Diálogo y tiempo – Fernando Rodríguez

publicado el 11/02/19 por Michelle Rodríguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , , , , , , ,

Publicado en: El Nacional

Por: Fernando Rodríguez

Fernando Rodríguez

Sin duda, usted y yo, y por supuesto quienes deben decidir, debemos tener numerosas interrogantes sobre el futuro inmediato del país y las respuestas más adecuadas a algunas situaciones que han de venir en días, muy próximos. Pero yo diría que hay dos certezas, si es que estas existen en política, que la inmensa mayoría de los venezolanos compartimos: la primera es que el actual estado de la institucionalidad nacional no puede durar, un Estado monstruoso con dos cabezas es una aberración tan, pero tan singular, que ha de ser muy efímero; paradójicamente, objeto de extensos textos de historiadores del futuro. Eso indica que hay prisa en todo lo que hay que hacer.

En segundo lugar, que toda solución, que puede tener los más diversos rostros, incluso algunos que sorprenderían a los más imaginativos analistas políticos, astrólogos incluidos, pasa por una condición que es la salida de Maduro. Y para mantenernos en el dominio de la certeza esta no necesariamente implica la de todos sus ya escasos adeptos, tan deseable para la inmensa mayoría de los venezolanos. Algunos sí, el primer círculo quizás, que buscará la manera de sumarse a los millones de migrantes; eso sí, en el sector VIP, muy primera clase.

De esas claras y mínimas premisas se pueden deducir algunas cosas primordiales. Por ejemplo que hay que tener una cabeza y no dos para cumplir una ley casi zoológica de la especie, de donde se infiere que el jaque mate para cumplirla debe ser en pocas y certeras jugadas, rápido. De manera que resulta razonable pensar que es un tanto pesado e intempestivo ese Grupo Internacional de Contacto de la señora Mogherini, con demasiados invitados, catorce, y que se ha puesto un plazo de tres meses, una eternidad para el derrumbe institucional y todas las hambres de los venezolanos, como instrumento para poner en marcha la inaplazable transición. Dicen que en escasas semanas no tendremos ni los pocos dólares que nos quedaban y con los que sobrevivíamos milagrosamente, congelados ahora en cuentas en el exterior. Ni siquiera habrá gasolina en el paraíso de las reservas petroleras. Esto no solo lo digo yo, lo dice hasta el iluminado del escarabajo azul, siempre tan benevolente con el chavismo y tan feroz, por contraste, con su camarada Almagro: o solución exprés o guerra con Trump. Y si uno ve el grupo bicontinental se da cuenta de que una arrolladora mayoría, aunque México y Uruguay asuman falsas beaterías, ya ha repudiado al usurpador y reconocido al “autoproclamado” por millones de venezolanos en plena ágora pública. Por lo tanto, se podría comenzar por el comienzo y luego por lo siguiente que es bastante, desde la naturaleza y la duración del gobierno transitorio hasta despedir cortésmente a las damas del CNE, demoler la constituyente y exilar a Escarrá y un larguísimo etcétera.

Por lo demás, ya Guaidó ha dicho que solo dialoga en esas condiciones. Lo que me lleva a pensar que lo que sucede con este aparatoso grupo es que envejeció en la medida en que se producía la súbita y mágica transformación del escenario venezolano, de un país entumecido espiritualmente, sujeto por tácticas propias de babalaos y estalinistas a lo que hemos visto estupefactos en pocos días de este inicio de año: masas gigantescas en las calles, protestas a diario realmente populares y por necesidades impostergables, líder carismático y certero, fuerzas armadas revueltas, Andorra apoyándonos… Sería cuestión, entonces, de ajustar los relojes y superar el jet lag. Solo así el trabajo del grupo (que ha saludado efusivamente Nicolás Maduro, prueba suprema de nuestras reticencias) puede ayudarnos a salir del infierno, y creemos es el objetivo de todos sus integrantes, o casi todos.

Y para recordarles en qué hora y fecha anda el país, que, repetimos, tiene un tiempo muy local y muy frenético, no está de más recordarles que hoy estamos enredados con el dilema de aceptar la ayuda humanitaria que ya está en nuestras fronteras o que se mueran carajitos por falta de antibióticos o no haya nada qué poner en la mesa del rancho de esos cerros urbanos abarrotados e invivibles. En este caso el conflicto pudiese ser de días o hasta de horas.

No dudamos de que ustedes son nuestros aliados, es cuestión de sincronizarse. Hoy es jueves 7 de febrero de 2019, al menos eso creo.

Lea también: La última barrera“, de Fernando Rodríguez



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Publicado en: El Nacional

Por: Fernando Rodríguez

Fernando Rodríguez

Sin duda, usted y yo, y por supuesto quienes deben decidir, debemos tener numerosas interrogantes sobre el futuro inmediato del país y las respuestas más adecuadas a algunas situaciones que han de venir en días, muy próximos. Pero yo diría que hay dos certezas, si es que estas existen en política, que la inmensa mayoría de los venezolanos compartimos: la primera es que el actual estado de la institucionalidad nacional no puede durar, un Estado monstruoso con dos cabezas es una aberración tan, pero tan singular, que ha de ser muy efímero; paradójicamente, objeto de extensos textos de historiadores del futuro. Eso indica que hay prisa en todo lo que hay que hacer.

En segundo lugar, que toda solución, que puede tener los más diversos rostros, incluso algunos que sorprenderían a los más imaginativos analistas políticos, astrólogos incluidos, pasa por una condición que es la salida de Maduro. Y para mantenernos en el dominio de la certeza esta no necesariamente implica la de todos sus ya escasos adeptos, tan deseable para la inmensa mayoría de los venezolanos. Algunos sí, el primer círculo quizás, que buscará la manera de sumarse a los millones de migrantes; eso sí, en el sector VIP, muy primera clase.

De esas claras y mínimas premisas se pueden deducir algunas cosas primordiales. Por ejemplo que hay que tener una cabeza y no dos para cumplir una ley casi zoológica de la especie, de donde se infiere que el jaque mate para cumplirla debe ser en pocas y certeras jugadas, rápido. De manera que resulta razonable pensar que es un tanto pesado e intempestivo ese Grupo Internacional de Contacto de la señora Mogherini, con demasiados invitados, catorce, y que se ha puesto un plazo de tres meses, una eternidad para el derrumbe institucional y todas las hambres de los venezolanos, como instrumento para poner en marcha la inaplazable transición. Dicen que en escasas semanas no tendremos ni los pocos dólares que nos quedaban y con los que sobrevivíamos milagrosamente, congelados ahora en cuentas en el exterior. Ni siquiera habrá gasolina en el paraíso de las reservas petroleras. Esto no solo lo digo yo, lo dice hasta el iluminado del escarabajo azul, siempre tan benevolente con el chavismo y tan feroz, por contraste, con su camarada Almagro: o solución exprés o guerra con Trump. Y si uno ve el grupo bicontinental se da cuenta de que una arrolladora mayoría, aunque México y Uruguay asuman falsas beaterías, ya ha repudiado al usurpador y reconocido al “autoproclamado” por millones de venezolanos en plena ágora pública. Por lo tanto, se podría comenzar por el comienzo y luego por lo siguiente que es bastante, desde la naturaleza y la duración del gobierno transitorio hasta despedir cortésmente a las damas del CNE, demoler la constituyente y exilar a Escarrá y un larguísimo etcétera.

Por lo demás, ya Guaidó ha dicho que solo dialoga en esas condiciones. Lo que me lleva a pensar que lo que sucede con este aparatoso grupo es que envejeció en la medida en que se producía la súbita y mágica transformación del escenario venezolano, de un país entumecido espiritualmente, sujeto por tácticas propias de babalaos y estalinistas a lo que hemos visto estupefactos en pocos días de este inicio de año: masas gigantescas en las calles, protestas a diario realmente populares y por necesidades impostergables, líder carismático y certero, fuerzas armadas revueltas, Andorra apoyándonos… Sería cuestión, entonces, de ajustar los relojes y superar el jet lag. Solo así el trabajo del grupo (que ha saludado efusivamente Nicolás Maduro, prueba suprema de nuestras reticencias) puede ayudarnos a salir del infierno, y creemos es el objetivo de todos sus integrantes, o casi todos.

Y para recordarles en qué hora y fecha anda el país, que, repetimos, tiene un tiempo muy local y muy frenético, no está de más recordarles que hoy estamos enredados con el dilema de aceptar la ayuda humanitaria que ya está en nuestras fronteras o que se mueran carajitos por falta de antibióticos o no haya nada qué poner en la mesa del rancho de esos cerros urbanos abarrotados e invivibles. En este caso el conflicto pudiese ser de días o hasta de horas.

No dudamos de que ustedes son nuestros aliados, es cuestión de sincronizarse. Hoy es jueves 7 de febrero de 2019, al menos eso creo.

Lea también: "La última barrera", de Fernando Rodríguez

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