Regreso a Ítaca – Jorge Carrión

Jorge Carrión

Publicado en: La Vanguardia

Por: Jorge Carrión

La literatura occidental comienza con la Ilíada , es decir, con un asedio, con un encierro. Para construir la mitología guerrera de su pueblo, los griegos que llamamos Homero imaginaron la resistencia durante años de sus enemigos en el interior de Troya. El imaginario complementario llegó con su segunda obra maestra, la Odisea , como nos recuerda Edith Hall en Los griegos antiguos: quienes escuchaban sus versos se reconocían también en su celebración de la navegación y el viaje. El puente entre ambas narrativas lo encarna Ulises: guerrero y navegante, atleta e inventor, divino y sobre todo humano.

¿Quién querría regresar ahora a la Ilíada ? ¿Quién querría volver en estos tiempos clausurados a sus flechas envenenadas, a su guerra pasional y biológica? Nadie, que es uno de los tantos nombres de Odiseo, el de los mil senderos. Volvemos, en cambio, siempre a la Odisea . Lo hizo Dante: no somos bestias, dice su Ulises, hemos nacido para la virtud y el conocimiento. Lo hizo Primo Levi en otro infierno, el de Auschwitz, para recordar lo que significa ser un hombre. Lo hacemos nosotros hoy, en este limbo sin vacuna, en esta desespera, en este confinamiento que nos obliga a imaginar nuevos confines.

Según Ricardo Piglia, hay dos grandes formas narrativas: el viaje, que es el paso del hogar a la aventura, y la investigación, que es el paso de la ignorancia al conocimiento. Las figuras legendarias de esos dos modos de narrar serían Ulises y Edipo. Pero no es necesario salir de la Odisea para encontrar esas dos técnicas de hipnosis. La relectura del gran poema homérico nos recuerda que son dos sus protagonistas. Odiseo, que ya ha viajado demasiado, emprende el regreso a casa. Y Telémaco, que ya es adulto, decide investigar el paradero de su padre. Mientras Ulises cuenta las peripecias pasadas y se enfrenta a las últimas pruebas de su periplo, su hijo visita los países cercanos para entrevistar a Néstor, Menelao y Elena. El padre se despide de su vida de viajero, al tiempo que el hijo se vuelve detective y cronista. Las dos estrategias principales de la literatura provienen de los mismos versos.

La figura paterna es un misterio que Telémaco debe resolver para definir su propia identidad. Cuando finalmente se reúnan y se reconozcan, padre e hijo masacrarán juntos a todos los pretendientes de Penélope, para recuperar su reino. Y, después Ulises se reencontrará con su propio padre, Laertes. También está en la Odisea, por tanto, el diálogo entre generaciones, el pase del testigo, el relevo. Los seres humanos somos desde siempre adictos a las genealogías. Eso son la Biblia, la tradición literaria o las secuencias genéticas. Desde nuestras ciudades sitiadas, retrocedemos a través de Respiración artificial, Si esto es un hombre, la Comedia o Edipo Rey hasta el primer viaje y la primera pesquisa, para descubrir que Ítaca es un libro al que siempre regresamos.

 

 

 

Etiquetas:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *