La nueva batalla por la mente – Ángel Oropeza

publicado el 25/06/18 por Laura Rodriguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , ,

Publicado en El Nacional

Por: Ángel Oropeza

Los gobiernos democráticos existen para resolver los problemas de la gente. Los que no lo son, como el caso del nuestro, solo están allí para buscarles excusas a los problemas y para enseñarnos que las penurias siguen porque hay unos malucos que son los verdaderos culpables. No plantean su batalla en el terreno de las soluciones, sino en la esfera de las percepciones, eso que llamaba Chávez “la batalla por la mente del ser humano; si no ganamos esa batalla, no ganaremos ninguna” (Aló, presidente, n.° 327).

El último de los intentos del madurismo de escapar de su responsabilidad y esconderse tras cualquier argumento que le sirva de excusa está actualmente en marcha. Se trata de convencer a los venezolanos de que la pavorosa crisis económica y social que padecemos no es producto de su fracasado modelo de dominación y de su inseparable compañera, la corrupción oficialista, sino de las medidas sancionatorias que algunos países han decidido contra funcionarios del régimen incursos en violaciones de los derechos humanos, de la transparencia en el manejo de los recursos públicos y, más recientemente, del derecho de los venezolanos a tener elecciones de verdad.

Para tratar de instalar en el imaginario colectivo esta conveniente e infantil excusa, se ha iniciado un nuevo ciclo de guerra psicológica a través de la invasión sistemática de mensajes comunicacionales difundidos incesantemente por la extensa red mediática del Estado, combinados con la instrucción a todo funcionario del régimen de repetir en sus declaraciones públicas el mismo fútil argumento.

Lo cierto es que la tesis oficialista de suponer la penuria de la gente como ocasionada por las sanciones internacionales no resiste un mínimo análisis. Y para muestra sirvan solo unos pocos ejemplos. Recordemos que las sanciones a funcionarios individuales del régimen comenzaron a imponerse apenas a mediados de 2016.

El índice nacional de precios al consumidor cerró 2015 en 270%, la cifra más alta en la historia del país y la más elevada de todo el planeta, mucho antes de que el tema de las sanciones apareciera en la agenda internacional. Los niveles de inflación ascendieron por encima de 500% en 2016, y desde entonces no han dejado de crecer. El inalcanzable costo de la vida y la inflación desbocada que sufrimos los venezolanos no tiene nada que ver con sanciones internacionales, y sí con una política económica que solo ha traído hambre y miseria. De hecho, la caída sistemática y continua de la economía viene de 2014, cuando las sanciones no existían. En términos acumulados, en el período 2014-2016, la economía venezolana perdió 24,5% de su tamaño real, y desde entonces no ha parado de derrumbarse. El régimen, y no otra cosa, es el responsable de haber desperdiciado el boom de precios del petróleo más extraordinario de la historia de Venezuela.

La escasez severa de alimentos y medicinas, que ya venía presentándose en algunos rubros, alcanzó porcentajes críticos en 2014. Ese es el año de la aparición de las indignantes colas para conseguir comida, y el surgimiento del bachaquerismo como fenómeno consustancial e inevitable del modelo económico oficialista. El desabastecimiento de alimentos superaba en algunos rubros 50%, y en el caso de las medicinas se agravó a índices por encima de 60% en 2015.

Ejemplos como los anteriores abundan. Lo importante es subrayar que las sanciones decididas por algunos países de la comunidad internacional no son la causa de la crisis, puesto que demostradamente esta es muy anterior a aquellas, sino la consecuencia del comportamiento de un régimen que ha violado leyes y ha transgredido todas las normas posibles en detrimento de los venezolanos y en su propio beneficio.

Ahora bien, una cosa es que esto sea verdad, y otra distinta que la gente la conozca. Por ello es importante acentuar el necesario trabajo de docencia política aguas abajo entre la población, como herramienta imprescindible para evitar que sea víctima de este nuevo ciclo de guerra psicológica oficialista. Ya es bastante grave que la gente sufra, para que encima desconozca por qué.



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Por: Ángel Oropeza

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