Negarse a la ignominia – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

Es larga la lista de las cosas que no tolero, que me indignan o que directamente odio. Mucho más larga es la lista de los asuntos que me son indiferentes. Pero es larguísima la lista de las cosas que me gustan. Tengo intolerancia (física) a la brutalidad, la vulgaridad y la vagabundería. Me resbala por la pendiente de la indiferencia la ambición desmedida por el poder o el dinero. Me fascina la gente culta e instruida sin pedanterías y que tenga magnífico y elegante sentido del humor.
No consigo absolutamente nada rescatable de este régimen que aplasta a Venezuela. Exhibe descaradamente su brutaludad; es vulgar en las palabras, los gestos, los quehaceres y la mirada y ha contagiado de sus malos modos a amplios grupos de la población de un país que fue sencillo y humilde pero nunca con comportamiento de albañal; y se pasillanea sin recato alguno mostrando su nauseabunda corrupción persuadido que nada ni nadie podrá hacerles jamás pagar por su enormes fechorías. Son tres pecados capitales. Imperdonables. Para los infiernos de Dante.
Pero hay, aunque hoy nos parezca casi un imposible, una Venezuela rescatable para el bien, para el progreso, para la decencia. Es una Venezuela que hoy está sojuzgada, aplastada, encarcelada, con grilletes en manos y pies. Es la Venezuela que fue mancillada en su pasado y su presente y tiene el futuro bajo estado de secuestro.
Yo entiendo por qué cuesta tanto que fuera de las fronteras no nos entiendan. Nadie en su sano juicio puede comprender cómo se pudo, adrede, destruir a un país que tenía todo para superar cualquier escollo. No alcanzan a desentrañar la madeja de componendas y trapisondas que buscaron y lograron llevarnos a la bancarrota. Es muy difícil explicarles que el de Venezuela no es un gobierno malo, o una dictadura como tantas ha habido en la historia del mundo y de este subcontinente nuestro. Con cifras en mano, elaboramos informes y reportes, por sectores, por áreas, para intentar explicar que la quiebra de Venezuela es un negocio redondo para oportunistas locales y foráneos. No lo entienden. Preguntan para qué destruir a Venezuela si la prosperidad les daba a los asalta caminos la posibilidad cierta de enriquecerse. Vuelta otra vez a explicar más y mejor. Que Venezuela fue el premio gordo de la lotería con todos los cartones tíos en las manos de unos pocos. Que la convirtieron en un lupanar de los más bajos fondos. Que quitaron todos los posibles controles para poder robar a manos llenas con garantías de impunidad. Siguen sin entender. Les resulta inconcebible que hayamos permitido que nos llevarán a este estado de cosas. Repetimos: fue un ne-go-cio. No una revolución política. Lo que hay tras esto no es un ideario bueno o equivocado. Es convertir a todo un país, a sus riquezas, a su territorio, a su gente, en los activos de unas mafias que nos exprimieron hasta el carozo.
Tardóse en recelar mas una vez celoso dejóse arrebatar por su locura. Finalmente entienden. Les cayó la locha. Miles de refugiados que se convertirán en un problema serio para oso países receptores; los caminos abiertos para el tráfico de drogas, armas y personas; miles de millones de dólares que robados fueron a parar a economías foráneas y hoy se lavan en todo tipo de comidas e inversiones fraudulentas; un problema serio de derechos humanos por los presos políticos, la violencia contras los ciudadanos, él hambre, la miseria y la carencia de los más elementales medicamentos para atender enfermedades de todo tipo y ya con el peligroso repunte de epidemias de alta peligrosidad que pueden traspasar fronteras. Ahora entienden que no es un problema local. Ahora es continental, hemisferio y transcontinental. Entienden que el problema lo tienen sentado en sus patios. Ahora sí entienden.
El Vaticano dijo que el papa no se reuniría con los obispos venezolanos. Recogen el cabo y se anuncia que sí habrá encuentro. Francisco, un papa con notable ejercicio en lo teológico, tedien empero que ser lo que también es: un líder mundial político y social. El mundo está muy complicadas, es cierto. Pero a Juan Pablo II el papado no le tocó como soplar y hacer botellas. Y ahí está su obra, su legado.
Que los mandatarios de Francia, España, Alemania e Inglaterra hayan recibido como visitante de estado a Julio Borges y a Freddy Guevara dice mucho. Que apoyen la causa del rescate de la democracia en Venezuela no es un gesto menor. Tan fuerte fue que Maduro arrugó y no va a Ginebra.
Hay que negarse a la ignominia. Prefiero morir de pie que arrodillada ante quienes destruyeron a Venezuela.
@solmorillob
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