Entrevista con Vicente Emparan (I) – Elías Pino Iturrieta

Entrevista con Vicente Emparan (I) - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

Estaba perfectamente seguro de la naturaleza conservadora de los caballeros llamados mantuanos, y pensé por eso que no se atreverían a dar un paso serio contra un funcionario de la monarquía. Lo único que les interesaba a los mantuanos era la conservación de sus inmensas prerrogativas… Ese conservadurismo me costó una grave trifulca, cuya memoria tenía muy fresca cuando Su Majestad me trasladó a Caracas.

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Elías Pino Iturrieta

Entrevista con Vicente Emparan (I) - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

-Señor Gobernador y Capitán General, es usted muy famoso en Venezuela. Supongo que lo sabía.

-Ciertamente, gozo de gran popularidad entre los venezolanos, no en balde con mi salida de Caracas, después de una jugada inesperada, comenzó el proceso de eso que llaman Independencia, de eso que se convirtió después en una matanza infernal.

-Pero no hablemos de una matanza que nadie todavía imaginaba, ni siquiera usted, sino de cómo lo sorprendieron los mantuanos cuando se dirigía usted a la Catedral el Jueves Santo de 1810.

-Debo decirle que fue una sorpresa relativa, porque los señorones de Caracas tenían días en reuniones secretas de las que tenía conocimiento y, además, ya se me habían acercado para hablar en la intimidad de los sucesos políticos. Todos los círculos más enterados de la ciudad no tenían mejor tema en sus conversaciones que el dominio de Napoleón en España, y allí debe usted incluirme a mí. Yo tenía cabal conocimiento de lo que estaba sucediendo.

-Entonces no entiendo cómo se dejó sorprender. Cayó usted como una palomita.

-Estaba perfectamente seguro de la naturaleza conservadora de los caballeros llamados mantuanos, y pensé por eso que no se atreverían a dar un paso serio contra un funcionario de la monarquía. Lo único que les interesaba a los mantuanos era la conservación de sus inmensas prerrogativas, que nada se moviera ni un centímetro en la parcela de su gran poderío. Conociendo esos antecedentes, pensé que solo harían movimientos tímidos frente a las noticias que llegaban de España, sin dejar de consultarme.

-Tal vez era usted nuevo en la plaza, sin mayor conocimiento de cómo se movían en realidad los aristócratas que terminaron por meterlo a la brava en el primer barco que salía del puerto.

-No. Recuerde usted que fui antes Gobernador de Cumaná, y que allá conocí perfectamente el comportamiento de los aristócratas venezolanos, celosos del mantenimiento del orden y temerosos de cualquier mudanza que cambiara el establecimiento, así fuera leve. Ese conservadurismo me costó una grave trifulca, cuya memoria tenía muy fresca cuando Su Majestad me trasladó a Caracas.

-Usted trajo de Cumaná fama de progresista, de hombre moderno y hasta afrancesado. Le pido que me cuente el miércoles lo que pasó allá, porque quizá preparó el camino a los mantuanos de Caracas para echarlo del poder.

 

 

 

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