Soledad Bravo abrazó a Venezuela con su voz – Gerardo Guarache Ocque

Soledad Bravo abrazó a Venezuela con su voz - Gerardo Guarache Ocque
Cortesía: Guataca Nights

Publicado en: Guataca Nights

Por: Gerardo Guarache Ocque

La melodía de Ojos malignos es lo primero que suena. Pero esta vez no comienza invitando al baile, como aquella versión suya que cautivó a multitudes en 1995 como tema de una telenovela. La armonía del piano de Alberto Lazo y el contrabajo de Carlos Rodríguez tocado con el arco como un chelo, abrazan esos primeros versos de manera apacible. Soledad Bravo canta lento, sin apuro, como quien se está desperezando con ánimos de comenzar un día estupendo. Es casi un ejercicio de calistenia. De pronto el piano se pasa el switch a lo caribeño, Rodríguez comienza a ponerle tumbao en sus cuatro cuerdas y el gran percusionista Carlos “Nené” Quintero irrumpe con su baticonga para armar el aperitivo de lo que será un gran concierto.

De la canción de Juan Pichardo pasa a la de otro cubano: Pablo Milanés. ¿El tema? Para vivir, una de las predilectas de la cantante. A piano y voz, sobre la madera de la sala Plural, desde Caracas, la cantante sigue destilando sentimiento, dejando la piel y el alma en cada nota, como es su costumbre. La aplauden pocos, no porque su público sea pequeño, sino porque las circunstancias la obligaron a actuar así, vía streaming, como es transmitida esta serie de conciertos que produce Guataca y Trasnocho Cultural respetando las restricciones por la pandemia.

Son desangrado (Silvio Rodríguez) sigue en el repertorio. Una lista de canciones tomadas con pinza. La ocasión, a pesar de representar una alternativa en tiempos en los que no es posible organizar recitales en directo frente a centenares de butacas ocupadas, genera una cercanía inusitada. Soledad convierte la limitación en ventaja, como si estuviera consciente de que su voz está sonando en la sala de nuestras casas. Es una cita íntima, un canto al oído.

Soledad Bravo abrazó a Venezuela con su voz - Gerardo Guarache Ocque
Cortesía: Guataca Nights

La seguidilla cubana se rompe con un himno no oficial del Perú: La flor de la canela, de Chabuca Granda. Soledad, quien cumplirá 77 años el próximo 13 de noviembre, conserva potencia en esa voz prodigiosa. Canta con gracia, encarnando las letras. Combina falsetes con chorros a pulmón completo; sabe administrarse, demuestra su experiencia en escena. Ya son más de 50 años desde que aquella muchacha, hija de españoles y venezolana por elección, comenzó a cantar en la Universidad Central de Venezuela, atrajo la atención de personalidades como Sofía Ímber y comenzó su larga historia de estudios de grabación, escenarios y ovaciones.

El recital sigue avanzando hacia el sur del continente. Suenan Alfonsina y el mar, la historia de la poeta argentina Alfonsina Storni hecha canción por el pianista Ariel Ramírez y el escritor Félix Luna; y Gracias a la vida, clásico ineludible de la chilena Violeta Parra. Su contenido se realza en ese formato minimalista. Además, voces como la de Soledad no necesitan mucho ropaje. No hace falta una gran instrumentación, una sinfónica, un coro; toda la fuerza expresiva la pone ella. Conviene dejar su voz semidesnuda para disfrutarla a plenitud.

Lazo, Rodríguez y Quintero despejan el escenario. En el medio se sienta Soledad Bravo, con otro vestido colorido y brillante. A sus lados, como ángeles, se ubican, con sus guitarras y trajeados de negro, Miguel Delgado Estévez y Aquiles Báez; uno sentando la base magistralmente, y él otro dejando pinceladas, coloreando, acentuando la venezolanidad. Así interpretan Ahora y Caramba, dos joyas de Otilio Galíndez, y una pieza de la propia cantante titulada Coplas de la amapola, que termina con carcajadas de complicidad.

Para cerrar, se pone de pie y va más profundo dentro del folclor venezolano gracias a un Polo margariteño. Ahora es Báez quien se concentra en el ritmo y Delgado Estévez el que puntea. Van cambiando de roles, generando variantes, emulando cuatros, mandolinas y bajos, mientras la cantante entrega su Canto para Venezuela, ese país que la recibió siendo apenas una niña y cuya luz la cautivó irremediablemente hasta el punto de abrazarlo para siempre.

Soledad Bravo abrazó a Venezuela con su voz - Gerardo Guarache Ocque
Cortesía: Guataca Nights

 

 

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