Guía práctica para acabar con un partido político – Daniel Godoy

Se han escrito cientos de páginas que han generado montones de guías o librillos con instrucciones para “tontos” que aseguran enseñar a los lectores cómo ser cocineros, mecánicos o economistas en 3 o 4 pasos. Lo primero que debo admitir es que no he leído ninguno con ese fin porque la verdad es que me considero lo suficientemente tonto como para que otro tonto me diga cómo hacer o aprender un oficio. En la mayoría de los casos esos pasquines son un sinfín de obviedades que al estar a la vista de todos no hace falta que alguien lo explique, pero cuando pienso en estas cosas me viene a la cabeza la famosa frase de Antoine de Saint-Exupéry “lo esencial es invisible a los ojos” y eso me lleva a considerar que si no somos capaces de ver lo “esencial”, no solo somos unos tontos sino que nos convertimos en “instrumentos ciegos de nuestra propia destrucción” como dejó escrito el Libertador Simón Bolívar.

Animado por la reflexión -y esperando ver si logro tener el éxito de estas guías para dummies- me adentraré a hacer un ejercicio similar en el campo de la política, y nunca mejor que luego de unas elecciones regionales en Venezuela como las del pasado 21 de noviembre, cuyos aparatosos resultados han puesto a los partidos políticos del #G4 a “reflexionar” porque tras el “accidente” la carrocería ha quedado muy abollada, casi en pérdida total.

Si bien es cierto que ya algunos partidos han acusado el golpe, puedo afirmar sin duda alguna que la peor parte se la ha llevado el mío, Primero Justicia, y eso nada tiene que ver con la abstención ni con las condiciones electorales, sino con una serie de errores no forzados, que ponen al partido en entredicho y que nos dan el derecho a todos los militantes de cuestionar a la dirigencia nacional y a algunos liderazgos, exigiendo que se tomen las medidas necesarias para que la reflexión sobre lo sucedido nos permita reemplazar y cambiar lo que no ha funcionado, tanto en la estrategia política, como en quienes toman las decisiones.

A la vista de lo acontecido en Primero Justicia, partido en el cual milito desde el año 2000 y en el cual he ocupado posiciones de dirigencia, que me llevaron inclusive a servir en funciones públicas por medio del voto popular, he aquí mi guía práctica sobre cómo acabar con un partido político en unos pocos pasos.

Paso 1. Haga y diga todo lo contrario a lo que siempre defendió.

Infúndales a sus militantes un amor desmedido por la vía electoral y hágales jurar “con sangre” que nunca se apartarán de ella ya que usted, mejor que nadie, conoce desde el 2005 las consecuencias catastróficas de abandonarla. Pero no solo importa el juramento de sus militantes, sino que usted como autoridad debe hacer lo propio y jurar lealtad eterna a la vía electoral pero –claro- este juramento tiene una excepción: si usted pierde una elección en varios estados y municipios del país pero no quiere asumir la responsabilidad de su derrota diga que usted se retira de la vía electoral amenazando con la pena de “exclusión” a los militantes que aspirarán meses después a cargos de alcaldes y concejales, sembrando en sus militantes y simpatizantes la contradicción y tal confusión que quede usted y toda la dirigencia como eruditos de la política.

Paso 2. Después de ganar la gobernación más importante en términos políticos del país renuncie a ella por sus “principios” sin pensar en quienes lo eligieron.

Es de vital importancia que después de arduos años de trabajo, de esfuerzos, de sacrificios materiales, personales y económicos y luego de no solamente de vencer a sus aliados políticos, sino también al gobierno en una elección donde cientos de miles de personas esperanzadas en una oferta electoral y tras años de desidia y malos gobiernos votaron por su partido, usted, esgrimiendo unos “principios” que nada tienen que ver con la coherencia sino con la falsa creencia de que usted saldrá cargado en hombros, renuncie acto seguido al mandato del pueblo y entregue a su adversario lo que tanto le costó conseguir. Y es que el triunfo de la opción opositora en el Zulia el pasado domingo es una muestra palpable de la miopía política de quienes en mi partido entregaron sin ninguna razón en 2017 esa gobernación al gobierno después de haberla ganado en buena lid.

Paso 3. Dígales a sus “militantes” que se postulen a una elección en la que su partido no va a participar y luego de que resulten electos exclúyalos y, si puede, expúlselos del partido.

Luego de haber cumplido a cabalidad con el paso anterior dígales a sus alcaldes del Área Metropolitana de Caracas que por razones de opinión pública no los pueden apoyar abierta y públicamente en las elecciones de 2017, pero que cuando ellos ganen y cambien un poco las circunstancias el partido los apoyará. Ahora bien, aunque estos alcaldes y concejales hicieron lo que el partido les dijo que hicieran, cómo también se reunieron con otra autoridad electa del partido de gobierno, es decir, el gobernador del estado Miranda, entonces la dirección nacional del partido los excluyó de nuestras filas logrando por carambola que más del 80% de la militancia nos abandonara y que Primero Justicia se haya quedado sin militancia en municipios que antes eran sus bastiones electorales.

Paso 4. Apoye cualquier iniciativa política sin importar si va o no en contra de los principios y valores de sus militantes; y luego del fracaso, hágase el pendejo.

Es imprescindible que se tomen decisiones que comprometan la credibilidad del partido y de su dirigencia sobre todo si su partido no tiene espacios para el ejercicio del poder. Siga estos pasos sin saltarse ninguno: además de abandonar la vía electoral no condene los intentos de golpe de estado ni la operación Gedeón, pida sanciones, hable de la dictadura y de que usted es un perseguido político, apoye consultas populares de imposible ejecución o ilegales, condene a sus aliados políticos por opacos manejos de fondos internacionales o bienes de la República pero, es imperativo que después de haber cumplido con todo esto, no renuncie a los privilegios que le proporciona esa alianza del “interinato” con el pretexto de que la “unidad” está por encima de todo. Ah, y para que no se me quede en el tintero, escoja a varios de esos dirigentes que se decían exiliados por el régimen y postúlelos para alcaldes o gobernadores pero es fundamental -para que tenga éxito la fórmula- que desplace en favor de estos “perseguidos políticos” que llegaron por avión a Maiquetía, a todos esos dirigentes del partido que acumulan labor social y años de trabajo en sus comunidades.

Paso 5. Tener a la mano un candidato que va de primero en las encuestas y retirarlo a pocos días de la elección.

Si el paso 2 le sorprende y le parece que no es lo suficientemente arriesgado o irresponsable, practique este: agarre al mismo candidato que le sirvió de excusa en 2017 para no participar en más elecciones en los siguientes 4 años y vuélvalo a lanzar a la misma gobernación, recordando siempre mantener en suspenso su participación en las elecciones hasta el último momento, aunque todo el mundo sepa que su partido si va a participar.

Haga encuestas y convenza a sus aliados políticos de que su candidato tiene la única opción de ganar, construya alianzas, diga primero que quiere primarias, luego que encuestas y luego cuando ya las encuestas no lo favorezcan, apele a un consejo de ancianos -o a un video en redes sociales lanzando un reto como si se tratara de una caimanera de béisbol- y si esto tampoco le funciona, renuncie a su aspiración y deje a sus aliados políticos en la estacada y a sus propios compañeros de partido como “novias de pueblo”. Nada de esto falla.

Paso 6. Tenga autoridades de su partido que quieran quedar bien con todo el mundo y no renueve jamás a la máxima dirigencia.

Si su partido tiene el privilegio de contar con un líder de proyección nacional que un día dice una cosa, y al día siguiente dice otra, y que no quiere quedar mal con nadie, no le corte las alas: aúpelo, anímelo a seguir así para que el partido siga perdiendo credibilidad cada día. Pero si esto no es suficiente y usted cree que todavía le falta algo para que cada vez los ciudadanos y los militantes se sientan más decepcionados y escépticos, no cambie nunca a las máximas autoridades de su partido. Eso sí: elabore comunicados ambiguos donde no se asumen responsabilidades para que todo el mundo crea que las cosas van a cambiar y que se va a rectificar el rumbo.

Seguro que de estos sencillos pasos se pueden hacer revisiones y modificaciones que amplíen la guía. Habrá quienes tratarán de hacerse los locos, e incluso quienes se sientan ofendidos, pero no se preocupen porque este solo es un ejercicio de aproximación, ya que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.             

 

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