La racha de Cal – Mari Montes

Cal Ripken Jr
Cal Ripken Jr
Foto: QuisqueyanoSports

Por: Mari Montes

Mari MontesEl domingo 30 de mayo de 1982 el nombre del Cal Ripken apareció en el octavo puesto de la alineación del manager Earl Weber. Jugaba la tercera base, Jim Palmer fue el lanzador y cargó con la derrota luego de laborar 8 episodios y un tercio en los cuales permitió 9 imparables, seis carreras, cuatro de ellas limpias, ponchó a 4 y cedió cinco bases por bola.

Los Orioles enfrentaron a los Azulejos de Toronto dirigidos por Bobby Cox.  Entre Jim Gott, quien trabajó seis entradas y Roy Lee Jackson (los últimos tres capítulos) los dejaron en sólo un imparable, a cargo del receptor Rick Dempsey.

Cal Ripken jr, se fue de 2-1 con boleto y ponche.

El encuentro ocurrió en el “Memorial Stadium”  y asistieron 21.632 aficionados. Fue una cálida tarde de poco más de 27 grados centígrados y el principal Vic Voltaggio cantó “¡Play ball!” a las 2 y 39.

Desde ese día y por 2.632 juegos en seguidilla, el nombre de Cal RIpken jr, apareció en la alineación hasta el domingo 20 de septiembre de 1998, cuando decidió parar.

Más allá, mucho mejor que  la impresionante racha, está todo lo que Calvin Edwin Ripken jr le dejó mundo del beisbol con su maravilloso ejemplo de disciplina, responsabilidad, constancia, respeto y amor por el juego y por su equipo,  humildad, caballerosidad, sencillez y sentido del humor…tal vez nos quedamos cortos al destacar todo su legado más allá de su indiscutible talento como pelotero.

La discusión sobre quién es el mejor jugador de beisbol de la historia durará por siempre jamás. Pero cuando tocó que los fanáticos eligieran al pelotero del siglo XX, en una encuesta que abrió Master Card, la mayoría votó por Cal Ripken jr. el número “8” de los Orioles de Baltimore, el “Hombre de hierro” cuyo ejemplo apareció para decirle a los fanáticos del beisbol, después de la huelga de 1994,  que aún existían los románticos,  tipos como los de antes que amaban el juego tanto como ellos…

Cal Ripken jr, el torpedero que en  1986 se convirtió junto con Ernie Banks, en el único de su posición  en batear 20 ó más cuadrangulares en seis temporadas consecutivas y además en 1990 sólo cometió 3 errores, lo mínimo para un campocorto (récord de en el que, por cierto, está igualado con Omar Vizquel).

Al inicio de la temporada vimos pancartas que decían cosas como “Avaros” o “Es nuestro juego”, pero a medida que pasaron los días y Ripken se acercaba a los 2,130 juegos al hilo, en los juegos de los Orioles, en la carretera o en casa, los fanáticos llevaban enormes letreros para manifestarle su admiración e incluso agradecimiento.

Cal Ripken era un héroe que siempre estuvo ahí, con dolor de cabeza, cansancio o alguna molestia, el compromiso del beisbol era más fuerte que cualquier cosa.

El 6 de septiembre, cuando dejó atrás el record de Lou Gehrig, en el juego 2,131 de la racha, pudo verse una cartulina enorme que decía: “Gracias por salvar el beisbol”.

Y él le dio la vuelta a todo el parque chocando las manos y saludando con una humildad casi inédita; sereno y notablemente abrumado por la ovación.

Cuando se cumplieron 15 años de la histórica hazaña, le pidieron que diera de nuevo la vuelta al Camden, dijo: “No, no se puede recrear ese momento como sucedió, me sentí avergonzado al dar la vuelta esa noche, me sentiría extra avergonzado si lo hiciera ahora”.

En el discurso de su inducción al Salón de la Fama de Cooperstown dijo que uno de los momentos que más disfrutó en su vida fue cuando un niño no supo quién era él.

Y según las biografías y la película “The Pride of Yankees”, Lou Gherig también era un jugador que prefería lucirse en el diamante, de vida discreta y familiar.

Unas semanas antes de la ceremonia que selló su entrada oficial a la inmortalidad, el Salón de la Fama invita  a “la clase” a un tour por sus instalaciones; ese día, con el guante blanco especial para manipular los objetos que allí se encuentran, lo dejaron usar una mascota que fue de Lou Gehrig en la Universidad de Columbia.

Entonces dijo, según la nota publicada por AP el 2 de mayo de 2010:

“Cuando comenzaron las comparaciones con el record de Lou Gehrig, creo que lo alejé porque no quería saber acerca de él, no quería cambiar mi forma de abordar las cosas. Ahora lo pienso y me hubiera gustado poder preguntarle en qué estaba pensando, como pasó por ese momento”.

“Me encantaría tener su respuesta.  ¿Se dio por accidente o realmente se lo propuso? Y pude sostener su guante, sentir quien era, pero la pregunta aún no tiene respuesta. Pero por lo que aprendí de Gehrig, sentía que era un sentido de responsabilidad”.

Y lo llevaron a una galería donde pudo ver toda su vida de pelotero en fotos, incluso imágenes de un juego de ligas menores que  se extendió a 33 entradas entre Rochester y Pawtucket y duró 8 horas, 25 minutos. Comenzó la noche de 18 de abril de 1981 y continuó hasta el amanecer del día siguiente y finalmente fue completado el 23 de junio.

Entonces evocó cómo fue aquella noche: “Recuerdo romper pedazos del banco para quemarlos y mantenernos calientes. Es impresionante las cosas que uno puede recordar”

Él es uno de los mejores recuerdos que tiene el beisbol…

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