El gobierno agarrado de la brocha.

  Hay dólares para unos, pero para otros no. Hay dólares para unos, preferiblemente extranjeros y preferiblemente amigos del gobierno. Leo en El Nacional: “El gobierno venezolano firmó un contrato por 2,1 millardos de dólares con la  empresa brasileña JBS SA –la más grande empaquetadora de carne del mundo– para cubrir la mitad de la demanda de carne bovina y un cuarto del consumo de pollo del país, según un reportaje publicado ayer por la agencia Bloomberg en su portal web.

  “La negociación fue hecha en junio pasado durante la visita del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, a Brasil, donde se reunió con Joesley Batista, uno de los dueños de la empresa, señaló la agencia de noticias estadounidense.

  “En contraste, un gran número de empresas locales y extranjeras en Venezuela no han podido obtener las divisas necesarias por el racionamiento de estos años. De hecho, la firma Econalítica –citada por la agencia– indica que el gobierno debe alrededor de 28 millardos de dólares al sector privado.” En la nota de Bloomberg se cita expresamente a Empresas Polar “que ha sido acusada de sabotaje y a la que el gobierno venezolano le debe 463 millones de dólares.”

  Lo dicho: hay dólares para unos, pero no hay dólares para otros.

  Yendo directamente al despacho de Bloomberg: “Políticos tantos brasileños como venezolanos están en la trastienda de estas negociaciones. Los partidos gobernantes en estos países se apoyan mutuamente frente a sus crisis. Maduro, por ejemplo, defiende a la presidenta Dilma Rousseff ante la posibilidad de su destitución, y ella condena las sanciones del gobierno norteamericano contra el gobierno de Maduro. La negociación, el acuerdo con la Empresa JBS, beneficia a la empresa brasileña, y también se beneficia Maduro porque puede llenar de alguna manera los anaqueles en la cercanía de las elecciones.”

  Dejemos esto hasta acá. Detengámonos en un punto del informe Bloomberg: se ayudan mutuamente los dos gobiernos. ¿Será eso cierto? Parece que no tanto. Hoy El Nuevo País dice en gran titular: “Venezuela cercada. Brasil apoya a Guyana en el diferendo del Esequibo. El Embajador de Brasil ante Guyana, Lineu Pupo De Paula, se pronunció a favor del reclamo guyanés sobre el territorio del Esequibo, cuya soberanía disputa Venezuela.” La hermana Brasil, la querida camarada Dilma Rousseff, ha dejado al gobierno de Maduro agarrado de la brocha.

  En estos asuntos fronterizos la cancillería venezolana se ha movido dando tumbos, erráticamente. Primero se arrancó con una campaña muy fuerte sobre el tema del Esequibo, en la que se abandonaba la política trazada por Hugo Chávez al respecto. Recordemos: para el Comandante el Esequibo era un asunto a olvidar, de hecho llegó a decir, en el 2004, que Venezuela no se opondría a que hubiese algún tipo de explotación de yacimientos en la zona en reclamación. Pero la cercanía de la fecha electoral obligó al gobierno a hacer lo contrario: rescatar el tema del Esequibo para convertirlo en bandera nacionalista y electorera. La estrategia, sin embargo, no funcionó, electoralmente, a efectos de opinión pública. Por ello se ha dejado de lado esta frontera oriental para buscar líos en la otra, en la frontera con Colombia. Con relación a esto lo más reciente es el nuevo cierre en Paraguachón, ante lo cual la Canciller Mariángela Holguín ha dicho que ve muy difícil que se pueda conversar con Venezuela en esas circunstancias.

  Mientras, el gobierno propone un debate. Los diarios oficialistas Últimas Noticias y Vea coinciden en sus titulares: “Maduro llama a debate para construir nueva frontera. La convocatoria del mandatario se extiende a sectores nacionales e internacionales, a objeto de discutir sobre la construcción “de una nueva frontera de paz, convivencia, respeto y productividad con Colombia. Queremos paz, vida.”

  Palabras que no dicen mucho, en honor a la verdad. Decir que se va resolver el problema con un debate público, es decir que no se va a hacer absolutamente nada para encontrar una solución real, práctica y concreta.

  Y, ya para cerrar, ayer llegó una información que al gobierno y a la cancillería les debe haber caído muy mal. Nicolás Maduro dijo, luego de su reunión con Putin, que habían llegado a un acuerdo sobre el precio del petróleo. Pero –y esto da vergüenza leerlo- el despacho que llegó de Moscú es enfático: “El Kremlin negó que los presidentes Putin y Maduro alcanzaran en su reciente reunión en Pekín acuerdos concretos sobre el precio del barril de petróleo. No se llegó hablar de instrumentos específicos de cooperación o coordinación de algún caso particular o de promesas concretas, aseguró Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia Rusia.”

  ¿Por qué Maduro dijo lo contrario? A lo mejor fue un problema del traductor, a lo mejor éste se equivocó. O a lo mejor Maduro no le entendió al traductor. O a lo mejor Delcy Rodríguez no le entendió a Maduro. En fin… ¡Que papelón!

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