La mamadera de gallo

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  En el editorial de Tal Cual escribe hoy Teodoro Petkoff: “Cualquier país puede soportar un mal gobierno, pero lo que no puede soportar por mucho tiempo es que no haya gobierno”.

  Y es esa, exactamente, la situación que estamos viviendo. Ayer reaparece, después de varios días de silencio,  Diosdado Cabello, en su condición de primer vicepresidente del Psuv -es decir, por encima de él en el Psuv solo Chávez-, y habla del Presidente ausente. La pregunta fundamental:  ¿Cuándo salimos de este limbo político? ¿Cuándo el Presidente asume?  Bueno, “cuando le dé la gana”, es más o menos la respuesta del señor Cabello.

  Leo en Nueva Prensa de Ciudad Guayana, citando a Cabello: “Se juramentará  cuando lo considere”. Dice el Correo del Caroní, también desde ciudad Guayana, -porque ayer la rueda de prensa fue en Ciudad Bolívar-: “El Gobierno remarca que Chávez manda desde la cama y a pesar de la convalecencia”.

  Está atendiendo las labores del Gobierno, -dice Diosdado Cabello-. Y reitera que el pasado viernes sostuvo una larga reunión con el Jefe del Estado (…) El primer mandatario recibió información sobre los temas económicos políticos y militares, “preguntó, pero como los sectores de la oposición no quieren escuchar ninguna noticia del Presidente que no sea la que ellos esperan que se dé, que no es otra cosa que desearle mal al Presidente, ellos van a tratar de desmentirla”. Esto se lee en la reseña de El Oriental de Maturín.

  La cosa no es tan compleja señor Cabello: si el Presidente está mandando, si el Presidente está tomando decisiones, sea por señas, sea escribiendo, sea como sea, ¿por qué no se juramenta? Hay algo terrible que suena a mamadera de gallo o a vulgar y descarada trampa.

  Me remito a la primera página de Vea: “El Presidente Chávez felicitó a Raúl Castro por su ratificación en la Presidencia de Cuba”. Y se ilustra con una fotografía de otros tiempos: Chávez sonríe a su lado, Raúl Castro sonríe, los dos lucen sanos; eran tiempos sonrientes. Pero a la fecha de hoy, después de 80 días, no hemos visto ni una sola foto de Hugo Chávez. Como dice Petkoff, en el editorial: No se puede ni siquiera asomar a la ventana, decir adiós con la mano o algo así.

  Lo interesante es que la presencia del Presidente es necesaria tanto para los opositores pero, sobre todo, para sus seguidores. Algo grave pasa evidentemente, y mientras el país tiene derecho a preguntarse: ¿quién de verdad está gobernando? ¿Quién manda en el país?, como ayer se preguntaban los estudiantes ante la Comandancia de la Marina.

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