Armando el rompecabezas de un país

 

Armando el rompecabezas de un país

Autor: César Miguel Rondón

Editorial: Ediciones B

2012

  A continuación las palabras de Ramón Guillermo Aveledo en la presentación del libro “Armando el rompecabezas de un país” el 24 de septiembre de 2012.

  Además del beisbol, esa escuela implacable para entender la falibilidad humana, comparto con César Miguel Rondón otras aficiones. Una es la salsa, de la que él es erudito y quien habla apenas repetidor de memoria deficiente y destreza de baile muy inferior a mis deseos, la otra la literatura negra. Oscuro campo en el que le debo luces, pues una vez enviudé de Vásquez Montalbán y con ayuda de Teodoro descubrí a Padura, César me presentó a Eduardo Mendoza que con aquel se emparenta en un sentido del humor que respeta el género pero se mofa de la trama, con una irreverencia que lo enriquece.

  La que nos propone en este libro César Miguel es otra pesquisa. En vez de preguntarse, como aquel libro colombiano de 1990, ¿En qué momento se jodió Venezuela?, pone la mirada en el futuro, la curiosidad no solo en lo que no hicimos o lo que pudimos haber hecho, sino en lo que podemos hacer, y empeña todo su oficio periodístico, el cual conjuga años de trabajo y cultura inusualmente amplia y diversa, al servicio del empeño de armar el rompecabezas de un país. De este país, el nuestro, el que nos duele, el que amamos con una persistencia a prueba de todo. La única e irremplazable patria de nuestros recuerdos y de nuestros sueños.

  Claro que estamos en la Venezuela de 2012, aquella en la que un liderazgo mesiánico pretende luchar contra la realidad y hacer que le obedezca, para realizar la improbable y destructiva tarea de meterla, invocando el siglo XXI, en un modelo político y social inventado en el siglo XIX y fracasado en el XX. Por eso las palabras no significan lo mismo para todos.

  Cuando decimos rompecabezas, unos pensamos que se trata de la segunda o tercera acepción de la palabra en el Diccionario de la Real Academia. Sea “Problema o acertijo de difícil solución” o “Juego que consiste en componer determinada figura combinando cierto número de pedacitos de madera o cartón, en cada uno de los cuales hay una parte de la figura.” Otros, en cambio, oyen “rompecabezas” y se van directo, como por un reflejo pavloviano, a la primera acepción de “Arma ofensiva compuesta de dos bolas de hierro o plomo sujetas a los extremos de un mango corto y flexible.” O sea, algo que sirve literalmente para, suerte de cascanueces a escala anatómica, triturar cráneos.

  Son, por cierto, los mismos apasionados de la soberanía que antes de hacerlo aquí, prefieren ir de compras por el mundo y traen, por ejemplo, en medio de una lista interminable de importaciones que nos cuestan un ojo de la cara, porque compran con plata ajena, con dinero de todos,  fusiles SVD Dragunov, especialmente diseñado para tiro militar de precisión, o sea para francotiradores en combate, y que pueden encontrarse en manos de los reclusos en el penal de Yare. ¿Cómo aparecieron allí? ¿Cómo ocurrió el viaje misterioso del arsenal de la FAN a la mano del Pran? Es precisamente una pieza del rompecabezas. Sin contar la paradoja esencial de unos militantes anti-globalización  rodilla en tierra que han convertido en la columna vertebral de su estrategia de “desarrollo endógeno” a vender petróleo y comprar todo lo demás para venderlo barato o regalarlo aquí y, desde luego, quedarse con la utilidad. Es, a no dudarlo, la reinvención del significado de la palabra “endógeno”.

  Escoger entre esos dos significados de la palabra “rompecabezas” es, precisamente, la disyuntiva que cada venezolano tiene ante sí, al pulsar su voto secreto y seguro dentro de trece días.

  El método utilizado por nuestro autor es la entrevista. Mike Wallace, Oriana Fallaci entre otros, elevaron a género periodístico ese instrumento de indagación. César Miguel ha entrevistado en radio y en televisión y lo hace con elegancia que no es complaciente y con cultura que no es pedante.

  En el cuerpo que compone este volumen se traza un propósito, un objetivo de investigación habría que decir en rigor académico. ¿Qué tenemos que hacer los venezolanos? ¿Cuál es la tarea que tenemos por delante?

  Eso, desde luego, depende. Depende de a dónde queramos ir. De qué tipo de sociedad queremos llegar a ser. Y si lo que aspiramos es una Venezuela moderna, democrática, que sea participante, productiva y justa, en la que nadie se sienta relegado u olvidado. En ese caso, este libro resulta de considerable utilidad.

  En la búsqueda, no se conformó César Miguel con una sola fuente. Entrevistar a un sabio y contárnoslo. El suyo fue un programa abierto y plural en personas, generaciones, disciplinas y opiniones distintas. Como tiene que ser. Porque la sociedad no es uniforme ni uniformable, y todo intento de hacerlo está condenado al fracaso por la más elemental de las razones: es mentira.

  Quienes piensan en clave de pasado, descubrirán en las entrevistas de César Miguel Rondón una intención aviesa que no tardarán en denunciar. Un resorte catequístico les hará poner la etiqueta inevitable: “Es un paquetazo”. Estamos ante el “Paquetazo de César Miguel Rondón”, dirán posesos de certezas prefabricadas. Es la consecuencia natural de una noción para la que cualquier visión que no sea la suya es falsa y, por supuesto, contra revolucionaria. Porque lo que no es revolucionario es contra revolucionario.

  Además de su pecado original de nacer de un pensamiento independiente del poder, el libro es sospechoso porque expresa la “desviación” de diagnosticar problemas y proponer soluciones.

  Eso es lo que hacen los gobiernos. Pero las revoluciones no son gobiernos, puestos allí para resolver problemas. Su justificación es resolver la causa de todos los problemas, sea esta la apropiación privada de los medios de producción o la judeización del Reich”. Para eso han venido. Y resuelta esa causa básica, todos los problemas desaparecerán, o por lo menos estará prohibido hablar de ellos, que viene a ser más o menos lo mismo.

  Pero como la vida no cabe en las fantasías ideológicas, y el libro de César Miguel se atreve a aventuras de la vida real, lo que procede es darle la bienvenida y reconocerlo como una ayuda, una útil brújula

  Debo, debemos, agradecer a César Miguel Rondón, caballero si los hubiera, el haber pensado esta serie de entrevistas, haberlas realizado y haberlas convertido en libro.

  Y quien habla, en lo personal, agradecerle permitirme decir delante de todos, de su señorío y de su patriotismo, estas palabras que todos los presentes quisiéramos pronunciar  porque se merece eso y mucho más.

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