De regreso a Altamira – Jean Maninat

publicado el 10/05/19 por Michelle Rodríguez en El espacio de mis amigos

Por: Jean Maninat

Resulta difícil escribir artículos en estos días. Volver con el tralala de lo que podría haber sido, de lo que no fue, de lo que en realidad es. Otra vez estamos empantanados, varados, luego de intentar avanzar poniendo las mulas delante de la carreta. Volvemos a ver la misma película, solo que con nuevos figurantes. Grandes expectativas, seguidas de un olor a pólvora quemada, el desperdicio de energía, (por no recordar las vidas perdidas), el subibaja emocional, la sorpresa recurrente de los resabidos, el índice acusador y los grititos regañones de quien quiere dirigir a los demás… a pesar de ellos mismos. Un ya visto permanente.

Pero en fin, con estos bueyes hay que arar (es un dicho castizo, no offense meant) y habrá que repetir –y repetirse- por enésima vez que la vía de los atajos solo conduce a crear falsas expectativas y frustraciones muy reales y dolorosas. Desde la invención de la salida a estos días (salvo el luminoso diciembre de 2015, que ya parece un buen sueño) la oposición no ha hecho sino echarle ganas -muchas ganas, eso sí- pero sin una política eficaz para levantar una fuerza popular que incorpore a todo el país martirizado por la nomenclatura gobernante, pero que no está dispuesto a seguir aventuras. ¿Es tan difícil percatarse?

Seguir evocando una opción militar -cualquiera sea su signo- es un acto de irresponsabilidad política que solo aleja la mayoría de países que apoyan la recuperación democrática del país. (Por lo demás, es un acto de bisoñería, pues desde Curzio Malaparte se sabe que esos movimientos no se van anunciando públicamente con un megáfono, como si de una verbena escolar se tratase).

La prensa internacional ha venido perdiendo su encanto con la dirección política opositora y luego de los “sucesos del 30 de abril” se ha vuelto más severa en sus críticas, en varios idiomas. (Sí ya sabemos, sus editores son unos colaboracionistas a sueldo, en varios idiomas). Eso debería causar cierta alarma en nuestros dirigentes opositores. Otro tanto se puede decir de la comunidad internacional, hay que leer la letra grandota de sus comunicados. El mensaje es firme: buscar un entendimiento para pactar una elecciones limpias, transparentes y con observación internacional para la crisis.

En vez de estar viendo si se está del lado correcto de la mesa, o esperando a ver si Wyatt Earp desenfunda, sería provechoso reconducir la ruta de la libertad hacia una estrategia de construcción de una fuerza popular amplia a favor de unas elecciones transparentes para el cambio. Sí, y esto es más urgente en medio de la persecución política que ha desatado el régimen.

De manera tal que es simple como un clavo, hay que regresar a la política, desechar el voluntarismo eufórico dejando atrás los costosos ensueños que siempre prometen conducirnos a Miraflores y siempre terminan devolviéndonos a la Plaza Altamira.

Lea también: ¡Basta ya!“, de Jean Maninat



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Por: Jean Maninat

Resulta difícil escribir artículos en estos días. Volver con el tralala de lo que podría haber sido, de lo que no fue, de lo que en realidad es. Otra vez estamos empantanados, varados, luego de intentar avanzar poniendo las mulas delante de la carreta. Volvemos a ver la misma película, solo que con nuevos figurantes. Grandes expectativas, seguidas de un olor a pólvora quemada, el desperdicio de energía, (por no recordar las vidas perdidas), el subibaja emocional, la sorpresa recurrente de los resabidos, el índice acusador y los grititos regañones de quien quiere dirigir a los demás… a pesar de ellos mismos. Un ya visto permanente.

Pero en fin, con estos bueyes hay que arar (es un dicho castizo, no offense meant) y habrá que repetir –y repetirse- por enésima vez que la vía de los atajos solo conduce a crear falsas expectativas y frustraciones muy reales y dolorosas. Desde la invención de la salida a estos días (salvo el luminoso diciembre de 2015, que ya parece un buen sueño) la oposición no ha hecho sino echarle ganas -muchas ganas, eso sí- pero sin una política eficaz para levantar una fuerza popular que incorpore a todo el país martirizado por la nomenclatura gobernante, pero que no está dispuesto a seguir aventuras. ¿Es tan difícil percatarse?

Seguir evocando una opción militar -cualquiera sea su signo- es un acto de irresponsabilidad política que solo aleja la mayoría de países que apoyan la recuperación democrática del país. (Por lo demás, es un acto de bisoñería, pues desde Curzio Malaparte se sabe que esos movimientos no se van anunciando públicamente con un megáfono, como si de una verbena escolar se tratase).

La prensa internacional ha venido perdiendo su encanto con la dirección política opositora y luego de los “sucesos del 30 de abril” se ha vuelto más severa en sus críticas, en varios idiomas. (Sí ya sabemos, sus editores son unos colaboracionistas a sueldo, en varios idiomas). Eso debería causar cierta alarma en nuestros dirigentes opositores. Otro tanto se puede decir de la comunidad internacional, hay que leer la letra grandota de sus comunicados. El mensaje es firme: buscar un entendimiento para pactar una elecciones limpias, transparentes y con observación internacional para la crisis.

En vez de estar viendo si se está del lado correcto de la mesa, o esperando a ver si Wyatt Earp desenfunda, sería provechoso reconducir la ruta de la libertad hacia una estrategia de construcción de una fuerza popular amplia a favor de unas elecciones transparentes para el cambio. Sí, y esto es más urgente en medio de la persecución política que ha desatado el régimen.

De manera tal que es simple como un clavo, hay que regresar a la política, desechar el voluntarismo eufórico dejando atrás los costosos ensueños que siempre prometen conducirnos a Miraflores y siempre terminan devolviéndonos a la Plaza Altamira.

Lea también: "¡Basta ya!", de Jean Maninat

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