los 14 años de mandato del fallecido presidente Hugo Chávez. Las razones son obvias. Chávez apoyó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y estas son en los actuales momentos la organización terrorista y traficante de drogas más importante del mundo. Hace mucho tiempo que este grupo guerrillero les quitó el negocio de las drogas a los carteles y organizaciones civiles, para así poder financiar la compra de armas para su supuesta lucha política. Hoy en día el poder del tráfico de drogas reposa en las FARC, y con ellos el poder militar venezolano”.

Landaeta -incisivo- le repregunta a la juez. Insiste en el tema como si no hubiera entendido bien; como si hubiera alucinado. Los periodistas podemos pasar por tontos cuando el entrevistado suelta una afirmación de alto calibre y uno, que quiere estar completamente seguro de lo que escuchó, se queda pegado en un tramo de la conversación. Deseamos que el interlocutor repita la confesión.

Landaeta vuelve entonces a la carga: “¿Y por qué atribuye a la llegada de Hugo Chávez al poder la causa de la conformación del binomio FARC-militares venezolanos en el control del narcotráfico?”. Y la respuesta de Camero es una certificación de lo que le ha dicho antes: “El gobierno de Hugo Chávez, con una ideología izquierdista afín a la de los grupos subversivos colombianos, y muy especialmente con las FARC, conforma [con estas] el binomio perfecto para servir de caldo de cultivo al tráfico de drogas transnacional. Por eso, el tema de las drogas se ha agravado, pues quienes dirigen el negocio ya no operan en Colombia sino desde Venezuela”.

En un pasaje del libro, Camero se refiere al narcotraficante Walid Makled. Recuerda que Chávez citó su nombre en algún “Aló Presidente”. La juez lanza este dardo: “(…) Las operaciones realizadas por Makled se fueron ampliando. Se convirtió en el líder del grupo de civiles dedicados al tráfico de drogas en el país. Mientras más avanzaba la investigación sobre las actividades ilícitas de Makled, más eran sus relaciones con los cuerpos policiales venezolanos y con la Guardia Nacional, así como con las fuerzas políticas del Gobierno. Ya Chávez lo había mencionado en una de sus cadenas dominicales como el empresario patriota y revolucionario que estaba apoyando la revolución de una manera desinteresada (Makled colaboró económicamente con la campaña de Hugo Chávez y de Acosta Carles)”.

Más adelante, después de tocar otros puntos, Landaeta reincide con el ritornello: “¿Usted cree que el presidente Hugo Chávez sabía de esto?”. Y la juez casi que emite un fallo judicial: “No sé si sabía detalles específicos sobre Makled, pero sí sobre la actuación de sus generales amigos. Para el ex presidente Chávez era más importante la lealtad a sus ideales políticos que cualquier otra cosa. Por eso creo que sí sabía lo que estaba pasando con respecto al tema de drogas en el país. Porque yo personalmente se lo hice saber por medio de cinco informes y porque además las autoridades colombianas se lo hacían saber cada vez que había una reunión entre presidentes”.

¿Pero qué necesidad tendría Chávez de internarse en el submundo del tráfico de drogas si bajo su administración ingresaron millones de millones de dólares vía petróleo?

Camero también alude al “Pollo”: “Su nombre apareció en distintas investigaciones de hechos de corrupción durante mi desempeño como juez y como ministro de Estado, presidente de la Conacuid. Del ‘Pollo’ Carvajal existen grabaciones de varias agencias antidrogas extranjeras que en su momento pude escuchar en las que aparece la voz del general alertando a traficantes de drogas para que evadieran un operativo antidroga. Según fuentes de información confiables, en el 2007 se iba a realizar un operativo para incautar 2.900 kilogramos de cocaína escondidas en un almacén en Puerto La Cruz para ser exportados a Europa. La droga pertenecía a traficantes colombianos y un porcentaje del cargamento era del Frente 10 de las FARC. Se detectó la llamada del general Carvajal a miembros de la Guardia Nacional y DGIM que custodiaban la droga alertando sobre el operativo. La droga fue cambiada de lugar y la operación se frustró”.

La ex presidenta de la Conacuid agrega: “A decir verdad, el general Carvajal ha estado en la mira de las agencias de inteligencia extranjera por mucho tiempo. Es el hombre fuerte de Venezuela, ya que concentra todo el poder porque es el que controla la inteligencia de todos los organismos oficiales (…). En el 2008 fue incluido en la lista Clinton por su participación material y apoyo a las actividades de drogas de las FARC. Chávez lo sustituyó muy discretamente a raíz de estas denuncias y después de varios meses de ausencia fue designado el 04 de julio de 2012 viceministro de Seguridad Ciudadana. Estando Reverol en el cargo de MRIJ lo designó viceministro para la Delincuencia Organizada. Fue designado por Maduro nuevamente como director de DGIM, cargo que ostentó hasta hace pocas semanas. El general Carvajal es una persona muy controvertida, no le gusta aparecer en público. Es uno de los personajes más deseados por las agencias antidrogas de varios países. Pudiera ser detenido fuera del país en caso de que viajara al exterior, ya que tiene una orden de captura internacional”.

El libro Chavismo, narcotráfico y militares fue publicado, como dije antes, en mayo de 2014. Y el “Pollo” Carvajal fue detenido en Aruba en julio de 2014 por supuestos vínculos con el narcotráfico. Puede apreciarse entonces cuán dateada estaba Camero. El Gobierno venezolano ejerció toda suerte de presiones e influencias para impedir que Carvajal -el seguro de vida de la revolución chavista- terminara deportado a Estados Unidos. Regresó al país. Y fue recibido como un héroe. Precisamente él, que detesta los flashes. Y para conectar el expediente que acumuló el “Pollo” con la inocencia o culpabilidad de Hugo Chávez hay que hacerse una pregunta: ¿Por qué Hugo Carvajal, precisamente Hugo Carvajal, fue durante tantos años la mano derecha del Comandante en materia de inteligencia?, ¿por qué?

III

¿Era Hugo Chávez el Padrino?, ¿un Don Vito Corleone a lo tropical?, ¿pasó Chávez de ser un líder revolucionario que arengaba a las masas y las hipnotizaba con su elocuente verbo, a ser un jefe de mafia como el que describe Mario Puzo en su novela, y que luego Francis Ford Coppola eleva magistralmente al cine? Desde luego que hay diferencias entre la Cosa Nostra y el “Cartel de los Soles”. Funcionan bajo una estructura diferente. Don Vito, además, maneja un particular código de honor. La familia está primero. Carmella, su esposa, es un ser idealizado. El Don es un gánster con un corazón que se enternece por los suyos. Es, de cierto modo, un paterfamilias. Y es un hombre de negocios. Hasta importaba aceite de oliva en una etapa de su vida. Chávez, visto ya en perspectiva, tuvo una vida sentimental dispersa. Sin arraigo. Nunca fue súbdito del marketing. Pero en lo que sí podrían coincidir es en que ambos eran jefes. Sobre esto, ya hablaba Blasco en su libro del 2015. Para el periodista del ABC, el Comandante no era un extra de la película, sino un actor principal.

No digamos que era una premonición. Blasco no es vidente. Ni viene del Olimpo. Blasco cultivó durante largos años sus fuentes en Washington. Blasco, además, dio varias primicias sobre la enfermedad de Chávez. A veces recurre a las hipérboles. A la exageración, ese gancho al que apelan los reporteros de su tipo para cazar a sus presas, los lectores. Cuestión de estilo. También de reputación. Y se le van errores. Imperdonables errores. Por ejemplo, afirma que Marcos Pérez Jiménez cayó el 23 de diciembre de 1958 cuando en realidad cayó el 23 de enero de ese año. Dice que el MBR-200 se fundó en 1983 porque se cumplían doscientos años de la muerte de Bolívar cuando Bolívar murió fue en 1830 y ha debido referirse, más bien, a la conmemoración de su nacimiento.

Hay que admitir que Chávez era un tipo sagaz. Sabía cuándo apretar el acelerador y cuándo frenar. Sabía lo que las masas deseaban escuchar para seducirlas

Precisamente esos pequeños detalles, esos descuidos, ponían en tela de juicio sus afirmaciones. “¿Será verdad lo que dice?”, me preguntaba cuando leí el libro en 2015. El texto llegó a circular en algunas librerías, pero casi de manera clandestina. También lo montaron en Amazon. A mí me lo obsequió un librero amigo como quien regala una pieza de colección. Lo guardaba en la trastienda de la librería. Llegué a mi casa y me lo devoré. Lo subrayé. Hice notas en los márgenes. Muchas cosas me sonaban a fantasía. A mitomanía. Ahora leo la dedicatoria de Blasco y la asimilo mejor. Blasco no parece ser un hombre sentimental. La dedicatoria de Bumerán Chávez no va dirigida a su familia. La dedicatoria reza: “A los incrédulos. Todos, en algún momento, lo fuimos”.

El entonces corresponsal del diario ABC en Washington pintaba a un Chávez mafioso. Sonaba truculento entonces. Sonaba a leyenda negra. Insisto: Hablamos de 2015. Se sabía que había altos mandos militares involucrados en narcotráfico (Mildred Camero mencionaba en Chavismo, narcotráfico y militares a Hugo Carvajal, por citar un caso), pero lucía un poco exagerado llegar a la escala más alta del altar revolucionario. A la efigie de Hugo Chávez. Pero Blasco -sin piedad- lo bajaba del pedestal. Y lo decía sin eufemismos. Blasco aseguraba que en Venezuela se había construido un narcoestado bajo la tutela de Hugo Chávez. Y uno se preguntaba, ¿pero qué necesidad tendría Chávez de internarse en el submundo del tráfico de drogas si bajo su administración ingresaron millones de millones de dólares vía petróleo?

IV

En la primera parte del libro, que lleva el sugerente título de Bajar al búnker, el periodista recoge el testimonio del capitán de corbeta Leamsy Salazar (ex jefe de guardaespaldas de Chávez y luego hombre de seguridad de Diosdado Cabello), quien había escapado de Venezuela. Salazar le cuenta a Blasco que presenció una reunión en la que el mismo Chávez negociaba (este es el verbo escogido por Blasco) con los jefes de las FARC la compra de cargamentos de drogas y la entrega de armamento a la guerrilla. Salazar, al parecer, comenzó a negociar con la DEA luego del fallecimiento de Chávez. Habría logrado acopiar una serie de documentos y pruebas que resultaron de tal utilidad a la agencia antidrogas norteamericana que esta lo habría acogido como testigo protegido.

El capitán de corbeta tenía asiento VIP para husmear en los pasillos del poder: Estaba en el primer anillo de seguridad. “Si de aquí sale alguna información, fuiste tú; aquí no hay nadie más”, le advirtió Chávez a Salazar en el marco de una reunión secreta, según cuenta Blasco en su libro.

Esa primera parte de Bumerán Chávez está marcada por el suspenso. Se lee como si fuera una novela policial. Blasco reseña un episodio que involucraría a Diosdado Cabello. Corría el año 2013. El diputado supuestamente estaba en compañía de Leamsy Salazar y del mayor Lansford José Castillo (catalogado por Blasco como el para entonces ayudante más directo de Cabello) en una finca ubicada entre Barinas y Apure. Según refiere Blasco, Cabello es aficionado a la caza. Y salió de excursión con sus dos guardaespaldas.

Fue su gran intuición, igualmente, la que lo llevó a ocultar su faz despótica en la campaña de 1999, y hasta muchos años después. La palabra socialismo la guardaba en su disco duro, pero no la aireaba. Hasta que lo hizo en 2006

En un momento del trayecto, Cabello habría ordenado a Salazar que lo dejara continuar solo con Castillo. Salazar obedeció. Vio que a unos cien metros las linternas que llevaban se apagaron y más adelante se volvieron a encender. Cabello le habría dicho que ellos (Castillo y él) irían a cazar venados. Salazar le cuenta a Blasco que no aguantó la curiosidad y que se acercó al punto exacto en el que las linternas se habían apagado. Encontró una rejilla, luego unas escaleras y cuando descendió quedó asombrado: Había una especie de búnker en el que reposaban apilados fajos de billetes. ¿Será verdad?

En la introducción del libro, el periodista dice lo siguiente: “Chávez metió a su país de lleno en el narcotráfico. Durante su Gobierno, Venezuela se convirtió en el punto de salida del noventa por ciento de la droga colombiana, en su viaje a Estados Unidos y Europa. Lo concibió como parte de su proyecto bolivariano -un modo de favorecer a la guerrilla de Colombia frente a un Gobierno en Bogotá poco entusiasta con el liderazgo regional de Chávez- y como manera de plantear una guerra asimétrica contra Washington. De acuerdo con acusaciones de testigos protegidos por la justicia estadounidense, el presidente venezolano era informado periódicamente de los principales traslados de cargamento que se realizaban a través del país, en operaciones muchas veces dirigidas por altos mandos militares. Era una actividad en la que también tuvo parte Maduro y en la que se involucró aún más el número dos del régimen, Diosdado Cabello”.

Eso contaba Blasco. Y eso es lo que señala, hoy día, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, que, después de revelar detalles de lo que sería el tejido del narcotráfico en Venezuela, aclara en su página web, en la misma nota donde ofrece millones de dólares por las cabezas de parte de la jerarquía chavista, que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Un ápice de buena fe. Es cierto: Habrá que esperar que se desarrollen los hechos. Existe un arma -no es una Kaláshnikov- que se llama derecho a la defensa. Pero la pregunta es válida. ¿Qué papel jugaba en toda esta trama Hugo Chávez?, ¿sabía que sus correligionarios y sus subalternos militares estaban regando el mapa de Venezuela de estupefacientes?, ¿lo sabía y se hacía el loco?, ¿no solamente lo sabía, sino que estaba al mando? Estas son incógnitas sobre las que es preciso elucubrar.

Hugo Chávez se gastaba un olfato privilegiado. Era un hombre especialmente intuitivo. Quizás no llegara a ser como el Jean-Baptiste Grenouille de la novela “El perfume”, un superdotado de los olores. Pero hay que admitir que Chávez era un tipo sagaz. Sabía cuándo apretar el acelerador y cuándo frenar. Sabía lo que las masas deseaban escuchar para seducirlas. Su gran intuición fue la que lo salvó el 4F (también pudo haber sido la cobardía, pero la cobardía a veces puede tomarse como una variante de la intuición). Fue su gran intuición, igualmente, la que lo llevó a ocultar su faz despótica en la campaña de 1999, y hasta muchos años después. La palabra socialismo la guardaba en su disco duro, pero no la aireaba. Hasta que lo hizo en 2006. Ese Chávez intuitivo al menos debió olfatear que sus vástagos andaban en malos pasos.

El talento olfativo que el Comandante recibió por vía congénita ya es un buen punto de partida como para afirmar que muy probablemente estaba al tanto. A eso habría que sumarle que si con algo contó Chávez fue con un eficaz aparato de inteligencia de estirpe cubana que, en caso de que él no participara de los negocios turbios, seguramente lo habrían tenido al tanto del descarrilamiento de sus subalternos. No hablamos de un aparato cualquiera. Es un tinglado tan eficaz que ha logrado penetrar hasta los tuétanos a la Fuerza Armada. Es ese aparato -no son los votos- lo que ha permitido que los vástagos del Comandante se mantengan en el poder. Con un equipo de espionaje de esta naturaleza y con ese sexto sentido de Hugo Chávez luce cuesta arriba que no supiera nada. Chávez pareciera haber echado mano de la estrategia del jefe de la Cosa Nostra, Settimo Mineo, que, cuando fue interrogado por el juez Giovanni Falcone acerca de sus fechorías, respondió: “No sé de qué me habla, caigo de las nubes”. Mineo era un joyero de profesión. Solo que hay gente que cultiva varios oficios.

 

 

 

 

 

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