Una falsa sensación de prosperidad – Alejandro Grisanti Capriles

Publicado en: Runrunes

Por: Alejandro Grisanti Capriles

En las últimas conversaciones que he tenido con amigos ha salido repetidas veces el tema de que Venezuela cambió como por arte de magia, que el país está chévere, lleno de bodegones, que ahora encuentras lo que quieras, que abrieron tres restaurantes nuevos en Las Mercedes, que retornó la vida nocturna, y algunos más osados hablan hasta de invertir en el país.

Este pequeño grupo cree que su burbuja no solo produce prosperidad para ellos, sino que de alguna manera le llega al resto de los venezolanos. Justo es decir que la mayoría me cuenta su percepción de mejoría con preocupación porque “cómo vamos a salir de Maduro si logró revertir la crisis y hacer que los venezolanos vivan mejor”. La realidad es que la economía es traicionera, que lo que aparenta ser no es y que, a pesar de que mucha gente cree que no vive en una burbuja porque habla con un taxista, con los que trabajan en su casa o con el caddie que le carga los palos de golf, la crisis sigue latente y afecta a la mayoría de los venezolanos, que en 2019 consumieron menos alimentos y medicinas que en 2018.

Esta falsa sensación de prosperidad me hace recordar la errónea percepción de crisis que había en 2012. En aquella época, como no se encontraba papel sanitario o azúcar en los anaqueles, muchos decían que teníamos un Gobierno sin acceso a divisas, un país en crisis y que entonces era posible derrotar fácilmente a Chávez en las elecciones de octubre. Recuerdo que en enero de ese año escribí que teníamos un Gobierno apertrechado de dólares —con más de US$70.000 millones en activos líquidos— y que esa sensación de crisis no era real. Hoy todos conocemos la historia: Chávez utilizó esos recursos para crear un gran boom de consumo y ganar esas elecciones. Aquellos excesos nos trajeron estas tempestades y fueron la principal semilla de esta crisis económica que hoy cumple siete años .

Para la mayoría de los venezolanos 2019 fue mucho peor que 2018

De acuerdo con cifras publicadas por el Banco Central de Venezuela (BCV), en 2019 se cumplieron 24 trimestres consecutivos de contracción económica, con lo que la caída del producto interno bruto (PIB) se acerca a un acumulado de 60% desde que Maduro disfruta del poder. Esta es una de la crisis mas prolongada y mas profunda que un país sin guerra, haya tenido en el hemisferio occidental, y desafortunadamente todo indica que se prolongará por algunos trimestres adicionales.

Sin embargo, como el BCV publica sus cifras por capricho, para ver en profundidad lo que ocurrió en 2019 debemos recurrir a fuentes adicionales de datos, como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y otras fuentes del sector privado que gentilmente la compartieron para este artículo.

Arranquemos con el sector petrolero. De acuerdo con cifras de Petróleos de Venezuela (PDVSA), la producción petrolera cayó 32,4%, es decir pasó de 1,52 millones de barriles diarios (mb/d) a 1,03 mb/d, lo que representa una caída de 490.000 barriles diarios. De acuerdo con fuentes secundarias, la caída fue aún más profunda, pues en 2019 se produjo 41,3% menos petróleo que en 2018, para pasar de 1,35 mb/d a 0,79 mb/d. Valiéndonos de fuentes secundarias y suponiendo que la caída en la producción se refleja 1:1 en las exportaciones, y utilizando el precio promedio de la cesta venezolana, encontramos que en 2019 Maduro recibió US$13.220 millones menos que en 2018. Con menos divisas en la economía, es imposible que mejore el poder adquisitivo de los venezolanos .

El segundo conjunto de cifras proviene del sector privado, tanto en relación con la comercialización y distribución de productos de consumo masivo como con la producción de los mismos. Para evitar las distorsiones que crean los precios relativos, en una economía en la que el precio del dólar ha subido menos que proporcionalmente que el índice general de precios, les pregunté a dos grandes empresas de distribución y comercialización sobre el comportamiento en número de unidades vendidas. Una de las grandes redes de supermercados me informó que en 2019 vendió 46,4% menos unidades que en 2018.


Si a esta contracción de las ventas le sumamos que la tendencia del sector privado ha sido la reducción en los tamaños de los empaques para poderlos hacer mas accesibles a la menguada capacidad de compra de los consumidores, la contracción en el consumo de los venezolanos de menores recursos es aún mayor. El segundo grupo, que trabaja en el sector de salud, señaló que en 2019 vendió 33,2% menos medicinas que en 2018.

Por último, presento aquí un conjunto de cifras detalladas que solo abarcan el primer semestre de 2019 y que reflejan contracciones importantes si se contrastan con las del primer semestre de 2018. Estas cifras apuntan a una caída de 52,9% en el consumo de proteínas, 63,2% en lácteos, 44,4% en frutas, 52,7% en vegetales y verduras, 52,3% en condimentos y 55,1% en bebidas no alcohólicas.

Estas cifras demuestran inequívocamente que el venezolano promedio continuó reduciendo su consumo de alimentos y medicinas en 2019, en comparación con 2018. El Gobierno viene haciendo un ajuste draconiano (insostenible en el mediano y largo plazo) en la política fiscal y monetaria, pues al hacerse la vista gorda con los controles de precios y de cambio reduce la inflación a cambio de un fuerte incremento en la inequidad y una fuerte contracción en la capacidad de compra. El año 2019 cierra con los mayores niveles de desigualdad entre ricos y pobres, aspecto que está muy marcado geográficamente entre Caracas y el resto del país.

La burbuja del “este de Caracas”

La burbuja del “este de Caracas” tiene diferentes orígenes, unos más oscuros y otros más lícitos. Ciertamente, tener un Gobierno menos adverso al sector privado, que comienza a aceptar, así sea informalmente y de forma muy desordenada, las leyes del mercado y que se hace la vista gorda con los controles de precio y de cambio, crea un clima en el que el sector privado (principalmente el comercio y la pequeña y mediana empresa) puede operar mejor y generar utilidades. Muy posiblemente la venta de un menor número de unidades, con menores costos pero con mayores márgenes, esté dando algo de oxígeno y utilidades a las redes de distribución y comercialización. Pero que tan sostenible es esto, y que confianza se puede tener en que Maduro continúe en esta línea. A mi parecer muy poca, y hay que tomar esta aparente flexibilización con mucho cuidado.

Una segunda fuente que alimenta la burbuja es la movilización interna, pues familias con poder adquisitivo que antes hacían vida en el interior del país se han mudado a Caracas en busca de servicios públicos, especialmente agua y electricidad. Pero esto es un juego suma cero. Es decir, que el incremento de ese consumo en el este de la capital, es a costa de una disminución importante del mismo en el interior del país.


No es anecdótico, ver lo destruido que están ciudades como Maracaibo, Barquisimeto o la misma Valencia. Por último, los enchufados y corruptos de siempre, que cuentan con un gran poder de compra de artículos de lujo, y que se han visto obligados a gastar en Caracas sus dineros mal habidos por no poder hacerlo en el resto del mundo debido a las sanciones. Es difícil medir estas dos últimas tendencias, pero ciertamente deben ser parte de la explicación de lo que está ocurriendo.

Este renacer en el este de Caracas, de bodegones, de restaurantes de primera categoría y de Dom Pérignon, mientras que el resto del país se hunde en una crisis muy profunda, exacerba las diferencias entre los ricos y los pobres. Los bodegones llenos de Nutella, y de productos de Costco, me recuerdan las tiendas de turistas en Cuba, donde unos pocos privilegiados con acceso a divisas podían comprar esos productos. Por último, la política que está aplicando el Gobierno puede resumirse en “Caracas (y solo el este de Caracas) es Caracas y el resto, monte y culebra”.

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