Que haya salud, paz y béisbol – Mari Montes

Que haya salud, paz y béisbol
De izquierda a derecha: Miguel Cabrera y Salvador Pérez. Fotografía de Duane Burleson y Ed Zurga | Getty Images North America | Getty Images vía AFP

Publicado en: Prodavinci

Por: Mari Montes

Imagino que, en 1950, un fanático del béisbol que haya visto jugar a Babe Ruth, Ty Cobb, Joe Jackson, Lou Gehrig, Joe DiMaggio, Ted Williams, que haya visto los primeros días de Willie Mays o Mickey Mantle, o pichear a Cy Young, Lefty Gomez, Bob Feller o Warren Spahn, por ejemplo, habrá pensado que no era posible que hubiera mejor béisbol que el que había visto. Tendría mucha razón: hasta esos años, aquellos hombres hicieron cosas increíbles que lucían imposibles igualar.

Como dijo una vez Sparky Anderson: “Babe Ruth está muerto y enterrado en Baltimore, pero el béisbol es más grande y está mejor que nunca”.

Eso lo dijo en los años en los que dirigía la Gran Maquinaria Roja de Cincinnati y su constelación de estrellas, uno de los mejores equipos de todos los tiempos, un engranaje perfecto.

El sabio mánager valoraba el béisbol que vieron sus ojos. Alcanzó 27 temporadas como dirigente en las Grandes Ligas. De niño vio a Joe DiMaggio y Ted Williams; presenció el fin de la segregación con la llegada de Jackie Robinson y quienes le siguieron.

“El béisbol está mejor que nunca” no significa despreciar la historia. Creo que se ha dicho desde que existe. Es una frase que reconoce que siempre hay buena pelota y hombres que juegan de manera extraordinaria.

Hay hazañas insuperables porque el béisbol  ha cambiado y será muy difícil en algunos casos y en otros imposible, como las 511 victorias de Cy Young o los 5.714 ponches de Nolan Ryan. No es imaginable un lanzador que pueda estar activo por 27 campañas.

Sin embargo, esa sentencia que dice que “todo tiempo pasado fue mejor” no es cierta con el béisbol. En el béisbol de Grandes Ligas “lo mejor” siempre está por ocurrir.

Por mucho que cambie, la esencia del juego se mantiene intacta, el duelo entre dos equipos, ese momento en el que se enfrentan pitcher y bateador, cada uno buscando hacer su tarea, el lanzador evitar que le conecten la pelota y el toletero darle hacia donde no puedan atraparla.

Hace unos días en un video de @nut_history, vimos cómo la “sabermetría” de la época indicaba que el primera base debía jugar en el jardín derecho y el camarero en la grama, más atrás de la ubicación habitual de su posición, para tratar de dominar a El Bambino. Ese es el desafío desde siempre, el dominio sobre el rival, la estrategia para  evitar que el otro haga más carreras.

Si un viajero del tiempo se trasladara desde mediados del siglo pasado a nuestros días, quedaría maravillado al ver que sí era posible ver a un jugador que hiciera lo que hacía Babe Ruth, con el talento y habilidad para ser un lanzador eficiente, y al mismo tiempo un jonronero. Habría visto a Shohei Ohtani conectar 46 jonrones, robar 26 bases, empujar 100 carreras y como lanzador dejar registro de 9-2 con 3.18 de efectividad  y 156 ponchados.

Sparky Anderson no vio a Ruth ni al japonés que ganó el Jugador Más Valioso con merecida y esperada unanimidad. Eso me hace pensar en el privilegio que tenemos quienes podemos ver al astro japonés.

Hablando de Sparky, quien dijo una vez: «No quiero avergonzar a ningún otro catcher comparándolo con Johnny Bench», imagino su complacido asombro al ver lo que esta temporada hizo el receptor de Kansas City, Salvador Pérez, al dejar atrás la marca de cuadrangulares en una campaña que había impuesto Bench. Superar un récord del mejor careta de todos los tiempos fue una de las mejores historias que vimos en 2021.

La persecución de la cifra de 500 jonrones y 3.000 hits que nos hizo acompañar a Miguel Cabrera, obligó a revisar las carreras que tuvieron hombres que hicieron historia en el juego desde el siglo XIX y que fueron recordados gracias al slugger nacido en Maracay y calibrar que Miguel tiene su nombre inscrito en la élite de los superiores. En 2022 la expectativa que tenemos es seguir estudiando a las leyendas desplazadas por él, quien quedó a tan solo 13 hits de los 3.000. Cuando comenzó la campaña pasada estaba a 13 vuelacercas de los 500, inauguró el descuento con el inolvidable jonrón de la nieve el primer día,  el primer jonrón de 2021 para él y para todos. En agosto llegó a la mítica cifra que hasta ahora solo han conseguido 28 peloteros.

En ese lote de veteranos dejando sus huellas indelebles, están también jugadores como Albert Pujols o Nelson Cruz, Yadier Molina o los lanzadores Max Scherzer, Clayton Kershaw y Zack Greinke.

Dejaron de ser promesas y están cumpliendo pronósticos, pero son tan jóvenes que es posible asegurar que seguiremos viendo grandes jugadas, batazos y pitcheos. Ronald Acuña Jr., Juan Soto, Fernando Tatis Jr., Shohei Ohtani, Jacob deGrom, Francisco Lindor, Shane Bieber, Vladimir Guerrero Jr., Bo Bichette, Cavan Biggio, Ranger Suárez… todos ellos van a ser mejores que ellos mismos, mejores que lo que hemos visto, y serán tan buenos como las leyendas.

En 2021, el béisbol pudo vencer  las limitaciones impuestas por la pandemia que en la temporada anterior obligó a recortar la zafra. La incertidumbre de los primeros días fue superada y poco a poco regresó a la normalidad, con sus detalles a los que todos nos adaptamos.

En 2022, una variante del virus amenaza de nuevo y a ello se suma el paro patronal en las Grandes Ligas, lo que agrega ansiedad a la situación. No sabemos cuánto tiempo se extenderá el conflicto, pero esperamos que propietarios y sindicato lleguen a un arreglo. Hay mucho en juego, además de lo obvio, que es el negocio.

Queremos que haya béisbol: el juego donde lo mejor es lo que está por venir, recordemos lo que decía uno de los mejores.

“¿El futuro del béisbol? Más grande y más grande, mejor y mejor. ¡Sin duda alguna, es el mejor juego que hay!”. Ted Williams.

¡Feliz Navidad y que el 2022 nos traiga paz, salud y más béisbol! Nos falta mucho por ver.

 

 

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