Pitazo y fuga – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

Yo le presto mucha atención a todas las declaraciones del ilegal e inconstitucional Fiscal General de la República. Sí, ya sé. Muchos no entienden de dónde saco estómago. Bueno, de mi convicción democrática. Tengo que tomarme muchas pastillas contra la náusea. Y varios centenares de goticas de valeriana. Pero escucho cada una de sus palabras.

El señor Saab gusta del hablar cantinfleado. Pero este régimen nos ha enseñado a todos los que somos focalizados vigilantes de la gestión pública a quitarle la paja a todos los discursos. Es cierto que con este señor al disgusto de tener que soportar verlo triturar el castellano y caer en el fastidio de la ecolalia, se suma su desagradable mohín de asco que hace con la boca. No importa. Igual lo escucho.

Desde que está en ese cargo, por designación de la ilegal e inconstitucional ANC, el señor habla más que radio prestado. Luego de varias de sus alocuciones y conferencias de prensa concluyo que lo hace para cumplir dos propósitos: liderar el linchamiento de la Fiscal General Luisa Ortega y alertar a los corruptos rojos rojitos que mejor hagan maletas antes que a él no le queda de otra que iniciar un proceso. Es decir, operación pitazo. Para que corran en fuga.

Por ahora los detenidos por los notables casos denunciados por el señor Saab no pasan de ser unos cuantos perejiles. Ningún chivo de peso. Nadie con vara alta. No que los perejiles sean cañadas palomitas y no estén involucrados y comprometidos en serios delitos contra la Nación y la cosa pública, pero los mandamases, los meros-meros, los jefazos, a esos ni con el pétalo de una rosa. O ya se fueron, o están en algún cargo diplomático, o andan haciendo sus maletas o están más que seguros que tienen impunidad garantizada.

Los casos de los que declara el señor Saab son variaditos. Pero todos son cifras estrafalarias, de esas que los cerebros normales no conseguimos procesar. A este paso, si hace lo que dice que va a hacer, serán toneladas de investigaciones. Eso, que para algunos puede lucir como bueno, se traduce en aquello de «quien mucho abarca poco aprieta». Arme usted miles de casos para que los gordos se pierdan en el maremagno de expedientes. Vieja estrategia aplicada en muchos países en los que fue necesario guardar la basura bajo la alfombra. Si montar el entramado de corruptelas fue difícil, desenredarlo lo es mucho más.

Entretanto, algunos corruptos que pertenecen a la especie «piratas saqueadores de oficio» lidian con lo que los testaferros les quieren cobrar. Que ha subido la tarifa de operación. Simple, a más riesgo, mayor la comisión. Otros buscan cómo traspasar «legalmente» todo a panitas confiables de sus hijos, la nueva camada de testaferros.

Este patriótico saqueo no sólo ha dejado a Venezuela en la carraplana sino asfixiada en deudas por dos o tres generaciones, con servicios públicos destruidos, hambreada, condenada a morir por enfermedades o a manos de una delincuencia legitimada por un régimen cuya meta parece ser el exterminio sistemático de la población o, en su defecto, garantizar la emigración de millones de ciudadanos para no tener que cargar con ellos.

El mejor negocio en la Venezuela de hoy es enchufarse en el régimen. Y los delincuentes ahora operarán «off shore». De eso, y no de procura de justicia, se trata cada pitazo que con notable eficiencia da Saab con sus pomposas declaraciones. ¿Así o más claro?

 

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