La hoja de ruta y la fecha de vencimiento – Pedro Pablo Peñaloza

Pedro Pablo Peñaloza

Por: Pedro Pablo Peñaloza

La oposición venezolana no ha tenido “un” líder. Ha tenido candidatos que venían con “fecha de caducidad”: el día de la elección. Y esa práctica se extendió a los presidentes del Parlamento: un año de gloria y venga el otro. Por eso ahora que se habla de unidad es pertinente aclarar que no es el nombre, es la hoja de ruta.

Hoy lo atacan, pero Manuel Rosales fue en su momento la principal referencia de la oposición y con el lanzamiento nacional de Un Nuevo Tiempo, hasta se asomó la idea del “partido único” para enfrentar al nuevo Partido Socialista Unido de Venezuela. Aquello era imposible -y fracasó-por el mismo perfil de la oposición.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) nunca tuvo un líder. Tenía un secretario ejecutivo que hacía de vocero ante la opinión pública. Un portavoz que debía ceñirse a los acuerdos de los jefes de los partidos, en una estructura que no imponía disciplina y donde coexistían distintas agendas políticas.

En su condición de doble candidato presidencial, Henrique Capriles Radonski estuvo al frente hasta 2013. Las derrotas electorales abrieron la pelea por la conducción de la oposición, lo que se expresó en 2014 con “La Salida” convocada por Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma. Las parlamentarias de 2015 sirvieron para reunificar, pero la alianza opositora quedó herida de muerte.

Cada presidente de la Asamblea Nacional tuvo su cuarto de hora -o año- hasta llegar a Juan Guaidó, quien es el único que parece no tener “fecha de caducidad”. Esto es importante porque en sus respuestas públicas a Guaidó, Capriles Radonski y Machado señalan este punto. Sobre todo Machado y sus “120 días” de plazo para el jefe del Parlamento.

¿Hasta cuándo será Guaidó la referencia de la oposición? ¿Hasta alcanzar la transición? ¿Y cuándo será eso? Súmese a este hecho un detalle: el jefe político del partido de Guaidó, además de ser un competidor por el poder, tiene sus “cuentas pendientes” en temas de unidad.

López rompió con Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo, lanzó “La Salida”, y tuvo diferencias públicas con Ramón Guillermo Aveledo y la conducción de la MUD, hasta que esa plataforma se hundió por sus tensiones internas. Cosas del destino, hoy a un dirigente del polémico Voluntad Popular le toca estar al frente de la “unidad” opositora.

Guaidó ha admitido el desgaste del proceso político que lidera, no solo porque no se ha alcanzado el objetivo sino por los fracasos del 23F (ayuda humanitaria) y 30A, y el desastre de la llamada Operación Gedeón. Se entiende que consciente de ello, intenta ahora recomponer la unidad opositora.

Pero esa unidad no pasa por un nombre o líder. Aquí no hay mandamás ni caudillo. Pasa por una hoja de ruta clara y definida -no todo vale-, que convoque y entusiasme a las mayorías. Una hoja de ruta que transmita confianza y disipe los temores que existen.

Guaidó tiene el apoyo de la mayoría parlamentaria y de Occidente, que lo reconoce como líder de la oposición y Presidente encargado de la República. Igualmente, 27 partidos acaban de firmar un documento en apoyo a su propuesta. Pero eso no es suficiente si no se conecta con los ciudadanos.

Más allá del liderazgo, la concreción de una hoja de ruta es la clave. En el fondo, esa es la pelea: ¿cuál es la mejor propuesta para avanzar hacia el cambio político? En fin, ocuparse de ponerle fecha de vencimiento al régimen y parar la triste pelea por el subcampeonato.

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