El falso dilema

 

 

Abstenerse es una opción política, sin duda. Pero en la Venezuela de hoy, en circunstancias tan particulares en que vivimos, la abstención como opción política está reservada, por lo visto, a solo una parte de la población electoral: los opositores. ¿Por qué digo solo para ellos? Pues porque, según lo que se ha revelado recientemente sobre las actividades del Frente Francisco de Miranda, todo aquel que tenga alguna vinculación o relación de dependencia con el Gobierno, con el régimen, está limitado en su derecho a votar, en su derecho, digamos, a abstenerse.

Recién leíamos cómo, por ejemplo, el pasado 14 de abril a primeras horas de la tarde la tendencia a favor de Henrique Capriles rebasaba los 500 mil votos. El Frente Francisco de Miranda (recuerdo la cita textual: “teníamos un pie adentro y un pie afuera”) moviliza a sus miembros: tienen los datos, domicilios, teléfonos, números de cédula de todos los beneficiarios de las misiones, de los empleados del gobierno, etc. Todos los que decidieron quedarse en sus casas, los que decidieron políticamente abstenerse, fueron obligados a ir a votar. Además, bajo engaño se les decía que sabían por quién votarían, así que tenían que votar por la opción oficialista.

Por supuesto, sabemos de sobra que el voto es secreto. Veíamos no hace mucho un tuit donde nos decían: “El voto es secreto, yo soy la mejor prueba, soy empleado público y no me han botado”. No insistamos en el tema, el voto es secreto. Pero está claro que para estas personas que por alguna razón dependen del régimen y por más que se opongan a él están obligados, son arrastrados a votar, la opción de la abstención es difícil. Entonces, como decíamos al principio, esa posibilidad de abstenerse solo queda en un sector que no depende del régimen.

Ahora bien, muchos de esos que no dependen del régimen igual se oponen a éste y, aún así, piensan abstenerse. ¿Por qué? ¿Cuáles son los argumentos?

A manera referencial voy a citar dos tuits que he recibido recientemente. Uno decía: “De este gobierno no se sale con votos, papá” (en ese giro coloquial, parejero, que está en boga últimamente). ¿Qué se le puede responder a un tuit como ese? “¿Desde que  trinchera y en qué montaña y con qué armamento me estás escribiendo, papá?” Obviamente, esto está descartado. La insurrección armada fue derrotada a mediados de los años 60, y ya más nunca. Afortunadamente. Así que esa postura extremista no tiene ningún sentido.
El otro tuit me decía: “Es mi derecho abstenerme”. Pues bien, es verdad, es un derecho abstenerse. Cuando comenzó la democracia, a finales de los años 50, el voto era obligatorio. La consigna del entonces Consejo Supremo Electoral decía: “Votar es tu derecho y es tu deber”. Años después se suprimió el “deber” y quedó solo el “derecho”. Y así como usted tiene derecho a votar, obviamente también tiene derecho a abstenerse. Pero, ojo, el que se abstiene, se abstiene porque no está de acuerdo con alguna circunstancia, pero tiene que asumir, debe asumir las consecuencias de esa abstención. ¡Mire usted que hasta Poncio Pilatos corrió con las consecuencias de lo que hizo, o mejor dicho de lo que dejó de hacer! Y ese caso vale también, entonces, para el abstencionista.

Esto nos lleva a una sencilla conclusión, el dilema de votar o no votar es un falso dilema. No existe, desafortunadamente, en estas circunstancias. Porque si usted se opone al régimen y quiere cambiar el estado de cosas en el que está sumido el país, su única opción en este momento es votar.

Claro, también asomará por allí el que salivará, digamos, con el famoso ruido o rumor de sables. Mejor descartemos esto, porque 1) La Fuerza Armada Nacional Bolivariana es prácticamente un apéndice del régimen, y  2) ¿No es como absurdo, después de 15 años de gobierno militar, esperar que la solución también sea militar?

Es hora de los civiles, es hora de que usted asuma sus responsabilidades y vote. Lamentablemente, si usted no está de acuerdo con el estado de cosas que estamos padeciendo y decide abstenerse, el día de mañana usted será cómplice de este mismo estado de cosas.

Entonces, estimado amigo, estimada amiga, el domingo VOTE.

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