El gobierno y los delincuentes

Ayer en nuestro editorial comentábamos con estupor e indignación, la situación insólita que se vivió el pasado miércoles en  Ocumare del Tuy, cuando toda la población fue prácticamente tomada por un grupo de delincuentes en motos que protestaban el “abatimiento” –para utilizar el verbo policial- de tres de sus camaradas de fechorías.

  La situación no ha terminado. Hoy El Nacional, en una muy pequeña nota en su primera página, destaca: “Grupo atacó con fusiles R15 la sede policial en Ocumare”. La situación de violencia en la localidad mirandina se agravó anoche, cuando personas con armas largas pusieron bajo fuego un modulo de la policía del Municipio Lander. Los funcionarios que se defendían con pistolas resistieron hasta que recibieron el apoyo Polimiranda, la Guardia Nacional Bolivariana y el Sebin.  El director de PoliLander, José Luis Ojeda, fue impactado por un disparo, pero resultó ileso porque tenía chaleco antibalas. Otros agentes fueron heridos por esquirlas. Al cierre de esta edición los uniformados habían levantado las barricadas.

  Sigue esta población a merced de los delincuentes. Y en gran desventaja, la policía dispara con pistolas y estos individuos tienen armas largas. ¿Cómo llegan las armas largas a manos de los delincuentes, si el Gobierno tiene el monopolio de estas a través de las Fuerzas Armadas?

  Hablando de armas largas, ayer la periodista Yazmín Velazco informaba en un tuit, que extraoficialmente la bala que había asesinado al arquitecto Machado era de un FAL; es decir, de un arma larga en manos de los secuestradores. A propósito de estos, leo también en El Nacional: “La policía asegura que todos los integrantes de la banda están identificados”.

  A ver. Cada vez que hablan los expertos dicen, sí están identificados, los de esta banda, los de la otra banda, los de la banda de más allá. ¿Y si están identificados cómo es que no los detienen y los apresan? ¿Qué pasa allí? ¿Hay lenidad por parte de las autoridades? ¿Es un problema de mera incompetencia? ¿Cuál es esa barrera aparentemente invisible que siempre termina protegiendo a los asesinos, a los delincuentes, a los secuestradores que evita que de verdad paguen con todo el peso de la ley? Hay algo extraño…

  Por lo pronto, el Gobierno no pareciera atacar a estos delincuentes, pero si trata como tales, por ejemplo, a los empresarios. El gran titular de El Universal de hoy: “13 millardos suma la deuda en dólares con las empresas. El monto de los atrasos en la liquidación de divisas al sector privado se ha elevado hasta alcanzar una cifra equivalente al 61,6% de las reservas internacionales del Banco Central de Venezuela. El Gobierno ha expresado sus dudas sobre el volumen de esta deuda y ha condicionado su pago, mientras las empresas reportan el cierre de sus líneas de crédito en el exterior”.

  Es decir, el Gobierno pone bajo sospecha todo lo que venga del sector empresarial, el comercio; porque para el Gobierno, en principio, el comerciante, el empresario, el privado -usted- es un delincuente.

  Vuelvo a El Universal: “En el sector privado aseguran que la deuda de cada compañía está certificada por las propias autoridades, ya que para iniciar el proceso de importación, Cadivi emitió una Autorización de Adquisición de Divisas (AAD) y una vez cerrada la compra, tuvo que aprobar la liquidación de los dólares. No obstante, este pago no se ha materializado”.

  Eso es lo que ha complicado toda la situación con las divisas. Pero hay un detalle que no se nos debe pasar por alto. El Gobierno -que crea Cadivi, que reparte los dólares vía Cadivi- todavía no ha asumido el problema del llamado “Cadivismo”, bautizado así por el propio señor Maduro. Señor Rafael Ramírez, señor Sanguino -quien está al frente de una Comisión en la Asamblea Nacional para investigar el asunto-, ¿por qué no terminan de revelar los nombres de los delincuentes de las empresas de maletín que se llevaron, según las propias cifras que ustedes han dicho, la bicoca de 20 mil millones de dólares? ¿Qué están ocultando allí?

  Hay una relación, como decíamos, muy extraña del Gobierno con los delincuentes, y con otros que no lo son, pero que el Gobierno se empeña en lo contrario.

  ¿Dónde está el delito en definitiva? ¿Dónde está la voluntad para controlarlo?

 

 

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