El cólera en Yaritagua, 1856 – Elías Pino Iturrieta

El cólera en Yaritagua, 1856 - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Elías Pino Iturrieta

Elías Pino Iturrieta“Ni el médico de sanidad, señor licenciado Candelario Varela, que gana solamente veinte y cinco pesos mensuales, ni el señor Crecencio Montero que asiste con inteligencia, eficacia y prontitud a los coléricos de día y noche, dan abasto a los diferentes y numerosos casos que se presentan”. Solo son dos individuos, con nombre y apellido, de quienes depende la salud de Yaritagua en el llamado “cólera morboso” de 1856. Las vicisitudes de un país pobre, de un país del pasado que no encuentra cómo ocuparse de la salud pública… ¿Y en pleno siglo 21 tampoco?

 
El cólera en Yaritagua, 1856 - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

En 1856, Yaritagua vive “en medio de la mayor confusión y desconsuelo, al volver la vista hacia los cadáveres humanos, despojos de la más cruel y violenta enfermedad que aflige a las poblaciones de este Cantón, llamado cólera morboso”. De cómo se carece de apoyo profesional para atender la calamidad, dan cuenta las siguientes líneas de la administración local: “Ni el médico de sanidad, señor licenciado Candelario Varela, que gana solamente veinte y cinco pesos mensuales, ni el señor Crecencio Montero que asiste con inteligenciaeficacia y prontitud a los coléricos de día y noche, dan abasto a los diferentes y numerosos casos que se presentan”. Se desprende del documento que solo dos personas autorizadas deben llevar sobre sus hombros la carga de un mal que abruma a la colectividad, dos individuos con nombre y apellido de quienes depende la salud de Yaritagua. La situación es parecida en Caracas a la altura de 1849, como vimos el lunes, pero aquí se complica porque algunos vecinos quieren abandonar la población por procedimientos violentos y tiene que intervenir la Comandancia de Armas. Cesa entonces el tumulto, pero se multiplican las defunciones. En Barcelona sucede un lánguido alzamiento de pacientes, como veremos el viernes en este repaso de las vicisitudes de un país pobre, de un país del pasado que no encuentra cómo ocuparse de la salud pública.

 

 

 

 

 

 

Lea la primera parte:El cólera en Caracas, 1849”, de Elías Pino Iturrieta

 

 

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