Que se sepa – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

 La semana pasada, en este mismo espacio, sostuve que a pesar de estarsoledad morillo belloso 2 enfrentada a un gobierno poderoso, la oposición tiene en sus manos algo extraordinario, la oportunidad. En esto hay buenas y malas noticias. Y hay también asuntos a los cuales se les da mucha relevancia cuando en realidad son baladíes.

 Sostengo que no hay forma de tener una democracia sólida sin políticos agrupados en partidos. No sólo no creo en la anti política sino que me he pasado media vida combatiéndola. Ella, la perniciosa anti política, luce vencida de vez en cuando pero suele colarse por las rendijas cuando los liderazgos parecen extraviados. Estamos en peligro de que se produzca esa circunstancia, lo cual convendría extraordinariamente a un gobierno sobre el cual pesa el descontento popular y al cual lo salvaría de un castigo electoral el que la gente notara un clima de indecisión en las fuerzas de oposición. Se trata entonces de decisiones.

A la gente del común le sabe a carato de parcha los evidentes pleitos internos. No me refiero tan sólo a los enfrentamientos divisionistas en la oposición. Lo mismito ocurre en un gobierno ya notoriamente craquelado en facciones. Los electores están hartos de liderazgos que lucen alejados de la realidad. Si leemos entre líneas los resultados de todas las encuestas, podemos definir claramente un deslizamiento de la confianza. Atención: de la desconfianza a la decepción hay un paso nomás. Y cortico es el camino a la desilusión. Y de allí al despecho hay simplemente un tris.

 Claro que cualquier estratega medianamente avezado diría que la situación pinta de oportunidad. Que un brillante y seductor liderazgo puede y debe aprovechar ese despecho y conseguir enamorar a una ciudadanía que anda buscando quién la quiera bien, que no la engañe, que no le saqueé la cartera, que le dé su puesto. La estrategia de la oposición no puede ser montarse en el escenario y actuar con la falsedad del liderazgo oficialista. Al fin y al cabo, la tercermundista táctica populista ha convertido al gobierno en el desastre empatucado que es. Que se sepa: de billetes de treinta estamos en este país hasta el remoño.

Los pleitos internos entre las fuerzas de oposición aburren. Parecen comadres de casa de vecindad agarradas por los moños por lo que pasa en la novela que transmiten en la tarde como relleno. Que se sepa: los electores ven esos pleitos con total desprecio. Para ganar el respeto y la confianza hay que hablar claro, tomar decisiones y ejecutarlas. La habladera e’ zoquetadas cansa y hace que la gente se desconecte.

 El tiempo es un recurso natural no renovable. Termina el 2014 y los ciudadanos sienten que los liderazgos están en una suerte de viaje infinito en una tierra del verde jengibre propulsada por la inercia, mientras los mortales hacen colas infinitas para comprar lo que se consiga en una Venezuela donde cada vez hay menos alimentos, menos medicinas, menos empleos, menos progreso, menos dólares, menos tecnología, menos comunicación, menos prosperidad, menos libertad, menos justicia, menos democracia, menos república, menos futuro, menos esperanza, menos país. Hará bien el piloto de la tierra del verde jengibre en dar por terminado el viaje y aterrizar la nave. Se agradece. Lo antes posible. Que para luego será tarde.

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