Todos somos Claudio

publicado el 5/02/13 por Laura Rodriguez en Editoriales Etiquetas:, , , ,

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  La primera página del diario El Nacional nos da una idea de lo que es el país en dos fotografías. Hagamos abstracción de los textos escritos y reparemos sólo en las dos fotografías. En una de ellas, en medio de una multitud, vemos una larga fila de tanques militares. Tanques que según el verbo, particularmente cursi y ramplón, del señor Nicolás Maduro, salieron para que “fuesen acariciados por el pueblo”.

  Hay que ver lo que supone acariciar un tanque. Supongo que un psicoanalista podría pasar horas tratando de interpretar qué tiene que ver el verbo acariciar con el frio metal de un tanque, que, además, está hecho no para ser acariciado sino para matar.

  Pero salieron los tanques a la calle. Tanques en la calle es sinónimo de violencia, es sinónimo de guerra. Cuando se habla del 4 de febrero, todavía recordamos aquella tanqueta que infructuosamente le daba golpes y golpes a las rejas de Miraflores tratando de derribarlas. Resulta que salieron las tanquetas otra vez para celebrar el 4 de febrero. Ahí están los tanques, es una manera de entender que hay una amenaza latente: si una vez las saqué a la calle para violar la constitución, pues las vuelvo a sacar cuando quiera. Y los tanques, insisto, no son para ser acariciados, son para matar.

  Dije el verbo cursi y ramplón del señor Maduro porque eso fue de su propia cosecha, eso no fue leído de la carta que, supuestamente, envió Hugo Chávez. Y digo, supuestamente, porque no hay ninguna manera de que uno pueda asumir y creer que esas largas cartas, cargadas además de citas, sean escritas por un hombre convaleciente que ya va para dos meses fuera del país por su delicado estado de salud. Y si en efecto está en tan buenas condiciones, que dicta cartas y puede dictar medidas económicas importantes, ¿por qué no tiene la decencia entonces de juramentarse ante el Tribunal Supremo de Justicia? La señora Luisa Estela Morales  muy diligentemente iría hasta la Habana y salimos, como bien decía Consalvi en su artículo del domingo, de este limbo de ilegalidad terrible.

  Pero regresemos a la primera página de El Nacional. Está esa foto de los tanques. La otra foto nos muestra a un hombre que pareciera lo ha perdido todo. Se lleva las manos a los bolsillos de una modesta chaqueta, y la mirada la tiene perdida, no mira hacia ningún lado. Es el rostro de un hombre muy afligido, el rostro de un hombre que está pasando por un dolor muy fuerte. Resulta que a este hombre le mataron el hijo. Y basta que a uno le digan que mataron al hijo de… y ya uno necesariamente tiene que, si es padre o si es hijo, asumir una identificación. ¡Dios mío!

  El Hombre es Claudio Fermín. Y resulta que su hijo, arquitecto de 34 años, Alejandro Andrés Fermín Royé, llegaba a su casa, mientras esperaba que le abrieran la puerta, la reja del estacionamiento, vino un individuo y le disparó a la cabeza para matarlo. La policía supone que era para robarle el carro.

  Ayer en el velorio del hijo de Claudio y Yesmín Royé, había una pregunta penosísima que se hacían los presentes y era ¿por qué? Porque si era para robarle el carro, pues el carro no se lo robaron.

¿Por qué se mata hoy en día en Venezuela? Pues porque sí, porque le da la gana a un delincuente. Porque, en fin, ¿quién puede responder esa pregunta?

  ¿A quién le interesa responderla del Alto Gobierno? ¿Le interesa a la señora Iris Varela que ha soltado tantos presos a la calle porque no sabe qué hacer con ellos? ¿Le interesa responderla, por ejemplo, al señor Nicolás Maduro que lo que hace es amenazar a la oposición? ¿Le interesa responderla al señor Diosdado Cabello? Pareciera que a nadie le interesa responderla, de hecho no lo hacen, ni siquiera se la plantean.

  Esas son las dos fotos que están en esta primera página de El Nacional, que nos dicen lo que fue el día de ayer y  lo que es el día a día de los venezolanos. Como notarán, en ambas fotos la violencia es la constante. Bien la violencia convertida en amenaza por unas tanquetas de guerra. Bien la violencia en el padre dolido porque le mataron al hijo.

  Lila Vanorio, nuestra productora, hizo un comentario acertadísimo. Cuando el chavismo en este empeño de mantener viva la imagen del líder apela a esa especie de transustanciación mágico religiosa de “Yo soy Chávez”, “Todos somos Chávez”, la realidad nos bofetea una verdad muy distinta, cruel: No señores, hoy todos somos Claudio Fermín. Todos tenemos hijos y tenemos mucho miedo y mucha rabia.



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  La primera página del diario El Nacional nos da una idea de lo que es el país en dos fotografías. Hagamos abstracción de los textos escritos y reparemos sólo en las dos fotografías. En una de ellas, en medio de una multitud, vemos una larga fila de tanques militares. Tanques que según el verbo, particularmente cursi y ramplón, del señor Nicolás Maduro, salieron para que “fuesen acariciados por el pueblo”.

  Hay que ver lo que supone acariciar un tanque. Supongo que un psicoanalista podría pasar horas tratando de interpretar qué tiene que ver el verbo acariciar con el frio metal de un tanque, que, además, está hecho no para ser acariciado sino para matar.

  Pero salieron los tanques a la calle. Tanques en la calle es sinónimo de violencia, es sinónimo de guerra. Cuando se habla del 4 de febrero, todavía recordamos aquella tanqueta que infructuosamente le daba golpes y golpes a las rejas de Miraflores tratando de derribarlas. Resulta que salieron las tanquetas otra vez para celebrar el 4 de febrero. Ahí están los tanques, es una manera de entender que hay una amenaza latente: si una vez las saqué a la calle para violar la constitución, pues las vuelvo a sacar cuando quiera. Y los tanques, insisto, no son para ser acariciados, son para matar.

  Dije el verbo cursi y ramplón del señor Maduro porque eso fue de su propia cosecha, eso no fue leído de la carta que, supuestamente, envió Hugo Chávez. Y digo, supuestamente, porque no hay ninguna manera de que uno pueda asumir y creer que esas largas cartas, cargadas además de citas, sean escritas por un hombre convaleciente que ya va para dos meses fuera del país por su delicado estado de salud. Y si en efecto está en tan buenas condiciones, que dicta cartas y puede dictar medidas económicas importantes, ¿por qué no tiene la decencia entonces de juramentarse ante el Tribunal Supremo de Justicia? La señora Luisa Estela Morales  muy diligentemente iría hasta la Habana y salimos, como bien decía Consalvi en su artículo del domingo, de este limbo de ilegalidad terrible.

  Pero regresemos a la primera página de El Nacional. Está esa foto de los tanques. La otra foto nos muestra a un hombre que pareciera lo ha perdido todo. Se lleva las manos a los bolsillos de una modesta chaqueta, y la mirada la tiene perdida, no mira hacia ningún lado. Es el rostro de un hombre muy afligido, el rostro de un hombre que está pasando por un dolor muy fuerte. Resulta que a este hombre le mataron el hijo. Y basta que a uno le digan que mataron al hijo de… y ya uno necesariamente tiene que, si es padre o si es hijo, asumir una identificación. ¡Dios mío!

  El Hombre es Claudio Fermín. Y resulta que su hijo, arquitecto de 34 años, Alejandro Andrés Fermín Royé, llegaba a su casa, mientras esperaba que le abrieran la puerta, la reja del estacionamiento, vino un individuo y le disparó a la cabeza para matarlo. La policía supone que era para robarle el carro.

  Ayer en el velorio del hijo de Claudio y Yesmín Royé, había una pregunta penosísima que se hacían los presentes y era ¿por qué? Porque si era para robarle el carro, pues el carro no se lo robaron.

¿Por qué se mata hoy en día en Venezuela? Pues porque sí, porque le da la gana a un delincuente. Porque, en fin, ¿quién puede responder esa pregunta?

  ¿A quién le interesa responderla del Alto Gobierno? ¿Le interesa a la señora Iris Varela que ha soltado tantos presos a la calle porque no sabe qué hacer con ellos? ¿Le interesa responderla, por ejemplo, al señor Nicolás Maduro que lo que hace es amenazar a la oposición? ¿Le interesa responderla al señor Diosdado Cabello? Pareciera que a nadie le interesa responderla, de hecho no lo hacen, ni siquiera se la plantean.

  Esas son las dos fotos que están en esta primera página de El Nacional, que nos dicen lo que fue el día de ayer y  lo que es el día a día de los venezolanos. Como notarán, en ambas fotos la violencia es la constante. Bien la violencia convertida en amenaza por unas tanquetas de guerra. Bien la violencia en el padre dolido porque le mataron al hijo.

  Lila Vanorio, nuestra productora, hizo un comentario acertadísimo. Cuando el chavismo en este empeño de mantener viva la imagen del líder apela a esa especie de transustanciación mágico religiosa de “Yo soy Chávez”, “Todos somos Chávez”, la realidad nos bofetea una verdad muy distinta, cruel: No señores, hoy todos somos Claudio Fermín. Todos tenemos hijos y tenemos mucho miedo y mucha rabia.

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8 Responses to “Todos somos Claudio”


Leon Villavicencio
5 febrero, 2013 Responder

Este editorial refeja en su ultima frase algo que los venezolanos decentes sentimos. No tiene desperdicios.

Carmen Astor
5 febrero, 2013 Responder

Excelente editorial, es verdad, no conozco al Sr. Fermin, pero me conmovio muchisimo la muerte de su hijo en esas tragicas circunstancias. Sera porque mi hijo mayor tiene tambien 34 años? Dios me lo proteja, pero hoy somos Claudio Fermin, porque como decia Andres Eloy cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos. Yo siento dolor por el joven Fermin y por la joven Fabiana, muerta con poquisimos dia de diferencia, en un pais de violencia, de muerte y de dolor. Nunca pense que a mis 63 años iba a ver mi pais sumido en el odio y resentimiento de hoy y en el dolor de perder a sus mas jovenes. Es verdad hoy, mañana y pasado todos solos Claudio Fermin con el dolor y la rabia de haber perdido un hijo

Juan manuel
5 febrero, 2013 Responder

Este editorial me conmovió como me conmueve un país que se nos cae a pedazos… Cosas como estas nos quiebran a los que somos padres de niños pequeños y no podemos imaginar que un día nos los arrebate la desidia de un gobierno solo preocupado por perpetuarse

Jose R. Sanchez
5 febrero, 2013 Responder

“Todos somos Chávez”? Tremendo sofisma! Chávez tendrá que morir algun dia. Luego: Todos los que son Chávez morirán?

Nelson Sanchez
6 febrero, 2013 Responder

Sin desperdicio ni ramploneria… sencillamente gracias por estas palabras… todos somos Claudio…

hilda perez
6 febrero, 2013 Responder

Acertadisimo el editorial.. triste realidad y solidariamente TODOS somos Claudio, TODOS somos Simonovish TODOS somos Venezuela.. Gracias

Alberto
6 febrero, 2013 Responder

El metal de un tanque será muy frío por fuera, pero para los soldaditos que lo operan es metal hirviente cada vez que los ponen a pasear por Los Próceres porque todavía no los fabrican con aire acondicionado.

Lisette Chacon
8 febrero, 2013 Responder

Ciertamente, todos sentimos miedo y dolor, rabia e impotencia ante tantos y tantas muertes inutiles y sin razon de ser. Hoy estamos conmovidos e indefensos. Excelente Editorial.

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