La familia rota – Alberto Arteaga

publicado el 2/10/18 por Michelle Rodríguez en El espacio de mis amigos Etiquetas:, , , , ,

Publicado en: El Nacional

Por: Alberto Arteaga

Alberto Arteaga

Uno de los fenómenos más dolorosos de la Venezuela de estos tiempos es la desintegración familiar o la ruptura física de la unión que sirve de base a la sociedad. En todos los estratos sociales, ante la crisis económica, ante la ausencia de oportunidades y posibilidades reales de construir un futuro promisor, los jóvenes han optado por buscar nuevos rumbos fuera del país en profesiones, oficios, encargos o trabajos relacionados o no con su formación.

Por otra parte, sus padres, con diversas y legítimas expectativas, sufren el dolor de la separación de hijos y nietos, resignados a la comunicación por las redes sociales, alivio que no compensa la ausencia física, ni sustituye el abrazo, ni el permanente contacto que refleja la vivencia de tener cerca al ser querido.

En el vecindario han disminuido las esporádicas algarabías del cumpleaños que se celebra; los parques reflejan la ausencia de niños; se multiplican en los espacios públicos los ancianos en sillas de ruedas y acompañantes de circunstancia y apenas tenemos contados lugares de esparcimiento para los adultos mayores, cada día con horarios más restringidos que evocan recuerdos compartidos de momentos del pasado que formaban parte de una rutina que hoy echamos de menos.

Sin duda, el país es otro; las calles lucen desérticas a las horas más comprometidas por las labores que hacen la vida de una sociedad activa; y las conversaciones se han tornado repetitivas, monotemáticas, con ejercicios estériles de referencias a precios inalcanzables de acuerdo con cálculos que estimamos inútiles por considerarlos efímeros e incomprensibles.

Por lo demás el ambiente y los comentarios en las colas que ya forman parte de la jornada diaria se tiñen de escepticismo, desaliento, desánimo, incertidumbre y descontento. Privan, por supuesto, posiciones radicales que no ven otra salida que la del abandono del país y abundan planteamientos que reproducen mensajes de Twitter que se atribuyen a “míticos” personajes que dominan un espacio que se ha incorporado a la “conciencia colectiva”.

Estas posiciones extremas cierran el camino al llamado sensato al equilibrio, a la lucha democrática, al trabajo de unidad por la vigencia de un sistema de libertades.

Pero hay algo más preocupante. Pareciera que los cambios que han ocurrido han afectado el sistema de valores que sirven de  base moral a la sociedad. Sin duda el respeto a la ley se ha perdido, la Constitución se presenta  como un libro con tapas, pero sin contenido y el relativismo moral nos ha llevado a la aceptación consciente o inconsciente de que el fin justifica los medios.

Es necesario luchar por el cambio y restablecer los principios morales golpeados por la estrategia del poder; es fundamental fortalecer la solidaridad que se ha hecho presente ante las necesidades de nuestros vecinos; y en el campo familiar no podemos aceptar que una remesa se constituya en el factor que resuelva la crisis económica que mantiene en la indigencia y desespero a la mayoría de los venezolanos.

La lucha por Venezuela debe continuar; es necesario instar a los violentos e irresponsables que auspician medidas de fuerza; es imprescindible hacer entender a cada ciudadano que tiene un deber que cumplir en su trabajo y en su hogar, sin que podamos aceptar la conformidad con un régimen que se ha propuesto que renunciemos a la defensa de nuestra dignidad como pueblo, que no puede conformarse  con una caja de comida o con un bono de consolación.

[email protected]

 

 

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Por: Alberto Arteaga

Alberto Arteaga

Uno de los fenómenos más dolorosos de la Venezuela de estos tiempos es la desintegración familiar o la ruptura física de la unión que sirve de base a la sociedad. En todos los estratos sociales, ante la crisis económica, ante la ausencia de oportunidades y posibilidades reales de construir un futuro promisor, los jóvenes han optado por buscar nuevos rumbos fuera del país en profesiones, oficios, encargos o trabajos relacionados o no con su formación.

Por otra parte, sus padres, con diversas y legítimas expectativas, sufren el dolor de la separación de hijos y nietos, resignados a la comunicación por las redes sociales, alivio que no compensa la ausencia física, ni sustituye el abrazo, ni el permanente contacto que refleja la vivencia de tener cerca al ser querido.

En el vecindario han disminuido las esporádicas algarabías del cumpleaños que se celebra; los parques reflejan la ausencia de niños; se multiplican en los espacios públicos los ancianos en sillas de ruedas y acompañantes de circunstancia y apenas tenemos contados lugares de esparcimiento para los adultos mayores, cada día con horarios más restringidos que evocan recuerdos compartidos de momentos del pasado que formaban parte de una rutina que hoy echamos de menos.

Sin duda, el país es otro; las calles lucen desérticas a las horas más comprometidas por las labores que hacen la vida de una sociedad activa; y las conversaciones se han tornado repetitivas, monotemáticas, con ejercicios estériles de referencias a precios inalcanzables de acuerdo con cálculos que estimamos inútiles por considerarlos efímeros e incomprensibles.

Por lo demás el ambiente y los comentarios en las colas que ya forman parte de la jornada diaria se tiñen de escepticismo, desaliento, desánimo, incertidumbre y descontento. Privan, por supuesto, posiciones radicales que no ven otra salida que la del abandono del país y abundan planteamientos que reproducen mensajes de Twitter que se atribuyen a “míticos” personajes que dominan un espacio que se ha incorporado a la “conciencia colectiva”.

Estas posiciones extremas cierran el camino al llamado sensato al equilibrio, a la lucha democrática, al trabajo de unidad por la vigencia de un sistema de libertades.

Pero hay algo más preocupante. Pareciera que los cambios que han ocurrido han afectado el sistema de valores que sirven de  base moral a la sociedad. Sin duda el respeto a la ley se ha perdido, la Constitución se presenta  como un libro con tapas, pero sin contenido y el relativismo moral nos ha llevado a la aceptación consciente o inconsciente de que el fin justifica los medios.

Es necesario luchar por el cambio y restablecer los principios morales golpeados por la estrategia del poder; es fundamental fortalecer la solidaridad que se ha hecho presente ante las necesidades de nuestros vecinos; y en el campo familiar no podemos aceptar que una remesa se constituya en el factor que resuelva la crisis económica que mantiene en la indigencia y desespero a la mayoría de los venezolanos.

La lucha por Venezuela debe continuar; es necesario instar a los violentos e irresponsables que auspician medidas de fuerza; es imprescindible hacer entender a cada ciudadano que tiene un deber que cumplir en su trabajo y en su hogar, sin que podamos aceptar la conformidad con un régimen que se ha propuesto que renunciemos a la defensa de nuestra dignidad como pueblo, que no puede conformarse  con una caja de comida o con un bono de consolación.

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