Tres metáforas – Soledad Morillo Belloso

Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

Es lunes. Termina noviembre. Y algunos ya se tomaron las pepitas de “Olvidex”.

En primera plana varios horrores. Pero en esta tragedia de país, tres son metafóricos.

Cientos de millones de dólares fueron invertidos (gastados) en el sistema tecnológico electoral más avanzado del mundo. Lo llaman “el estado del arte”. Pero más de una semana transcurre y el CNE no anuncia el ganador de la gobernación de Barinas. El asunto da para una película de Buñuel o Berlanga. El papelón del organismo electoral no hay palabras para describirlo. Supera con creces cualquier estructura gramatical.

La segunda metáfora es lo ocurrido con un individuo de nombre Alejandro Moncada, concejal electo por ante la cámara  del municipio El Hatillo. Esto es de  película del Indio Fernández, quién era un cineasta extraordinario, muy diestro en poner de bulto la vulgaridad que se enseñorea en los caminos republicanos latinoamericanos.

La tercera metáfora, sin duda la más dolorosa escena, ocurre en la población de El Tigre. Y es un cocido de tristezas. Una mujer, de 28 años, con cinco hijos de padres ausentes, vive (más bien sobrevive) de recolectar plástico en basureros. Su hijo menor, un bebé, encargado a sus otros hijos, todos en grave estado de desnutrición, fallece en circunstancias no claras.

Tres metáforas de la clase de país que tenemos y que algunos no ven, no quieren ver, no tienen el menor interés en ver.

La institucionalidad naufraga en aguas pantanosas. El organismo electoral no puede manejar un proceso en un estado. Y nadie acepta su responsabilidad.

Un individuo deleznable se cuela por los resquicios de la irresponsabilidad y se hace de una curul de edil en un municipio con vasta historia y señorío.

Una mujer se convierte en el claro ejemplo de como la sociedad está contagiada de un complejo virus con varios pecados sociales:  la desidia, la indolencia, el desprecio. Para esa mujer no hay estado, no hay sociedad, no hay iglesia, no hay educación, ni ayuda, ni compasión ni piedad. Ella es víctima y victimaria. Y los niños serán tan víctimas y tan victimarios como ella.

Pero no hay tiempo ni emociones para ocuparse de esto. Mañana o pasado otros horrores estarán en las primeras planas de los medios y harán tendencia en las redes. Todo se integra al paisaje. Cuestión de costumbre. El alma nacional está enferma.

 

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