El sepulturero y el de las monedas – Karina Sainz Borgo

Karina Sainz Borgo: “No creo en las literaturas nacionales” - Rafael Osío Cabrices

Publicado en: ABC

Por: Karina Sainz Borgo

Zapatero y Monedero observan un naufragio y lo dan por bueno. Más que prestar observancia al hundimiento de una nación, certifican la limpieza y transparencia que podría tener una letrina. Dan por democráticas, legales y prístinas las más recientes elecciones regionales venezolanas. Elecciones que se celebran en un país vaciado en el que ya sólo votan los fantasmas, gente a la que le han robado la sana costumbre de disentir.

Con una diáspora de seis millones de ciudadanos y un 42% de participación, las elecciones convocadas por el régimen dictatorial venezolano son una victoria del populismo y el autoritarismo. Ha ganado Maduro, por supuesto, al conseguir que acudiesen todos a una farsa que desde el comienzo ha sido trágica, y que se llevó a cabo con el respaldo de dos políticos de izquierdas de un país democrático como España.

Representado en Zapatero, el socialismo español sonríe con gesto alelado ante un Bolívar de la peor estofa, un prócer decorativo en el Palacio de Miraflores, la sede del Gobierno venezolano que un dictador simiesco ha convertido en el vertedero al que van a comer los más variados buitres. La imagen de la reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero, el lobista de la paz ajena y perpetrador del consenso, con Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez tiene algo de carroñero. Afanado en intermediar ahí donde nadie lo llama, Zapatero ha pasado de jarrón chino a sepulturero.

Si a la comitiva de observadores miopes se suma un personaje como Juan Carlos Monedero, el asunto empeora. El fundador de Podemos, expolítico e intelectual de cafetín hace honor a su apellido dejándose tirar moneditas por Nicolás Maduro, que le arroja la calderilla de la Revolución para pagar simulaciones y felaciones morales. Bien que saben tragar los morados, que cobraron a través de una consultora que hacía de tapadera para la propaganda populista y la demagogia. Sea un asunto de monedas o monederos, el resultado es igual de sucio y vergonzante.

La presencia de ambos representantes políticos chapoteando en aguas ya ni siquiera turbias sino fecales, son una más de las tropelías ante las que aún no hay respuesta. ¿Por qué Raúl Morodo, un hombre distinguido por su rectitud e inteligencia, participó del latrocinio de Pdvsa siendo embajador de España en Venezuela? ¿Por qué el exministro y entonces segundo hombre del PSOE José Luis Ábalos se reunió en Barajas con la vicepresidenta venezolana, sobre quien pesan sanciones que no le permiten entrar en la Unión Europea?

Van juntos a Caracas el sepulturero y el de las monedas para entretener a un sátrapa a cambio de un sueldo. Ayudan a cavar la tumba de una nación saqueada y abusada con la connivencia y la complicidad de gente que para ser demócrata se encuentra demasiado a gusto entre tiranos.

 

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