Otra de Da Vinci

publicado el 25/08/13 por Ana Forero en Arte Etiquetas:

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  De Da Vinci uno no se cansa de leer, de Da Vinci uno no se cansa de descubrir textos y más textos sobre su obra, su vida, su tiempo. Recién descubrí en el diario El País de Madrid este trabajo de Alex Vicente desde Edimburgo, bajo el titulo:

  “Anatomía de un genio total”

  Ya ha pasado casi medio siglo, pero Peter Abrahams recuerda el día que descubrió los estudios anatómicos de Leonardo da Vinci. Profesor de la Universidad de Warwick y eminencia en el campo de la anatomía clínica, Abrahams era entonces un joven estudiante en el Londres de la posguerra, dice: “Observé el dibujo de un cráneo abierto en dos, en el que se observaban las capas de piel, los músculos faciales y la estructura ósea”, rememora. “Ese fue el día que entendí cómo funcionaba la anatomía humana”. La experiencia le marcó, hasta el punto que Abrahams sigue utilizando esas mismas láminas de trazo nervioso para enseñar los principios básicos de la anatomía a sus estudiantes. “Hace cuarenta años que recurro a ellas. Gracias a Leonardo, me consideran el maestro enrollado que consigue que la anatomía se vuelva interesante”.

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  El profesor ha pasado los últimos cuatro meses orquestando la exposición The Mechanics of Man, (La mecánica del hombre), que hasta el 10 de noviembre permite observar de cerca los dibujos firmados por Da Vinci en el Palacio de Holyroodhouse de Edimburgo. La muestra exhibe treinta de los originales, que forman parte de un lote de 600 dibujos del artista que pertenece a la corona británica desde 1690. Hoy no queda anatomista que los desconozca, pero durante 300 años acumularon polvo en la biblioteca real. “Nadie los entendió porque eran demasiado avanzados para su tiempo”, afirma Abrahams. Hasta que, en 1900, alguien decidió publicarlos como un compendio de anatomía y el mundo se dio cuenta de lo que se había perdido.

  Todo empezó durante el invierno de 1507, cuando Leonardo da Vinci se sentó en el lecho mortal de un anciano “que decía tener 100 años” en el hospital de Santa Maria Nuova de Florencia. En plena conversación, el viejo se fue apagando hasta que falleció. “No había nada mal en su cuerpo, excepto la debilidad. Decidí diseccionarlo para entender la causa de una muerte tan dulce”, escribió Leonardo. Observó un corazón “seco” y un hígado en el que describió, por primera vez en la historia, los síntomas de la cirrosis. Sería solo el primero de innumerables descubrimientos, como el primer dibujo de la espina dorsal, un esquema rompedor de las arterias y los vasos o incluso un dibujo pionero de un feto en el útero materno, que aparece expuesto junto a una maqueta 3D generada con ultrasonidos de un feto de quince semanas. La comparación con el dibujo de 1510 no desmerece en absoluto.

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  La experiencia del viejo despertó el gusto por la anatomía en el artista, que llevaba varias décadas experimentando con animales muertos. Entre 1507 y 1513, Da Vinci ya había abierto treinta cadáveres para examinar órganos y conductos, con la ayuda de un profesor de anatomía en la Universidad de Pavía, Marcantonio della Torre. “A diferencia de lo que se suele creer, la disección humana no estaba prohibida. Una bula papal lo autorizó expresamente a partir de 1482”, precisa Clayton.

  Más adelante, el trabajo de El País acota:

  Pese a todos sus avances, Da Vinci nunca logró publicar su soñado tratado. “Se encontró con un problema. El 95% de su investigación era correcta. Solo le fallaba el corazón”. Además, Da Vinci no logró desmarcarse de las tesis de Galeno, médico del siglo II cuyas improbables teorías sobre los humores y la relación entre el físico y la psique se mantendrían vigentes durante 15 siglos, pese a que toda su investigación le obligara a adoptar un nuevo camino.

  Se imaginan, ¿cómo sería Da Vinci si estuviese vivo hoy en día? ¿Hasta dónde podría llegar? ¿Qué tanto podría descubrir el genio renacentista?

 



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  “Anatomía de un genio total”

  Ya ha pasado casi medio siglo, pero Peter Abrahams recuerda el día que descubrió los estudios anatómicos de Leonardo da Vinci. Profesor de la Universidad de Warwick y eminencia en el campo de la anatomía clínica, Abrahams era entonces un joven estudiante en el Londres de la posguerra, dice: “Observé el dibujo de un cráneo abierto en dos, en el que se observaban las capas de piel, los músculos faciales y la estructura ósea”, rememora. “Ese fue el día que entendí cómo funcionaba la anatomía humana”. La experiencia le marcó, hasta el punto que Abrahams sigue utilizando esas mismas láminas de trazo nervioso para enseñar los principios básicos de la anatomía a sus estudiantes. “Hace cuarenta años que recurro a ellas. Gracias a Leonardo, me consideran el maestro enrollado que consigue que la anatomía se vuelva interesante”.

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  El profesor ha pasado los últimos cuatro meses orquestando la exposición The Mechanics of Man, (La mecánica del hombre), que hasta el 10 de noviembre permite observar de cerca los dibujos firmados por Da Vinci en el Palacio de Holyroodhouse de Edimburgo. La muestra exhibe treinta de los originales, que forman parte de un lote de 600 dibujos del artista que pertenece a la corona británica desde 1690. Hoy no queda anatomista que los desconozca, pero durante 300 años acumularon polvo en la biblioteca real. “Nadie los entendió porque eran demasiado avanzados para su tiempo”, afirma Abrahams. Hasta que, en 1900, alguien decidió publicarlos como un compendio de anatomía y el mundo se dio cuenta de lo que se había perdido.

  Todo empezó durante el invierno de 1507, cuando Leonardo da Vinci se sentó en el lecho mortal de un anciano “que decía tener 100 años” en el hospital de Santa Maria Nuova de Florencia. En plena conversación, el viejo se fue apagando hasta que falleció. “No había nada mal en su cuerpo, excepto la debilidad. Decidí diseccionarlo para entender la causa de una muerte tan dulce”, escribió Leonardo. Observó un corazón “seco” y un hígado en el que describió, por primera vez en la historia, los síntomas de la cirrosis. Sería solo el primero de innumerables descubrimientos, como el primer dibujo de la espina dorsal, un esquema rompedor de las arterias y los vasos o incluso un dibujo pionero de un feto en el útero materno, que aparece expuesto junto a una maqueta 3D generada con ultrasonidos de un feto de quince semanas. La comparación con el dibujo de 1510 no desmerece en absoluto.

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  La experiencia del viejo despertó el gusto por la anatomía en el artista, que llevaba varias décadas experimentando con animales muertos. Entre 1507 y 1513, Da Vinci ya había abierto treinta cadáveres para examinar órganos y conductos, con la ayuda de un profesor de anatomía en la Universidad de Pavía, Marcantonio della Torre. “A diferencia de lo que se suele creer, la disección humana no estaba prohibida. Una bula papal lo autorizó expresamente a partir de 1482”, precisa Clayton.

  Más adelante, el trabajo de El País acota:

  Pese a todos sus avances, Da Vinci nunca logró publicar su soñado tratado. “Se encontró con un problema. El 95% de su investigación era correcta. Solo le fallaba el corazón”. Además, Da Vinci no logró desmarcarse de las tesis de Galeno, médico del siglo II cuyas improbables teorías sobre los humores y la relación entre el físico y la psique se mantendrían vigentes durante 15 siglos, pese a que toda su investigación le obligara a adoptar un nuevo camino.

  Se imaginan, ¿cómo sería Da Vinci si estuviese vivo hoy en día? ¿Hasta dónde podría llegar? ¿Qué tanto podría descubrir el genio renacentista?

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