Las flores plásticas – Soledad Morillo Belloso

Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

A veintitantos días continuos, comienzan a abrirse más las grietas. Las internas y las externas. Estaban más o menos disimuladas o camufladas. Maquilladas, desodorizadas, basteadas. Ahora las paredes de una realidad ficticia comienzan a escarapelarse. Las personas van perdiendo los frenos de una educación que en realidad nunca internalizaron. Los ladrones van quedando a la vista. Los farsantes van perdiendo el disimulo. Las confesiones de amor se desnudan y van mostrando verdades no tan bonitas. La reclusión muestra la cara oculta del disgusto. Ese que estaba ahí, metido en una bolsa con cierre mágico. Salen de paseo la envidia, la codicia, la mentira, el egoísmo. Están cómodos, en su territorio.

Dicen las estadísticas que han bajado sustancialmente los contactos cibernéticos con los abuelos, que las llamadas por Whatsapp o facetime se han ido espaciando. De diarias pasaron a interdiarias. Ahora cada tanto, cuando la culpa molesta.

Cientos de miles reciben avisos de desalojo de sus caseros. No pueden pagar la renta. Pero esos caseros no consiguirán tan fácilmente nuevos inquilinos. Y además de haber perjudicado a inocentes, habrán foto lazos que su bien tipo llevaban anudando. La mezquindad sufre de la enfermedad de la idiotez.

Dicen también las estadísticas que ha bajado el porcentaje de donaciones. Los filántropos no se sienten atraídos a firmar cheques si no hay un concierto, desfile  o kermesse donde puedan ser retratados para las páginas de sociales. Los desprendidos verdaderos siguen siendo los mismos. Y siguen pidiendo que no se les mencione.

Para cuándo pase todo esto, las economías estarán hechas jirones, algunos serán obesos y otros lucirán peor que anoréxicos y muchos gobiernos y liderazgos estarán agónicos. Pero todo eso tendrá remedio. De todas las epidemias y pandemias se ha levantado la Humanidad.  De lo que será difícil recobrarse será del descubrimiento de los amores que no eran amores, las solidaridades flacas,  la generosidad con errores ortográficos.

Cantó Bocelli en Milano y medio mundo creyó que en la gratuidad del concierto venía incluida una tarjetica de indulgencia plenaria.

Mañana se levantarán igual. Los farsantes, los aprovechados y los oportunistas, los que miran para otro lado, los relamidos de todos los tiempos. Los pajaritos seguirán cantando. Ellos no sucumben ante los colores de las flores plásticas.

 

 

 

 

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