Entrevista con Vicente Emparan (II) – Elías Pino Iturrieta

Entrevista con Vicente Emparan (II) - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

Pensé que unas gentes que se ocupaban de nimiedades odiosas para proteger su dominio comarcal, no osarían levantarse contra el representante del soberano. No tenía yo motivos para pensar seriamente en planes subversivos. Allí me manejé por un cálculo equivocado, porque en realidad lo que hicieron los mantuanos el Jueves Santo de 1810 no fue el inicio de una revolución, sino protegerse de una temida revolución.

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Elías Pino Iturrieta

Entrevista con Vicente Emparan (II) - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

-Quedó pendiente su comentario sobre las vicisitudes que padeció en Cumaná antes de gobernar en Caracas, que usted mencionó el lunes. Vamos a por ellas.

-Son vicisitudes muy importantes, que la mayoría desconoce en la actualidad. En 1809, los criollos de Barcelona se amotinaron porque nombré en su Cabildo a un mallorquín de antecedentes limpios, pero no protestaron porque fuera mal vasallo, o por alguna causa contemplada en los códigos, sino porque se había casado con una parda. El mallorquín no podía entrar en el Ayuntamiento porque “casó con desigualdad”, porque su mujer de piel morena no debía relacionarse con las esposas ni con las hijas de ellos en las ceremonias oficiales. Así argumentaron, ante mi estupefacción. Como no acepté sus planteamientos porque me parecieron despreciables e ilegales, hicieron protestas en las calles de Barcelona y tuve que mandar tropa armada para sujetarlos. Todo ese cuento corría en la ciudad, especialmente en la Real Audiencia, porque hasta su tribunal llevaron el pleito los aristócratas orientales, cuando Su Majestad me nombró como nuevo Gobernador y Capitán General con sede en Caracas.

-¿Eso lo condujo a equivocarse después, cuando los mantuanos de Caracas buscaron el poder político el 19 de abril?

-Pensé que unas gentes que se ocupaban de nimiedades odiosas para proteger su dominio comarcal, no osarían levantarse contra el representante del soberano. Si acudían a los tribunales del rey para que garantizara sus inmunidades, así fueran minúsculas y deleznables, no tenía yo motivos para pensar seriamente en planes subversivos. Allí me manejé por un cálculo equivocado, porque en realidad lo que hicieron los mantuanos el Jueves Santo de 1810 no fue el inicio de una revolución, sino protegerse de una temida revolución. Eso no lo capté cuando pasó.

-Ha hecho usted una afirmación que debe sustentar. Es algo realmente novedoso.

Napoleón es la Revolución Francesa hecha realidad en Madrid, pero los Borbones son la renovación de la monarquía después de la abulia de los Austrias, esos reyes tan lejanos y tan despegados de la vida de ultramar. En cambio, los Borbones, mis señores, son la Cédula de Gracias al Sacar, que concedía privilegios a los morenos y a los zambos, son la voluntad que crea milicias de pardos ante la estupefacción de los aristócratas que no quieren ver uniformada a esa gentuza; pero también significan controles idóneos a través de la Intendencia del Ejército y de la Compañía Guipuzcoana, a través de formas burocráticas de estreno y modas intrépidas que se han importado de París. Los Borbones, que son de origen francés y que traen nuevos aires, también escogen funcionarios como yo, formados en institutos modernos y familiarizados con el pensamiento ilustrado. ¿Todo eso no significa una revolución para los dueños de Venezuela, algo temible para los mantuanos que esperan que ni una paja se mueva en su parcela?

-Asegura usted que el 19 de abril de 1810 fue un movimiento conservador. Le pido que complete la idea el próximo viernes.

 

 

 

 

Lea la primera parte: Entrevista con Vicente Emparan (I)”, de Elías Pino Iturrieta

 

 

 

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