La revolución Kardashian – Mari Montes

“Ser rico es malo” fue una frase acuñada por Chávez para satanizar la calidad de vida, para que no se aspirara a vivir mejor, para fomentar el odio, para que se viera casi como una traición al líder pensar en tener una mejor vida. Usó frases bíblicas para enaltecer la pobreza, casi como una bendición. Mientras avanzaba ese discurso, su entorno iba amasando fortunas sin el menor pudor. Los escándalos de corrupción, la impunidad, la hipocresía y la frivolidad han caracterizado desde siempre a esos populistas que, en nombre de los pobres, llegan al poder para abusar, para vengarse, para tener vidas ostentosas. El derroche está a la vista de todos.

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Mari Montes

En diciembre de 1998, Hugo Rafael Chávez Frías, recién electo, prometió que en un año resolvería la situación de los “niños de la calle”, o se cambiaría el nombre.

Sabemos que desde entonces, y hasta diciembre de 2012, ejerció el poder en Venezuela y no resolvió ese problema, que lejos de disminuir recrudeció hasta llegar a niveles impensables. Hoy en día la niñez en situación de calle, abandonada o viviendo con sus familias en condiciones precarias, es inocultable y las consecuencias incalculables.

El hecho de que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (WFP, por sus siglas en inglés), haya llegado a un acuerdo con Nicolás Maduro para proveer de alimentos a niños en edad escolar, que sufren de desnutrición y sus secuelas, es prueba de la gravedad que se vive en el país. A propósito del acuerdo, se recordó que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU publicó en 2020 un informe, que estimaba que uno de cada tres venezolanos no tenía acceso a la cantidad requerida para cumplir con los requisitos mínimos de nutrición. Es innegable que la desnutrición se ha acentuado en paralelo al deterioro del poder adquisitivo y al costo de los alimentos, entre otros factores. Muchos de aquellos “niños de la calle” que no fueron atendidos, son población en las cárceles, padres de otros niños de la calle, porque la espiral de ese problema es inmensa, de infinitas vueltas. El problema no se corrigió, no pasó de ser otra de las ofertas que el tiempo demostró, eran mentiras.

Se puede hacer un libro con las promesas incumplidas, alguien con paciencia, que tenga tiempo de revisar todas las patrañas y pamplinadas que salieron de la boca de Hugo Chávez, quien, como también sabemos, no se cambió el nombre y tampoco eliminó el flagelo de la infancia abandonada. Ese juramento quedó junto a otros, como convertir la residencia presidencial La Casona en una inmensa guardería, porque para él era suficiente “un apartamentico”; hacer una Universidad en el Palacio de Miraflores, y todo ese gamelote de cada domingo, de cada cadena

La retahíla de falsedades es muy larga, siendo una de las más sonoras: “Ser rico es malo”.

La terrible crisis que vive Venezuela se deriva de una verdad que hoy sólo pueden rebatir los cínicos: Hugo Chávez y la banda que lo acompañaba entonces y sigue abusando del poder, lo que querían era ser millonarios; darse los lujos que veían con envidia; exhibirse con prendas caras; zapatos de marcas costosas; ropa de las mejores casas de moda; carteras de diseñadores; viajar en jets privados; pasear en yates; comprar sin ver el precio; adquirir propiedades en Florida, islas del Caribe, ciudades europeas; vacacionar en paraísos; enviar a sus hijos a los mejores colegios; incluso a otros países.

“Hoy en día la niñez en situación de calle, abandonada o viviendo con sus familias en condiciones precarias, es inocultable y las consecuencias incalculables”

“Ser rico es malo” fue una frase para satanizar la calidad de vida, para que no aspiraran a vivir mejor, para fomentar el odio, para que se viera casi como una traición al líder pensar en tener una mejor vida. Usó frases bíblicas para enaltecer la pobreza, casi como una bendición.

Mientras avanzaba ese discurso, su entorno iba amasando fortunas sin el menor pudor.

Comenzaron los escándalos de corrupción, como el ya olvidado “Plan Bolívar 2000”, contratación de obras que nunca se concluyeron, que se quedaron en una valla que terminó como pared de un rancho en una invasión; notas estructuradas; Cadivi y sus empresarios de maletín; la corrupción que terminó por desmantelar PDVSA; ese engaño y mina de corruptos que fue PDVAL, y la importación de comida de mala calidad, con jugosas ganancias para los “empresarios”; toneladas de alimentos podridos en contenedores, al tiempo que surgían esos nuevos ricos bautizados como “enchufados” y otros ricos no tan nuevos, pero sí mucho más ricos, conocidos como “bolichicos”.

Aparecieron los casos de corrupción y con ellos la impunidad y la persecución a los periodistas que investigaron y a los medios desde donde se señalaron a los involucrados. Muchos de esos comunicadores debieron irse al exilio, y medios fueron cerrados, reducidos o cambiaron de dueños y política editorial.

Además de los buenos trabajos de denuncias que ha hecho el periodismo independiente, de investigación, han sido ellos mismos, los miembros de la Nomenclatura chavista y sus relacionados, quienes han evidenciado que esa frase “ser rico es malo”, no era más que paja.

Veo a Delcy con sus zapatos de goma Balenciaga; a Cilia con su cartera Valentino; al hijo del “Contralor” Amoroso en su propio avión; a cualquiera de ellos, con más pinta de invitados a una esta del “Señor de los Cielos”, con sus mujeres “explotadas”, que a revolucionarios defensores de la justicia social, y concluyo que la frivolidad es el origen de la situación.

La frivolidad es lo que tiene a Venezuela sufriendo calamidades de hecatombe. La frivolidad más despreciable. Lo único que querían eran tener lo mismo que los millonarios, los que han logrado sus fortunas con trabajo decente y los que no, también.

Es la hipocresía que desde siempre ha caracterizado a esos populistas que en nombre de los pobres llegan al poder para abusar, para vengarse, para tener vidas ostentosas, sin pudor, como puede verse en las redes sociales de sus hijos y allegados, porque les gusta exhibirse, parece que disfrutan llevando prendas de miles de dólares, parece parte de la revancha que tienen contra no se sabe quién. Conocemos el derroche, no es nuevo, está a la vista.

Salvando la distancia, porque las protagonistas del reality show, trabajan sin hacer daño a nadie, aunque el famoso programa salió al aire en 2007, ya desde 1998, Hugo Chávez, lo que quería, era ser una Kardashian.

 

 

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